por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta web: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

«Meditación no es lo que piensas», me dijo un maestro de yoga hace muchos años, cuando empezaba a interesarme por ella.

Meditar es estar atento…

… estar atento en cada momento que sucede en mi vida, en cada actividad, en cada estímulo que excita mis sentidos, en cada bocanada de aire que entra en mi cuerpo, en cada palabra que acaricia mis oídos, en cada palabra que me hiere, en cada cosa que me sucede, en cada situación de injusticia que me toca vivir…

Por tanto, meditar no es sentarse en una postura sobre un cojín para cerrar los ojos y reflexionar sobre algo, no es sentarse a perdonar ni a proponerse ser mejor persona, ni a reprimir las emociones que me hacen daño. Sin embargo, para llegar a la atención plena en cada momento de mi vida, la sentada es un entrenamiento necesario. La sentada me ayuda porque facilita la atención si dedico unos minutos en exclusiva a observar mi mente, es más fácil aprender a estar atento si no tengo estímulos externos.

Meditar no es una actividad más, es ser uno mismo observando lo que hay, es aceptar lo que aparece, es estar atento, es observar el dolor, la tristeza, la alegría y las cosas que suceden en mi mente pero desde otra dimensión distinta a lo acostumbrado, es dejar de identificarte con la mente que siempre anhela algún deseo nuevo, la que casi siempre quiere que las cosas sean distintas de como son.

 

¿PARA QUÉ LA MEDITACIÓN?

Llevamos una vida acelerada, con un nivel de exigencia como nunca antes en la Historia, la mente se siente presionada para dar la talla que exige la sociedad, para dar y dar, no parar, compaginar la vida familiar, la social, la profesional… esto genera estrés, ansiedad, infelicidad y en muchas ocasiones psicopatologías o enfermedades mentales.

La Atención en la Respiración

Un tipo de meditación que puede ayudar a calmar nuestra mente es atender la respiración. La respiración está controlada por un sistema nervioso autónomo, de manera que ocurre espontáneamente sin que yo tenga que ocuparme de ella. Sin embargo, también puede ser un acto voluntario y puedo intervenir en él, si lo deseo. Si observo un poco la respiración cuando estoy agitado, me daré cuenta de que ésta también está agitada; y sin embargo cuando estoy relajado mi respiración también transcurre lenta y pausada. Es una suerte que también tenga un efecto recíproco, es decir, si intervengo en mi respiración, puede tener un efecto relajante en el sistema nervioso. Esto es un tesoro que llevamos dentro: la posibilidad de poder darme cuenta de mi estado de ansiedad o de estrés y poder trabajarlo desde la respiración, simplemente siendo consciente de ella y haciéndola más lenta y profunda, ablandando y tranquilizando la tensión.

La respiración abdominal es muy completa, si intervengo y la ralentizo, empezaré sintiendo tranquilidad. Por otro lado la respiración puede ser objeto de mi atención: como siempre la tengo a mano, puedo concentrarme en ella cuando quiera y me ayuda a mantener mi atención.

La Actitud

La actitud hacia mi mente debe ser amable, puedo esbozar una sonrisa interior que me ayudará a contemplar la mente sin juzgar ni castigar lo que aparezca, es importante entender que no se trata de reprimir, ni cambiar las emociones negativas, es aceptar y contemplar lo que hay.

Hay muchas maneras de meditar y el objeto de la meditación puede ser el propio cuerpo, la mente, una emoción, un sonido…

 

EJEMPLO DE MEDITACIÓN

  • Desarrollo de la Atención

Esta meditación es un buen ejemplo para iniciarse en la práctica, ayuda a un entrenamiento de la atención:

Siéntate cómodamente y encuentra tu postura, tómate un tiempo, no hay prisa, este es el único momento que existe. Ahora lleva tu atención al pie izquierdo, nota qué sientes, no lo analices, sólo siéntelo. Sube por la pantorrilla hasta la rodilla, detente unos instantes, siente si hay dolor o tensión, si lo hay, corrige la postura. Lleva tu atención al otro pie y haz lo mismo. Una vez que llegues a la pelvis continúa, céntrate en tu abdomen, relájalo si es necesario, siente cómo se mueve por el efecto de la respiración. Ahora recorre tu espalda, poco a poco, hasta las vértebras cervicales. Se trata de hacer un suave recorrido por tu cuerpo, para aprender a escucharlo y para desarrollar la atención; cuando pierdas la atención vuelve a donde lo dejaste, no te juzgues, tu mente sólo hace su función… Déjala, vuelve y vuelve una y otra vez cada vez que te distraigas…

Ahora recorre tus brazos, desde una mano hasta el hombro, siente la piel, el frío o el calor, concéntrate en tus sensaciones pero no te enredes, da igual lo que sientas o lo que pasa, sólo siente…

Al llegar a la cabeza, concéntrate en la piel que recubre  el cráneo, ¿hay cosquilleo? Ahora profundiza hasta el cráneo… ¿Puedes ir más allá? ¿Puedes sentir el cerebro? ¿Qué es en realidad? ¿Percibes el cosquilleo de la circulación sanguínea? ¿Notas algo que acompase el ritmo de la respiración? Siente, siente….

Ahora siente tu respiración, empieza por donde quieras, por las fosas nasales poniendo tu atención en el aire fresco que entra, o en el abdomen, en su movimiento de vaivén en la respiración…

Quédate… sin prisas, estás probablemente sintiendo relajación, nada ni nadie te lo ha dado, has sido tú, con tu decisión de llegar hasta aquí, está siempre disponible para ti, siempre, siente el sosiego que hay ahí, siente la paz de no engancharse al pensamiento: es como no pensar, abandona el pensamiento, no lo reprimas, si llega míralo y observa como entra y como se va, no te secuestra, lo observas, sonríes… Estás bien.

 

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