El camino del autoconocimiento, un regalo lleno de luz

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Llegamos al mundo y diversos aprendizajes comienzan a modificar la pureza y la espontaneidad con las que nacemos. Hace su aparición una ductilidad dulce, constante y paciente, con grandes capacidades para moldear a la criatura. Comienza el proceso y de a poco se van desdibujando algunas de las características tan inherentes al niño.

Encajar en la sociedad tiene un precio. Por recibir atención y cuidados, pagamos sin reparar en el alto coste.

¡Cuántos maestros aparecen en nuestras vidas! Y que capacidad tenemos de almacenar con ingenua obediencia sus enseñanzas. De todo habrá en esa mochila que va creciendo pegada a nuestra espalda; en ella guardaremos lo muy útil, que nos servirá de motor y lo no tanto, que producirá bloqueos que inhabilitarán nuestro fluir con la vida.

Por cosas que nos van pasando, un día notamos que la mochila va siendo cada vez más generosa en capacidad de almacenaje, pero nuestra espalda ya no crece. Entonces, el peso comienza a darnos los primeros signos de incomodidad; y a pesar de ello, distraídos por el ajetreo seguimos adaptándonos; porque esa incomodidad hace sus primeras apariciones tímidamente, con miles de síntomas que no siempre sabemos interpretar.

Regalémonos un tiempo para la atención, la reflexión y la escucha. Reorganizar la mochila poniendo orden y haciendo limpieza, despeja el panorama y puede llevarnos a una mejor capacidad para gestionar emociones. Hace posible que aprendamos el lenguaje de cada síntoma para llegar a entender los motivos de su presencia. Podemos reencontrarnos con la plenitud que añoramos y que no está perdida, sino extraviada.

Master en Psicología y Terapia Transpesonal

El camino del autoconocimiento tiene los billetes para ese gran viaje de ida al centro de nosotros mismos donde veremos nuestros paisajes, esos que son genuinamente nuestros y que esconden tanta sabiduría. Conocernos nos lleva a encender la luz, a ver lo que está preso y liberarlo, a recuperar energía para transitar el día a día. El autoconomiento nos lleva a rescatar los dones que muchas veces quedan dormidos, atrapados en distorsiones. 

Estamos en diciembre un mes que se llena de balances y proyectos en lo personal, lo laboral, y en lo social. Se acaba el año, y en muchas ciudades de todo el planeta las calles son adornadas y se vuelven más luminosas; regalamos buenos deseos y nos ilusionamos con futuros logros.

Hagamos que se encienda la luz que llevamos dentro y dejémonos guiar por esa criatura que llegó al mundo pura y espontánea; esa criatura que está esperando al adulto que somos hoy, para que juntos, podamos acercarnos a nuestra esencia. Liberemos peso de esa mochila que tanto fue acumulando y reencontrémonos con el equilibrio.

Creo que ese es el gran regalo que indudablemente nuestro niño interior, merece desenvolver en este mes de diciembre.

Alejandra G. Taborda

Especialista en Inteligencia Emocional y Desarrollo Personal

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