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En el anterior post hemos introducido la idea de ralentizar, no para ir más lento, sino para llegar antes. Por encima de todo, ¡no te agobies, volveríamos a caer en los viejos hábitos de siempre!

Seguramente al leer y completar tu Historia de Vida, es muy probable que en algún momento te embargue una emoción dolorosa. En ese caso, cierra el cuaderno y concéntrate en lo que estás sintiendo. Eso es un tesoro, ¡no lo dejes pasar!

Vas a reconocer que ya sentiste lo mismo muchas veces antes, que más bien es una constante en tu vida, sea rechazo, sea abandono, sea incomprensión, injusticia, soledad, celos, sentimiento de pérdida… algún tipo de miedo.

Localiza en qué lugar de tu cuerpo se refleja esta emoción.

Qué parte de tu cuerpo se tensa, se pone rígida, te quema, te duele, si se siente como si tuviera un peso, o como si algo puntiagudo la traspasara, como si fuera una herida.

Una vez que localices dónde se instala esta emoción en tu cuerpo, empieza a respirar concentrándote en esta parte (sea en el pecho, en la cabeza, en el plexo solar, en el bajo vientre). Visualiza en este lugar una energía oscura, densa, gris, como una nube cargada.

Comienza ahora a inspirar por la nariz, llevando mentalmente el aire a este lugar concreto. Al expirar, imagina que este aire empuja hacia fuera esta nube oscura.

Sigue hasta que sientas que esta zona de tu cuerpo se está quedando más leve, más limpia, que una nueva sensación va apareciendo, como si hubiera un espacio de aire nuevo y claro. No pares hasta sentir esta sensación de alivio.

Cuando hayas conseguido aliviar esa zona, repite la lectura que te causó malestar.

Si sigue afectándote, repite el ejercicio del post  Herencia GENÉTICA y Herencia ESPIRITUAL, ambas van de la mano (II) Ejercicios, que puedes consultar aquí.

Si no, continúa la lectura con normalidad. Si otro recuerdo te causa malestar, repite esta Respiración de Limpieza que acabamos de hacer.

Si te das cuenta de que esta sensación desagradable está contigo siempre o muy a menudo, recuerda respirar en esta parte de tu cuerpo varias veces durante la semana. Las huellas emocionales a veces son tercas. Se trata de seguir las sesiones de respiración, hasta que no vuelvas a sentir este malestar. Es una memoria celular y la respiración es su medicina natural.

Por otro lado, no olvides preguntar a tus allegados y conocidos de mayor confianza, qué virtudes y cualidades ven en ti hasta el día de hoy. Ya va siendo hora de comenzar a ver cómo eres realmente y darte cuenta que a veces no coincide tu propia imagen interna con la imagen que perciben los demás, pues ven atributos que pasan desapercibidos para tu conciencia.

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

Resultado de imagen de pensamiento positivo

Resultado de imagen de consolidaciónEstamos hilvanado diversos temas, pero todavía no hemos profundizado en ellos. Es necesario volverlos a tocar desde otros enfoques, y así conseguiremos generar una visión sólida e integradora del psiquismo humano.

Por ahora vamos a ahondar en la solución de todo aquello que todavía te agobia o te hace sufrir en tu día a día. Tenemos muchos malentendidos acumulados por la falta de información y formación al respecto.

Vamos a resumir lo que hemos visto en los post de Psicología Transpersonal de este Blog.

Hemos contemplado los cambios que surgen cada vez que comienzas algo o que nace algo nuevo en tu vida, así como la actitud que tomas ante este cambio. La resistencia que puede surgir y también el sabor y la vibración que viene de atreverte, de lanzarte.

También vimos como a través de tu sensibilidad percibes la alegría y disfrutas de estar viva/o, pero también como tu poderoso inconsciente graba todo aquello que te ha causado una impresión fuerte o que ha sido importante para tu estabilidad emocional y anímica.

