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Cuando nos resistimos al cambio, al no movimiento, pasamos a vivir la muerte.

Nuestra energía se desgasta en aguantar, retener,  guardar,  evitar por todos los medios el movimiento. No queda energía sobrante para vivir, gozar, estar presente y consciente del movimiento…

Esta situación estática nos da una pseudo-seguridad, pues se percibe como ausencia de peligro: conozco todo, domino todo, controlo todo. Para vivir la muerte, no hace falta que nuestro cuerpo físico desaparezca, ni siquiera que haya cambios exteriores en nuestra vida.  La muerte es en nuestro mundo interior, algo muy peligroso…

Imaginemos que la energía que da vida a nuestro cuerpo funciona como un río, fluyendo valle abajo. Este movimiento valle abajo representa un cambio continuo, ininterrumpido, tal y como es la vida. Cuando se encuentra un obstáculo insalvable, el agua  no vuelve hacia atrás, sino que escurre por donde puede, desbordándose y arrasando los campos vecinos. Lo mismo pasa en nuestro cuerpo.  Cuando nuestra energía de vida se encuentra con un muro imposible de traspasar, no se anula, sino que inunda lo que la circunda, sobrecargándolo.  Si esto ocurre en un órgano de nuestro cuerpo, esta sobrecarga energética acabará impidiendo que el órgano funcione adecuadamente.  Y la energía que debería fluir hacia la siguiente zona, al llegar deficitaria, tampoco permitirá que el cuerpo funcione como debiera. Si el bloqueo se queda instalado mucho tiempo, empezará a crear disfunciones…

Visto el cambio desde este prisma, entendemos como obstáculo insalvable el pensamiento que no admite discusión, el que no estás dispuesto ni siquiera a considerar, el que te hace perder los papeles, el incuestionable, el dogmático… Aquél que es una barrera para tu desarrollo como ser humano y para tu capacidad de comprensión desde un lugar más amplio y consciente, un muro entre ti y  el pensamiento eterno.

Todo ello nos separa de la salud y nos acerca a la enfermedad. ¿Por qué en determinado momento se presenta una enfermedad, y no antes? En el momento en que el cuerpo no dispone de recursos para paliar un desequilibrio energético, empieza a crear un síntoma visible.  Lo que antes ocurría a nivel sutil, dentro de nuestro mundo interior, pasa al cuerpo físico, al mundo exterior…

Para entendernos bien, acordemos lo que entendemos aquí por enfermedad que nos separa de la salud: la enfermedad representa el desequilibrio energético, no importa si por exceso (compulsión) o por defecto (bloqueo o represión). En el momento en que un pensamiento impide el libre paso de la energía, el desequilibrio se instala. Muchas veces la causa no es sólo personal, sino que responde al grupo familiar, a creencias familiares, a los dogmas del clan. Muchas veces lo que representa el orgullo de la familia es lo que nos tiene prisioneros de determinadas formas de ser y de pensar. Otras veces son pensamientos aceptados por el grupo o la sociedad o la Humanidad, ¡lo que no significa que sean ciertos!

El muro insalvable que bloquea y desvía nuestra energía, lo construye el pensamiento. El pensamiento da dirección a este río de energía, le cambia el cauce, le hace deslizarse suavemente por las orillas o le acelera provocando remolinos y cascadas.

Lo que creemos determina la forma en que vivimos lo que nos pasa y la forma en que tomamos los acontecimientos de nuestra vida va a determinar cómo corre nuestro río de energía vital.  ¿Dónde está entonces la llave para que no ocurra la enfermedad? En mantener fluyendo la energía en el cuerpo sutil.

Algunos lectores en este momento estarán pensando: “¿que historia es esta? Nunca me hablaron de un cuerpo sutil…ni en casa, ni en el colegio, ni en los estudios posteriores”…

Aunque no haga parte de las creencias generalizadas de nuestra sociedad occidental, el cuerpo sutil está, existe y se detecta de diferentes formas.  De hecho, las enfermedades aparecen en este cuerpo energético mucho antes de presentarse físicamente. Y si conseguimos deshacer el bloqueo energético, no llegarán nunca a materializarse.

Nuestra lista de “aceptación imposible” es pues, un resumen de causas de bloqueo energético. Son los temas que rechazamos debido a creencias incuestionables para nosotros, ya que son al tiempo pilares de nuestro sistema de creencias y también la causa primera de nuestra dificultad de cambiar, de ensanchar nuestra consciencia y nuestro horizonte vital.

Mira una a una las ideas que hacen inaceptables para ti la injusticia, la vida tal como es, las personas tal como son, las circunstancias tal y como son dadas… Todas estas cosas las estás mirando desde el pie de la montaña, no desde la cima. Para llegar arriba, es necesario comprender el mundo sutil

Por Marly Kuenerz | Psicóloga clínica y psicoterapeuta, con más de 35 años de experiencia.
Nuestro MIEDO, principal obstáculo para el CAMBIO (Parte 2)

directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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