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por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster en Técnicas de Terapia Transpersonal y El Juego de la Atención. Para más información sobre su trabajo y los temas tratados, consultar las webs:

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Aunque las grabaciones emocionales conforman las paredes de nuestro confinamiento en el aquí y ahora, todo ello se monta alrededor de un núcleo. Busquemos este núcleo. Vamos a dedicarle tiempo al verdadero origen de todo ello: nuestro guion de vida, el verdadero sentido transpersonal.

Todos nosotros disponemos de una Herencia Genética y Espiritual.

Lo genético evidentemente viene dado por nuestros ancestros. Somos el resultado del encuentro y desencuentro de toda una multitud de personas, y toda esta gente, más el bagaje de todas sus vivencias, está dentro de ti, combinado de una manera especial y única.

Eres el producto final de un sin fin de “coincidencias” de parejas que se unen y procrean un nuevo Ser. ¡Al final de esta larga fila estás tú! Tanto lo que te gusta como lo que no de toda esta multitud de ancestros, todo ello está influyendo poderosamente sobre ti.

De la misma forma que una planta se nutre de sus raíces, nosotros igualmente recibimos toda la información de nuestros ancestros y todas las tendencias que luego nos toca manejar en nuestra vida, tanto a nivel físico como psíquico. Cuando investigamos nuestros ancestros encontramos muchas veces respuestas que no encontrábamos en nuestra historia personal.

Es ilustrativo la historia de una alumna cuyo problema con su pareja parecía insoluble, ya que le achacaba al marido (como tantas mujeres) gran desinterés por sus necesidades y una insoportable desatención.

Su madre, en cambio, tenia una marido súper atento y dedicado, lo que hacia todavía más inaguantable su situación, pues no conseguía evitar comparar a su marido con su padre.

Cuando montamos su árbol ancestral, se dio cuenta que tanto su abuela como su bisabuela además de todas las mujeres de la rama paterna, se habían casado con hombres que vivían “a su bola” y que eran muy descuidados con sus parejas y su familia. Al darse cuenta de que era una tendencia de su familia que ella había seguido, pudo ver al marido de otra forma y tomar responsabilidad por sus sentimientos en lugar de culpabilizarle continuamente.

Tal y como suele ocurrir cuando cambias tu enfoque, ¡a partir de ahí el marido empezó a darle más atención y a interesarse por sus cosas!

Por debajo de esta influencia general y poderosa de los ancestros está la más directa, la de nuestros padres, de quienes aprendemos nuestra forma de manejar el mundo, actitudes y comportamientos, así como ideas, prejuicios, puntos de vista, normas y demás.

Está claro que los padres a su vez también están totalmente influidos por el árbol familiar, siendo simplemente una continuación de todo ello.

Cada uno de nosotros está inmerso en su contexto familiar, influido por él y ejerciendo también nuestra influencia sobre la familia.

Podemos seguir todas estas tendencias o, por lo contrario, tratar de cambiarlas y renovarlas, lo que a su vez influirá sobre el conjunto familiar.

Hay otra consideración importante: todas las grabaciones personales que has sufrido están estrechamente relacionadas con los valores familiares. ¡Es como si fueran variaciones sobre el mismo tema! Como si tus vivencias personales formasen el capitulo siguiente del libro, totalmente vinculadas al contexto anterior. Aunque quieras ir por libre hay una correlación evidente con tus ancestros, como en el caso descrito anteriormente.

Pero me gustaría ir más allá. La pregunta es: ¿qué hay por detrás de todo esto? ¿Por qué razón he ido a caer en este núcleo familiar y no en otro, ¿Por qué me ha tocado este destino?

De aquí se deduce un Plan Espiritual. La herencia espiritual.

Es como si ya vinieras a este mundo con un Guión predeterminado, que corresponde a un tipo de culebrón específico y no a otro. Parece fijado de antemano aquello que has venido a hacer en esta vida y que alrededor de esta función específica se fuera montando todo lo demás: la familia, los acontecimientos personales y las grabaciones psíquicas que van a determinar tu forma de reaccionar a la vida. No al revés… Como si el origen de todo hubiera sido preparado en otro plano, en un lugar sutil e inaccesible, no aquí.

¡Luego todo lo demás se acopla alrededor de este rumbo ya previsto!

Hasta tus aptitudes, virtudes y  habilidades están relacionadas con aquello que has venido a arreglar, completar o compartir en esta vida. Te es dado lo que necesitas para llevar a cabo tu función.

¡Esta es tu Herencia Espiritual!

Esta herencia puede girar alrededor de los más diferentes aspectos: la autoestima y la capacidad de marcar limites a los demás y no perder tu centro. Puede girar alrededor de la parte material de la vida, aceptar estar aquí en el mundo físico y aprender a manejarte en él. O aceptar la espiritualidad… ir más allá de los conceptos sobre Dios que te han inculcado y abrirte a este mundo sutil que muchas veces niegas por miedo y desconocimiento.

Puede estar relacionado con aceptar las reglas de juego: que todo termina, que todo es pasajero y efímero y se trata de aprender a no apegarte a nada… ¡ni siquiera a tu propio cuerpo!