Consideramos como estas grabaciones están hasta hoy influyendo sobre ti. Se te ha invitado a hacer una Historia de tu Vida, desde recuerdos remotos hasta el día de hoy, y  se te sugirió que vieras esta historia como si no fuera la tuya, buscando cuál es su núcleo central, aquello que llama tu atención y se repite.

Finalmente hemos mencionado de refilón la importante influencia de los ancestros, así como la idea de un plan espiritual trazado para ti.

Mucho tema para tan poco tiempo. Ahora toca ir introduciendo ejercicios concretos, para que puedas obtener los frutos de tu trabajo.

En Escandinavia algunas empresas siguen una política llamada “Slow Down” (ralentizar). Es algo como “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Se trata de darle un tiempo más largo de lo que parece necesario para los proyectos, con el fin de madurar al máximo su funcionalidad y eficiencia, sin cometer los errores y despistes que ocurren cuando tienes prisa. Con esta idea estamos tratando también tu trabajo interior. Es un concepto muy importante: no tener prisa. La prisa atrasa las cosas y les quita calidad.

La tranquilidad trae una calidad muy distinta, más amorosa. Sientes respeto por ti misma/o, puedes disfrutar hasta de las cosas más sosas y cansadas, es todo distinto. ¡Y la eficiencia es igual o mayor! Con este enfoque vamos desarrollar los siguientes post.

Ahora vamos a por resultados. Ya queremos ser más felices, ya queremos manejar nuestras emociones, ya basta de sufrir, basta de negatividad, de drama. Lo que queremos es amarnos más y tener complicidad, saber sentir al otro/a, llegar al otro/a. Esta es nuestra meta.

Un viejo texto del buen amigo Adolfo Mizrahi, que en ese momento acababa de perder a su perrita con la que convivió durante 10 años, nos va a ilustrar un mensaje fundamental en el trabajo interior, el afecto. Lo escribió desde el corazón, y por ello, conserva su energía original:

 

“Cuando nos vinculamos afectivamente con una persona

 la vamos percibiendo según  lo que queremos ver en ella de acuerdo a nuestra realidad interior

 y muchas veces es muy distinto a como se ve ella a si misma.

Es como si nos fuéramos relacionando con personas creadas por nosotros, personas virtuales.

Muchas parejas adolecen de esta doble visión y viven la relación con suma dificultad.

A veces la relación dura mucho tiempo, tal vez años y sin embargo es como si no se conocieran.

 

Cuando tú te vinculas afectivamente, construyes hilos invisibles como vinculo

y si la relación se rompe, se rompen esos conductos quánticos

generando un gran vacío energético doloroso que cuesta reconstruir.

Esos lazos afectivos, también los puedes crear con plantas, animales de compañía,

objetos que tienen recuerdos, objetos religiosos, etc..

 

Nuestras emociones se implican en este proceso afectivo a través de energía en movimiento…

Todo lo que vemos, tocamos o percibimos -las personas, los animales, las piedras, las plantas…-

intercambia energía con nosotros.

 

En mi consulta tengo un patio pequeño de apenas dos metros de ancho y la gente

se sorprende agradablemente cuando ve como crecen mis plantas, parece un pequeño bosque.  

Estas plantas no solo se alimentan de la tierra, y el agua, sino también de  energía calida

y amorosa que se desprende en el intercambio afectivo con mis clientes que la miran a diario en cada sesión.

Los vínculos afectivos sólidos son los que se construyen de a pedacitos de tiempo,

de pequeñas vivencias y también de silencios compartidos.

Saint- Exupéry dijo:”fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.

 

Hace poco se ha muerto mi hermosa perrita y su muerte me afectó, tal vez porque puse en ella

lo que yo necesitaba dar y recibir en este momento de mi vida.

