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Psicología Transpersonal. Nuestra primera programación psíquica (parte 1)

Como habrás podido comprobar si has seguido los últimos post, cuanta más atención pones en tu sensibilidad y más vas reconociendo su resonancia dentro de tu cuerpo, más recibes de ella. Si has podido seguir las instrucciones, habrás experimentado de una forma práctica que puedes disfrutar de muchas cosas que antes pasaban totalmente desapercibidas. Es cuestión de ir educando tu receptividad a la belleza y a todo lo que puede nutrir tu alma. ¿Te apetece avanzar?

En el último post hablábamos de que la sensibilidad nos acompaña desde nuestra concepción y primeras fases de existencia. En los viejos tiempos, los adultos daban importancia básicamente a los cuidados físicos, como si el niño no fuera capaz de percibir nada más. ¡Sólo al aparecer el pensamiento racional, se le tuvo en cuenta como un ser completo! Sin embargo, hoy día la psicología prenatal ha comprobado que el feto reacciona mucho antes de que los órganos encargados de responder estén totalmente formados.

Esto quiere decir que ya entonces, percibimos las cosas por medio de “algo” más allá del cuerpo físico, y que la sensibilidad ya está presente.

Si puedes aceptar esta realidad, será fácil concluir que por lógica registraste todo lo que fue importante para tu supervivencia y bienestar. Hemos estado 9 meses simbiótica e intrínsecamente mezclados con nuestra madres. ¿Cómo podría dejar de afectarnos sus emociones ante las cosas buenas o malas que le pasaron a lo largo de estos meses? Si todavía hoy alguien alegre y feliz te levanta el animo y una persona deprimida te lo baja, ¿como no iban a afectarte las reacciones de la persona dentro de la que crecía tu cuerpo y se formaba tu sistema nervioso? Es una conclusión natural.

En nuestra gestación sin duda ya se dieron nuestras primeras “grabaciones”. Como de esta primera etapa no hay una memoria racional, básicamente podemos acceder a estas primeras impresiones a través de las sensaciones corporales o a veces por las emociones. Una gestación bendecida por el amor de los padres evidentemente no puede dejar el mismo recuerdo que una gestación en que la madre tenía miedo a la responsabilidad, o estaba padeciendo circunstancias exteriores difíciles,  una mala relación con el marido, el antagonismo familiar, una relación ilícita, o un momento social particular (guerras, disturbios sociales, problemas ecológicos…). Esto seria nuestro recuerdo “arqueológico personal”… los primeros registros, la información primaria.

Pero hay un detalle importantísimo: que ya venimos a este mundo con una herencia genética y espiritual muy distinta para cada uno/a, que es la que va guiar el hilo conductor de nuestra vida.

La función principal que venimos a cumplir aquí ya viene determinada por este algo mucho mayor que nosotros/as. Por vibración energética se determina el lugar exacto donde vas a nacer, de qué padres, de que sexo, en qué circunstancias. Y estas circunstancias van a ser las ideales para la realización de tu función personal. Todo ello ocurre por sintonía, por vibración. Luego no hay error posible. Lo que te toca es lo que te corresponde energéticamente.

Al tiempo, una “grabación” es una vivencia personal registrada en nuestra película virgen. De la mezcla de esta herencia vibracional y de las grabaciones vividas va a resultar una combinación de elementos. Este “coctel” único e individual va generar el tipo de personalidad que te va acompañar durante la vida.

Según lo que te ha tocado, vas a ver y manejar las circunstancias de una forma u otra. Tendrás una tendencia mayor o menor a sentirte víctima o a creer en tus recursos. Va a ser más fácil sentirte feliz y querido/a, o habrá una tendencia mayor a la tristeza y a la desesperación. Es tu “pseudo-yo”, tu personalidad, tu “yo pequeño”.

Aunque esta combinación está ahí registrada en nuestras células, felizmente no te piden que construyas una casa sin mandarte el cemento y los ladrillos… Estamos aquí todos con una tarea similar, pero con sus particularidades individuales.

Volver a alinearnos con nuestro Ser verdadero, con el Yo superior, con nuestra esencia divina y perfecta,  esa parte nuestra que intuimos que está, que hemos sentido y vivido en algún momento, que añoramos y que tocamos de vez en cuando y que a veces cuando menos lo esperamos aparece. Son estos momentos sublimes de total completitud los que conforman tu verdadera herencia, tu verdadero estado natural.

> Psicología Transpersonal. Nuestra primera programación psíquica (parte 2)

Por Marly Kuenerz | Psicóloga clínica y psicoterapeuta, con más de 35 años de experiencia.

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