También puede estar vinculado con una labor social, de comunicación o el descubrimiento de cómo hacer la vida más amorosa de alguna manera personal o comunitaria.

Muchas veces se trata exclusivamente de transformar temas personales dolorosos profundamente arraigados en tu psiquismo y que ya toca trascender en esta vida.

Sea el que sea tu guión de vida, tu función, tu aprendizaje, es lo que te toca en esta vida y cuanto antes lo aceptes y honres, antes puedes vivir en armonía con la vida que te ha tocado. Es aceptar tu destino y sentirte bien y feliz… ¡nada menos!

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Si en tu infancia era placentero el cole, puede que ahora después de un descanso vacacional, te guste volver a tus actividades profesionales, tener acción y ocupación. Al contrario, si para ti el cole era duro y desagradable, a tu vuelta vacacional puedes estar apesadumbrado, triste o incluso deprimido. La forma de tomar las cosas tiene mucho que ver con tus memorias del pasado y el sabor que tenían para ti.

Felizmente, puedes “desaprender” todo lo que quieras y puedes encontrar formas nuevas de vivir.

La meta es poder pasar por todo sin que te afecte. Vivir todo lo bello que trae la vida sin crear una dependencia del placer, ni querer conservarlo eternamente.

La vida es cíclica y así son también los acontecimientos de la vida. Cada acontecimiento, hasta el más terrible, tiene un aprendizaje incorporado. Cuando aprendes lo que te quiso enseñar, la situación nunca más se presenta, porque no la necesitas y además, jamás la vivirás de la misma manera.

Siempre recuerdo una amiga que cada vez que iba a la playa se llevaba un pelotazo de los jugadores de raqueta. Una coincidencia molesta, incomprensible, hasta que un día decidió jugar ella  misma y lo disfrutó un montón. ¡Nunca más se llevó un pelotazo!

Entonces, vamos aprovechar la ocasión para vivir la vuelta “de lo que sea” de una manera nueva, más rica, más nutritiva, más divertida!

Para de leer un instante y busca cómo enfocar tu mente de una forma distinta, viendo esta vuelta a casa como una ocasión maravillosa para hacer tu casa todavía más acogedora y alegre, para llevar a cabo proyectos, mejorar tu rutina, hacer más amorosa y amable tu relación con tu pareja, con tu familia, con tus animales; ensalzar tu día a día con cosas que nunca te atreviste a hacer antes.

No sigas leyendo. ¡Hazlo ahora!

Recuerda que tu forma de ver las cosas viene de tus grabaciones del pasado, que han formado tu “pseudo-yo”. Es tu parte automatizada, que reacciona siguiendo las memorias que todavía están vivas dentro de ti. También están vivas en tu cuerpo, que recuerda todo, ¡hasta aquello que tu memoria no alcanza a recordar!

Esto comienza en el útero de tu madre. En realidad ya antes, en el momento de tu concepción. Muchos terapeutas afirman, no sin razón, que tomas decisiones importantísimas para tu vida antes de nacer. A través de tu cuerpo puedes revivir recuerdos inalcanzables para la memoria intelectual. Todo esto te está influyendo. ¡Y tú sin saberlo!

Es importante que sepas que también se pueden dar grabaciones en la edad adulta. En un momento inesperado, las defensas que has construido para defenderte de todo lo doloroso que te ha pasado, caen de golpe, y te vuelves a sentir indefenso, como cuando eras niño/a.

Cuando te llevas un susto fuerte, cuando sufres un shock emocional o cuando te llevas un golpe físico importante, todo el esquema protector del adulto se viene abajo y se fija una nueva grabación. Un ejemplo típico son operaciones, accidentes, golpes, traiciones sentimentales.

Siempre que te pilla desprevenido/a una sorpresa chocante, tu escudo se esfuma como por arte de magia y vuelves a grabar la experiencia, pues tu sensibilidad sigue ahí, intacta todo el tiempo.

Las grabaciones se mantienen vivas de varias maneras. Una de ellas son las imágenes mentales. Son los símbolos a los que se aferran los recuerdos para no desvanecerse. Tanto las imágenes de cosas que te han pasado aquí en el mundo físico, como las imaginarias, que dan forma a tus miedos y temores, están influyendo sobre ti.

Pero las noticias son buenas: todo esto lo puedes quitar de tu mente. Puedes dejarla limpia y pura, abierta a lo que la vida te pueda traer.

Más allá de todo esto, lo que importa de verdad es la vuelta a nuestra verdadera Casa. A nuestra verdadera naturaleza esencial.

Cada vez que neutralizas una memoria que te tenia encadenado/a a ella, surge espontáneamente una parte luminosa de ti, de tu Ser real, el que está siempre en conexión con algo mayor que el mundo físico. Cada grabación constituye un alejamiento de lo que eres realmente, una separación de tu hogar, de tu estado natural de bienestar, de levedad. Es una puerta cerrada que te separa del amor, al que tienes todo el derecho.