Puede, como lo dicho anteriormente, que yo sintiera muchas cosas que ella no sentía,

es decir que haya sido mi realidad, no la suya, sin embargo el intercambio

de energía afectiva que tuve con ella fue sutil pero muy intenso.”

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

Para información: Web «Meditación Mente-Corazón»

 

El triunfo y la «moda» del mindfulness en estos últimos años se debe a un factor fundamental: la ciencia.

El mundo occidental ha tomado las prácticas milenarias del budismo y de filosofías orientales y las ha pasado por el tamiz científico; tras unas semanas de práctica diaria de meditación hay cambios físicos en nuestro cerebro comprobado con técnicas de neuroimagen. Pero, ¿sirven para algo estos cambios?

Por otro lado se ha demostrado su eficacia terapéutica y está incluido en las técnicas de intervención psicológica de tercera generación, pero ¿qué efectos pueden tener esos cambios cerebrales para lograr mayor bienestar y en mi felicidad?

Antes de responder a estas preguntas quizá deberíamos preguntarnos por qué no somos felices, cual es la razón por la que nuestra vida viene acompañada de sufrimiento. Al reflexionar sobre nuestros momentos de sufrimiento a lo largo de la vida observamos que en su mayoría vienen originados por conflictos en las relaciones personales, por determinados fracasos, por el miedo a sentirnos excluidos, por no sentirnos especiales y en ocasiones por no sentirnos valorados por los demás. En definitiva el sufrimiento viene, en su mayoría, de expectativas no cumplidas; es nuestra interpretación sobre lo que sucede y la creencia sobre lo que debería suceder, la causa que subyace bajo el sufrimiento, y con ello podríamos deducir que es nuestra propia mente la que nos hace sufrir y no los hechos en sí mismos.

El hecho de comprender la causa del sufrimiento nos ayuda pero no impide que sigamos sufriendo. Es necesario entrenarnos en la observación de nuestros contenidos y procesos mentales y aprender a no identificarnos con ellos.

El mindfulness es poner atención plena a lo que está ocurriendo en mi mente, es contemplar los pensamientos y emociones desde cierta distancia pudiendo observar así el dolor, la rabia, la envidia o lo que sea que haya en ese momento en mi mente sin identificarnos plenamente. Algo parecido a observar desde la calma de la profundidad el oleaje de la superficie.

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por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

Si creemos que es la interpretación de la mente la que nos hiere y nos daña y no la realidad en sí, parecería lógico pensar que la solución es reprimir las emociones y pensamientos que nos dañan y que dañan a otros; sin embargo la represión no consigue eliminar la emoción ni el pensamiento negativo, lo que suele suceder es todo lo contrario: la emoción negativa emerge de nuevo intacta o con más fuerza que antes.

La mayoría de nosotros hemos intentado reprimir muchas de las cosas que no nos gustan de nosotros mismos en algún momento y hemos comprobado que apenas se consigue una ligera mejoría. Requiere un enorme esfuerzo luchar contra ellas porque es luchar contra el inconsciente más profundo, contra los condicionamientos que el cerebro ha ido adquiriendo durante toda nuestra vida. Pasado un tiempo el esfuerzo nos deja agotados. Luego, al no conseguir eliminarlas, vienen la culpa y la vergüenza.

Parece una meta imposible de alcanzar sin alternativas para llegar: o daño a otros dando vía libre a la emoción o la reprimo (si lo consigo) y me daño a mí. La solución parece estar en tomar conciencia de lo que ocurre en mi mente. Comprender que lo que sucede es producto de los condicionamientos de mi cerebro produce una gran liberación. Además, el hecho de tomar conciencia de lo que sucede hace que la propia emoción pierda fuerza poco a poco por sí misma. Permitir que ocurra es lo que produce la transformación de la emoción sin dañar a nadie ni a mí mismo.

