Nuestras charlas internas influyen en la forma de estar en el mundo

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La forma en que nos hablamos a nosotros mismos nos potencia o nos limita nuestra vida. Dependiendo de cómo pensamos vemos nuestro mundo. Podemos ver un mundo abundante y amable, o un mundo carente y lleno de peligros. Construimos nuestro mundo a través de nuestro pensamiento.

Inquietud Mental

Nuestra cabeza no deja de pensar constantemente, pensamientos que no suelen ser reales. Solo suelen ser pensamientos que no llegan a pasar, solo nos inquietan y no nos permiten estar en el presente.

Estas charlas suelen inventar al otro, inventar lo que va a ocurrir, y no nos dejan fluir con la vida. La vida es todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y no lo que pensamos. Estos pensamientos nos impiden muchas veces el contacto con los demás y con lo que está ocurriendo en ese instante.

Dependiendo del tipo de pensamiento que tengas atraerás a tu vida un tipo de emoción. Si te enfocas en lo bueno y en el agradecimiento tendrás emociones satisfactorias. Por el contrario, si te enfocas en lo negativo, en lo que te falta y en juzgar, lo más probable es que te vengan emociones de tristeza, rabia, enfado.

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Los acontecimientos de la vida son como son, y dependiendo de la percepción que te hagas de ello hará que venga una emoción y no otra. La interpretación que hagamos es lo que va a traernos un tipo de pensamiento. Aceptarlo sin juzgarlo y sin etiquetas te hara afrontarlo de una manera más sana.

Incluso en situaciones muy dolorosas y triste (el duelo, la perdida, un divorcio, una enfermedad) se traspasarán de distinta forma según el pensamiento que ronde en tu cabeza.

Las cosas no cambian por darle vueltas

Por mucho que des vueltas a tus diálogos internos, el acontecimiento o situación no va a cambiar. Si además esas charlas son críticas, etiquetan y son negativas, te van a hacer sentirte muy mal.

Estas rumiaciones mentales suelen ir acompañadas de preguntas. Si te haces preguntas que te potencien y con las que puedas dar solución serán beneficiosas. Sin embargo, si te haces preguntas que te ponen en situación de víctimas aparecerá el dolor, la rabia y la desesperanza.

Mira qué tipo de pensamientos tienes y que tipo de preguntas te haces. Preguntarte si te favorecen o te están hundiendo más. Si son limitadoras podemos empezar a cambiarlo.

No es lo mismo preguntarnos: ¿Por qué me ha pasado esto a mí?, que preguntarnos: ¿Qué puedo hacer con esto que me ha pasado?.

Nuestra forma de pensar tiene que ver con nuestra manera de mirar el mundo y nuestras experiencias vividas. Son automáticos, muchas veces no podemos evitarlos. Son creencias Familiares, normas, formas de cómo debemos ser y pensar.

 

Observar tus pensamientos y tomar conciencia de ellos es el primer paso. Descubrir de dónde vienen, quien nos mostró y enseño a ver el mundo asi. Cuestionar esos pensamientos que no nos dejan fluir. Limpiar los mandatos familiares. Aprende de la experiencia vivida que te trajo un aprendizaje.

A callar tu mente y dejarla en silencio no es fácil, es todo un reto y se puede aprender. Hay que sanar nuestras grabaciones y devolver los rasgos que ya no nos sirven, Esto nos hara tener unos pensamientos más acordes para fluir con la vida. Aprender a relajar la mente y soltar el pensamiento. Dejarlo ir. Solo es un pensamiento.

 

Recuerda que el tipo de pensamiento que tengas traerá a tu vida una emoción y estas van a llevar a un tipo de realidad en nuestra vida o a otra. Aprendamos a tener una buena comunicación con nosotros mismos.

Paremos la mente parlante por un momento, dejémosla libre, en silencio. Observemos nuestro pensamiento, no nos enganchemos a él. No son la realidad, solo una percepción tuya.

Hay un gran abanico de distintas posibilidades. Escoge los pensamientos que te hagan brillar. Pon una mirada más amorosa hacia ti. Elige pensar bonito y tu mundo comenzara a serlo.

 

“Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo”. Buda

Arantxa Anguita

Profesora del Máster Transpersonal

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