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Dada la importancia de lo que estamos tratando y la necesidad de integrarlo bien, vamos a ir montando una “Historia de Vida” por grabaciones. El recuento de las vivencias que nos han marcado.

Como si fuera una historia en cuadritos, cuyo protagonista eres tú mismo. Se trata de comprenderte a ti mismo a través de tus vivencias. Esta comprensión es imprescindible para  poder  dejar de juzgar y culpabilizar, tanto a ti mismo como también a los demás.

Si ya has trabajado con grabaciones anteriormente, mejor. Ya has comprobado lo que estamos afirmando aquí. Siempre hay algo para repasar, alguna grabación nueva que surgió o alguna reacción indeseada que todavía persiste. Basta que pienses en reacciones tuyas de los últimos tiempos y seguramente encontrarás algo importante sobre lo que trabajar.

Hasta que no nos iluminamos, nuestras memorias siguen teniendo poder sobre nosotros. Así que abre tu mente a una revisión profunda y bonita de tu pasado, para pulir algún detalle que se quedó sin limpiar, algún matiz que mantiene vivo algo que no quieres. O una grabación a la que no diste importancia hasta ahora y que sí la tiene.

En esta primera fase, vamos a recopilar nuestra Historia de Vida. Tanto grabaciones negativas como positivas.

A veces los recuerdos positivos nos paralizan y no conseguimos seguir adelante, queriendo volver emocionalmente al pasado. Un momento de contacto profundo y amor con mamá o papá, un momento de gran unión familiar en que te sentiste protegido y arropado, puede ser un recuerdo que no te permite avanzar ni valorar lo que tienes ahora…

Por tanto, vamos a volver a tus primeros recuerdos, los de la primera infancia.

Busca un momento tranquilo para ti, 15 o 20 minutos en que puedas estar sola/o.

Busca fotos tuyas de bebe o de tus primeros años y obsérvalas detenidamente, tratando de conectar emocionalmente con esta fase de tu vida. Haz cosas fuera de lo normal: compra un chupete y úsalo en este ejercicio.

Siente como era la sensación de mamar en el pecho de tu madre. El contacto con el agua cuando te bañaban.

Deja que afloren recuerdos de esta época, momentos en la cuna, cuando andabas a gatas, cuando tenías pañales, tus primeros pasos.

Momentos con tu madre, con tu padre, con tus hermanos, abuelos, niñeras. Posiblemente afloren sensaciones físicas básicamente, pues a veces, no tenemos recuerdos conscientes.

Simplemente regístralo y observa si son recuerdos agradables o no.

No dudes de lo que sientas pues son memorias guardadas celosamente en tu psiquismo. Si aparece alguna escena especialmente intensa, vívela emocionalmente, de principio a fin, tenga el cariz que tenga. No huyas de la emoción, ni cambies de registro. Siéntelo de forma plena, con toda la presencia que seas capaz, sea agradable o dolorosa.

Cuando acabes, escribe todo lo que surgió en tu cuaderno, de forma cronológica y con énfasis especial en sensaciones y emociones. Si no surgió nada especial, no te importe.

O no hay recuerdos especiales o no es el momento de tratarlos. Acepta siempre lo que tu psiquismo te ofrece en cada momento. ¡Sabe muy bien lo que hace!

Repite el ejercicio anterior unas semanas después. Trata de revivir la relación con los hermanos, las comidas en casa, los primeros recuerdos en el colegio, con colegas y profesores. Como te sentías fuera de casa, pues fue tu primer encuentro con el mundo exterior.

Cuando acabes, describe las escenas en tu cuaderno, cronológicamente, dando énfasis a las emociones que sentiste en cada momento. Procura poner los detalles, hechos o palabras, que hicieron saltar tus emociones.

Cuando termines, relee lo que has escrito en ambos momentos y mira si estas emociones las sigues sintiendo en tu vida actual. Subraya las escenas que te parecen de mayor relevancia.

Durante este periodo de contacto con tu memoria de infancia, busca una foto de esa época que te toque especialmente el corazón y llévala contigo, en tu cartera o colócala en tu mesita de noche.

Mírala con frecuencia, conecta con tu niña/o, la parte tuya que pasó por todas estas escenas que has estado reviviendo…

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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