La emoción siempre tiene una expresión en el cuerpo, si aprendemos a sentirla y a identificarla aprenderemos también a reconocer la emoción desde su inicio, a comprender su función y, en definitiva, a manejarla y a empezar a utilizarla en nuestro propio beneficio… y en el de los demás.  

por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta web: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

«Meditación no es lo que piensas», me dijo un maestro de yoga hace muchos años, cuando empezaba a interesarme por ella.

Meditar es estar atento…

… estar atento en cada momento que sucede en mi vida, en cada actividad, en cada estímulo que excita mis sentidos, en cada bocanada de aire que entra en mi cuerpo, en cada palabra que acaricia mis oídos, en cada palabra que me hiere, en cada cosa que me sucede, en cada situación de injusticia que me toca vivir…

Por tanto, meditar no es sentarse en una postura sobre un cojín para cerrar los ojos y reflexionar sobre algo, no es sentarse a perdonar ni a proponerse ser mejor persona, ni a reprimir las emociones que me hacen daño. Sin embargo, para llegar a la atención plena en cada momento de mi vida, la sentada es un entrenamiento necesario. La sentada me ayuda porque facilita la atención si dedico unos minutos en exclusiva a observar mi mente, es más fácil aprender a estar atento si no tengo estímulos externos.

Meditar no es una actividad más, es ser uno mismo observando lo que hay, es aceptar lo que aparece, es estar atento, es observar el dolor, la tristeza, la alegría y las cosas que suceden en mi mente pero desde otra dimensión distinta a lo acostumbrado, es dejar de identificarte con la mente que siempre anhela algún deseo nuevo, la que casi siempre quiere que las cosas sean distintas de como son.

 

¿PARA QUÉ LA MEDITACIÓN?

Llevamos una vida acelerada, con un nivel de exigencia como nunca antes en la Historia, la mente se siente presionada para dar la talla que exige la sociedad, para dar y dar, no parar, compaginar la vida familiar, la social, la profesional… esto genera estrés, ansiedad, infelicidad y en muchas ocasiones psicopatologías o enfermedades mentales.

La Atención en la Respiración

Un tipo de meditación que puede ayudar a calmar nuestra mente es atender la respiración. La respiración está controlada por un sistema nervioso autónomo, de manera que ocurre espontáneamente sin que yo tenga que ocuparme de ella. Sin embargo, también puede ser un acto voluntario y puedo intervenir en él, si lo deseo. Si observo un poco la respiración cuando estoy agitado, me daré cuenta de que ésta también está agitada; y sin embargo cuando estoy relajado mi respiración también transcurre lenta y pausada. Es una suerte que también tenga un efecto recíproco, es decir, si intervengo en mi respiración, puede tener un efecto relajante en el sistema nervioso. Esto es un tesoro que llevamos dentro: la posibilidad de poder darme cuenta de mi estado de ansiedad o de estrés y poder trabajarlo desde la respiración, simplemente siendo consciente de ella y haciéndola más lenta y profunda, ablandando y tranquilizando la tensión.

La respiración abdominal es muy completa, si intervengo y la ralentizo, empezaré sintiendo tranquilidad. Por otro lado la respiración puede ser objeto de mi atención: como siempre la tengo a mano, puedo concentrarme en ella cuando quiera y me ayuda a mantener mi atención.

La Actitud

La actitud hacia mi mente debe ser amable, puedo esbozar una sonrisa interior que me ayudará a contemplar la mente sin juzgar ni castigar lo que aparezca, es importante entender que no se trata de reprimir, ni cambiar las emociones negativas, es aceptar y contemplar lo que hay.

