por César R. Espinel, mitólogo

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Iniciación a la Mitología Comparada: Centroamérica, Asia y Europa septentrional

Tamil nadu, nataraja, shiva come signore della danza, xi secolo.jpg

Shiva es una de las divinidades orientales que más arraigo ha encontrado en Occidente. Le solemos ver representado sobre todo de dos maneras: una sedente, meditando, y la otra como la imagen superior: bailando. Esta iconografía y su simbolismo han sido ampliamente tratados por Ananda K. Coomaraswamy en The Dance of Shiva (1924), Heinrich Zimmer en Myths and Symbols in Indian Art and Civilization (1946) y Joseph Campbell en The Hero with a Thousand Faces (1949). Un resumen aproximado sería el que sigue.

La mano derecha extendida sostiene el tambor, cuyo sonido marca la pauta del tiempo. Y, sin embargo, ese tiempo es el origen y principio de la creación, la eternidad. La mano izquierda extendida sostiene la llama, que representa la destrucción del mundo creado: Shiva es el destructor-renovador, debe destruir algo para que algo nuevo nazca, marca la continuidad del orden y el caos. La segunda mano derecha adopta la actitud de “no temáis”, mientras que la segunda mano izquierda señala el pie izquierdo levantado, adoptando la “posición del elefante” (el elefante es quien abre el camino en “la selva del mundo”, es decir, el guía divino). El pie derecho está clavado en la espalda de un enano: es el demonio del olvido, del no-conocer, que simboliza el paso de las almas de Dios a la materia. Sin embargo, el pie izquierdo está levantado mostrando la libertad del alma. Es ese pie el que señala la mano en la “posición del elefante” y por quien la otra mano asegura “no temáis“. La cabeza del dios se mantiene en equilibrio, quieta y serena, en mitad del dinamismo de creación-destrucción. Esto significa que en el centro todo está en calma. El arete o pendiente derecho de Shiva es de hombre, el izquierdo es de mujer, porque el dios incluye y está por encima de los opuestos y contrarios. La expresión del rostro de Shiva no es ni de alegría ni de congoja, sino que es la imagen del Motor Inmóvil, detrás y dentro de ella están la alegría y el dolor del mundo. Los mechones de cabello revuelto representan el pelo desarreglado del yogui hindú, ahora se revuelven en la danza de la vida. Y es que la presencia conocida en las alegrías y tristezas de la vida y aquella conocida en lo profundo de la meditación silenciosa son sólo dos caras del mismo Ser-Conciencia-Bendición (sat-cit-ananda) que es siempre universal y nunca dual. Los brazaletes de Shiva, los aros de sus brazos, los de sus tobillos y el cordón brahmínico son serpientes vivas. Esto significa que Él ha sido ungido y embellecido por el poder de la Serpiente: la misteriosa Energía Creadora de Dios, que es la causa de su propia manifestación como el universo con todos sus seres. Sobre la cabeza de Shiva se aprecia una pequeña calavera, símbolo de la muerte y ornamento del Señor de la Destrucción; pero también una luna creciente, símbolo del nacimiento y el crecimiento, sus regalos para el mundo. En su cabello también destaca una flor de estramonio, planta con la cual se prepara un brebaje (compárese con el vino de Dionisos o el de la misa). Una pequeña imagen de la diosa Ganga, la personificación del Ganges, está escondida en sus cabellos: es Él quien recibe en su cabeza el choque del descenso del divino Ganges desde los cielos, quien permite que las aguas que dan la vida y la salvación fluyan suavemente sobre la Tierra para refrescar y sanar física y espiritualmente a los seres humanos.

La posición de la danza de Dios puede simbolizarse como la sílaba simbólica sagrada AUM, Resultado de imagen de om , que es el equivalente verbal de los cuatro estados de conciencia: A) conciencia despierta, U) conciencia en el sueño, M) dormir sin sueños, y el silencio alrededor de la sílaba sagrada es lo Trascendente no Manifestado. De esta forma, el Dios está dentro del que lo adora y también fuera.

Esta figura ilustra la función y el valor de la imagen esculpida y muestra por qué los largos sermones son innecesarios para los idólatras: así se permite al devoto penetrar el significado del símbolo en profundo silencio y de forma oportuna. También, así como el dios lleva aros en brazos y tobillos, también los lleva el devoto, y significan lo mismo. Están hechos de oro en vez de serpientes (oro, metal que no se corrompe) y simbolizan la inmortalidad, que no es sino la misteriosa Energía Creadora de Dios.

Muchos otros detalles de la vida y de las costumbres locales de Oriente están representados de forma similar, interpretados y así validados, en los detalles de los ídolos antropomórficos. De este modo, toda la vida es un campo abonado para la meditación. La humanidad vive inmersa en un silencioso sermón.

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