por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

Si creemos que es la interpretación de la mente la que nos hiere y nos daña y no la realidad en sí, parecería lógico pensar que la solución es reprimir las emociones y pensamientos que nos dañan y que dañan a otros; sin embargo la represión no consigue eliminar la emoción ni el pensamiento negativo, lo que suele suceder es todo lo contrario: la emoción negativa emerge de nuevo intacta o con más fuerza que antes.

La mayoría de nosotros hemos intentado reprimir muchas de las cosas que no nos gustan de nosotros mismos en algún momento y hemos comprobado que apenas se consigue una ligera mejoría. Requiere un enorme esfuerzo luchar contra ellas porque es luchar contra el inconsciente más profundo, contra los condicionamientos que el cerebro ha ido adquiriendo durante toda nuestra vida. Pasado un tiempo el esfuerzo nos deja agotados. Luego, al no conseguir eliminarlas, vienen la culpa y la vergüenza.

Parece una meta imposible de alcanzar sin alternativas para llegar: o daño a otros dando vía libre a la emoción o la reprimo (si lo consigo) y me daño a mí. La solución parece estar en tomar conciencia de lo que ocurre en mi mente. Comprender que lo que sucede es producto de los condicionamientos de mi cerebro produce una gran liberación. Además, el hecho de tomar conciencia de lo que sucede hace que la propia emoción pierda fuerza poco a poco por sí misma. Permitir que ocurra es lo que produce la transformación de la emoción sin dañar a nadie ni a mí mismo.

La emoción siempre tiene una expresión en el cuerpo, si aprendemos a sentirla y a identificarla aprenderemos también a reconocer la emoción desde su inicio, a comprender su función y, en definitiva, a manejarla y a empezar a utilizarla en nuestro propio beneficio… y en el de los demás.  

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