Hay muchas maneras de meditar y el objeto de la meditación puede ser el propio cuerpo, la mente, una emoción, un sonido…

 

EJEMPLO DE MEDITACIÓN

  • Desarrollo de la Atención

Esta meditación es un buen ejemplo para iniciarse en la práctica, ayuda a un entrenamiento de la atención:

Siéntate cómodamente y encuentra tu postura, tómate un tiempo, no hay prisa, este es el único momento que existe. Ahora lleva tu atención al pie izquierdo, nota qué sientes, no lo analices, sólo siéntelo. Sube por la pantorrilla hasta la rodilla, detente unos instantes, siente si hay dolor o tensión, si lo hay, corrige la postura. Lleva tu atención al otro pie y haz lo mismo. Una vez que llegues a la pelvis continúa, céntrate en tu abdomen, relájalo si es necesario, siente cómo se mueve por el efecto de la respiración. Ahora recorre tu espalda, poco a poco, hasta las vértebras cervicales. Se trata de hacer un suave recorrido por tu cuerpo, para aprender a escucharlo y para desarrollar la atención; cuando pierdas la atención vuelve a donde lo dejaste, no te juzgues, tu mente sólo hace su función… Déjala, vuelve y vuelve una y otra vez cada vez que te distraigas…

Ahora recorre tus brazos, desde una mano hasta el hombro, siente la piel, el frío o el calor, concéntrate en tus sensaciones pero no te enredes, da igual lo que sientas o lo que pasa, sólo siente…

Al llegar a la cabeza, concéntrate en la piel que recubre  el cráneo, ¿hay cosquilleo? Ahora profundiza hasta el cráneo… ¿Puedes ir más allá? ¿Puedes sentir el cerebro? ¿Qué es en realidad? ¿Percibes el cosquilleo de la circulación sanguínea? ¿Notas algo que acompase el ritmo de la respiración? Siente, siente….

Ahora siente tu respiración, empieza por donde quieras, por las fosas nasales poniendo tu atención en el aire fresco que entra, o en el abdomen, en su movimiento de vaivén en la respiración…

Quédate… sin prisas, estás probablemente sintiendo relajación, nada ni nadie te lo ha dado, has sido tú, con tu decisión de llegar hasta aquí, está siempre disponible para ti, siempre, siente el sosiego que hay ahí, siente la paz de no engancharse al pensamiento: es como no pensar, abandona el pensamiento, no lo reprimas, si llega míralo y observa como entra y como se va, no te secuestra, lo observas, sonríes… Estás bien.

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Para que no se quede en un mero ejercicio intelectual, vamos a realizar algunas prácticas vivenciales, que nos permitan auto-experimentar y ahondar en la INTROSPECCIÓN.

La llave está en no hacerlo como una obligación pesada, sino enfocarlo como un placer, como un momento de relax y de nutrición. Estés o no de vacaciones, estés en el trabajo, en la ciudad, trata de mantener esta actitud mental. Es un momento de calidad para ti. Todo tiene una razón y todos los momentos son perfectos para el aprendizaje.

Sea cual sea tu circunstancia, sigue adelante. Toma nota en tu diario personal de las dificultades que puedas estar teniendo y también de las dudas que puedan surgir.

Vamos a aprovechar cualquier reacción emocional que tengas durante el día y trabajar con ella. La vas poniendo en orden cronológico, poco a poco. Sin ninguna prisa, ni ningún objetivo que te presione, ve recabando la información de todo lo significativo que te contaron tu madre y tu padre durante tu gestación, o lo que vayas recordando de forma natural.

Luego, busca un rato en que puedas estar tranquilo/a y en que nada te vaya a interrumpir. Preferentemente, échate en la cama boca arriba, abriendo bien el pecho. Respira unas cuantas veces muy profundamente, para soltar cualquier expectativa, cualquier idea o preocupación que te ronde… date el tiempo necesario para sentirte completamente en paz. Si te apetece, arrópate con una sábana o con una mantita.

Ahora, conecta con la sensación (que se encuentra almacenada en algún rincón de tu psique) de estar en el útero de tu madre. Colócate en posición fetal y deja la mente en blanco, sólo pon atención en las sensaciones corporales. No tengas prisa en sentir nada y tampoco quieras dirigir lo que va a acontecer. Simplemente, ábrete a la experiencia. Que ocurra sola.

Cuando comiences a sentir esta sensación de recogimiento dentro del útero de tu madre, deja que pasen por tu cabeza las circunstancias por las que pasó tu madre durante tu gestación.

Recuerda lo que le pasó y luego toma conciencia de cómo esto te ha afectado.

Hazlo de episodio en episodio, dándole a cada uno el tiempo necesario para experimentar lo que sintió tu madre y luego cuál fue el efecto que experimentaste tú. Sin prisas.

Cuando hayas recorrido los acontecimientos significativos de estos 9 meses, recoge la sensación final que te quedó en el cuerpo. Y lo vas escribiendo en tu diario personal, con el orden que te apetezca, sin reglas ni responsabilidades, que no sea una tarea más a realizar, como tantas otras que inundan tu vida cotidiana. Tiene que ser algo fluido, liviano, que te apetezca, que quieras contactar íntimamente contigo mismo/a y con tus memorias corporales.

Realiza de forma espontánea una síntesis de todo cuanto vaya surgiendo en tu memoria… Siente si la escena que acontece es placentera o no. Y si te resulta familiar.

Ten en cuenta que esta situación seguramente está presente en muchos momentos de tu vida, a veces te acompaña de seguido y que puede reaparecer cuando menos te lo esperas… Apunta tus conclusiones en tu cuaderno.

 

Procura repetir el ejercicio anterior, metido en el agua de la bañera. O mar, río, lago, piscina que tengas en tu vida. Vuelve a alcanzar aquella sensación corporal final y luego trata de que el agua te lleve más allá… que diluya cualquier residuo corporal desagradable de tu gestación y que te transporte a una dimensión mayor: como si estuvieras en el útero del Universo, del Todo…

Puedes repetirlo tantas veces como te apetezca. La sensación de ser acogido, recogido, arropado por la misma Creación. Deja que esa sensación se impregne bien en tu cuerpo y en tu recuerdo. ¡Disfruta de ello!

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Durante la evolución, el cerebro humano se ha ido adaptando a las conductas que aumentaban la probabilidad de mantener el cuerpo con vida, al cerebro no le interesa la felicidad sino la supervivencia.

La mente humana puede viajar por el pasado y por el futuro, así aumenta la probabilidad de sobrevivir.

  • Recordar el pasado nos sirve para aprender de la experiencia. Por eso no paramos de darle vueltas a algo que sucedió hace tiempo sin poder evitarlo.
  • Pensar en el futuro nos sirve para planificar nuestras acciones y asegurarnos el éxito en la reproducción y la supervivencia. Por eso a menudo nos sentimos angustiados por algo que nos preocupa del futuro.

Es normal que suceda esto, pues el cerebro no para de generar pensamientos y maquinar problemas, pero tomando conciencia de esto comprendemos que los pensamientos no son hechos.

El cerebro también se ayudó de las emociones para facilitar conductas que aumenten las probabilidades de sobrevivir. Por tanto, es normal sentir emociones que nos llevan de manera automática a conductas y estados de ánimo que no nos ayudan a ser felices ni a encontrar calma en la mente, pero tomando conciencia de ellos podemos llegar a comprender el sentido y la función de la emoción.

En este curso aprenderemos a mantener la atención en los contenidos y procesos mentales:

En primer lugar aprenderemos a tomar conciencia de los pensamientos y emociones que hay en nuestra mente.

En segundo lugar, con el manejo de la atención, aprenderemos a no identificarnos con el contenido de la mente, de esta forma podemos llegar a ver pensamientos y sentir emociones manteniendo la calma.

En este curso aprenderemos a observar la resistencia que genera nuestra mente ante determinadas circunstancias de la vida y a darnos cuenta de lo poco útil y el dolor que produce resistirse ante las cosas que son inevitables.

 

 

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Estos son los 8 Principios Básicos que tienes que recordar… y practicar: Leer más