Por esa razón, cada grabación que eliminas de tu mente y de tu corazón, cada sensación corporal desagradable que abandona tu cuerpo, cada reacción indeseada que sale de tu repertorio, te va acercar más y más a ti mismo. ¡A tu Casa!

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Un inmenso océano, misterioso, fascinante, insondable, con el poderío hipnótico del que guarda en sus entrañas tesoros y tragedias, precipicios inimaginables y formaciones de una belleza estremecedora, seres con mil formas caprichosas, especies conocidas y desconocidas, esa potencia vertiginosa que fascina y atemoriza… es la imagen que brota en mi mente, cuando pienso en el Gran Inconsciente. Una mezcla de fascinación y respeto, temor y admiración. Algo grande, inconmensurable, que me atrae y me asusta al tiempo…

Aunque el término “inconsciente” tiene diferentes significados, esta palabra evoca en mi mente su acepción psicológica, el término que Freud consiguió encajar en el lenguaje del hombre de la calle. Pero si preguntas a alguien sobre su significado, probablemente pondrá una cara de circunstancias, mientras escudriña su mente en busca de una definición que le cuesta encontrar… ¿cómo definir algo tan abstracto?

A mí tampoco me resulta fácil explicar algo que no tiene una forma reconocible, ni un lugar exacto de ubicación. Sólo puedo afirmar que conozco su fuerza y los efectos de esa fuerza. Creo conocer su manera de empujarme hacia adelante y crear todo aquello que necesito para la evolución del alma y de la consciencia. Una vez que constaté su existencia, mi atención quedó cada vez más atrapa y fascinada por esta fuerza abstracta, pero presente y detectable. Descubrir sus huellas y su forma particular de guiar mis actos y reacciones, pasó a ser una práctica diaria.

Es verdad que a veces me empuja hacia sentimientos o impulsos claramente destructivos, inconvenientes, rechazados por mi mente y mi ética. Pero investigando en el pasado y reconociendo las imágenes y recuerdos que se quedaron grabadas en mi mente, pude ver que respondían a experiencias que habían sido dolorosas o que habían tenido consecuencias atroces. Aquella vez en que me había atrevido a manifestarme y acabé ninguneada, incomprendida, castigada o rechazada, hizo que algo de dentro me obligara a callarme cuando yo quería hablar. Una mala experiencia amorosa que me había dolido en el fondo del alma, ahora me hacía evitar a alguien que me atraía, con quien deseaba estar. Una iniciativa del pasado que había resultado en fracaso, hacía que ahora mis pasos quedaran frenados cuando quería iniciar algo nuevo e ilusionante. Una injusticia tragada en el pasado hacía ahora que brotara de mi ser un resentimiento, una rabia o una necesidad de venganza irrefrenable.

Y todas las veces que había tragado sapos y culebras, hacía que ahora perdiera el control en el momento menos adecuado, incapaz de actuar con firmeza y cordura. Iras no deseadas que era incapaz de frenar, alimentadas por impulsos oscuros. Pulsiones que brotaban de la profundidad de mi océano interior, a veces con consecuencias nefastas para mi vida y mi relación con las personas a las que quiero y amo. Al final, remordimiento, reproches, dolor, separación…

Analizando más profundamente estos comportamientos, llegué a la conclusión de que en su esencia, ¡eran impulsos que tenían la intención de protegerme de dolores experimentados en el pasado! Actitudes que cortaban mi energía vital y mis añoranzas, pero que me protegían de correr el peligro de volver a vivir un dolor agudo insoportable, experimentado en una vivencia anterior. ¡La intención verdadera de esta fuerza que brotaba de mis entrañas más profundas y me coartaba, era protegerme! Protegerme de un sufrimiento y un dolor que habían roto mi corazón en el pasado… Un aprendizaje hecho de experiencias antiguas, que no quería repetir aquel sufrimiento. ¡Era una fuerza amiga!

Al darme cuenta de esto, empecé a recordar todas las veces en que el impulso había sido constructivo, coherente y sano. Eran muchas veces. Muchas veces me había salvado de situaciones hasta peligrosas, por una intuición que venía no sé de dónde, por un pensamiento no racional que había evitado una situación dolora y verdaderamente problemática. Decididamente, esta fuerza de origen desconocido, tan poderosa e indomable, no paraba de mostrarse y además ¡estaba a mi favor!

Intuía que era la fuerza misma de la vida, que se manifestaba así. También me di cuenta de que cuando me frenaba (para protegerme), era porque tenía datos obsoletos, que ahora ya no tenían validez, pero que fueron muy importantes en su día. Como brotaba tan de dentro y con tanta fuerza, nunca me había parado a analizar su origen y su función. Parecían venir de un lugar desconocido, pero ante un análisis tan profundo, me di cuenta de que estaban íntimamente ligados a mis experiencias de vida.

Lo entendí como la fuerza de la vida actuando a través de mí, poseyéndome. Era una fuerza beneficiosa, que me protegía y guiaba a su manera. Me di cuenta también de que podía actualizar esos datos con lo que sabía ahora, de tal manera que los impulsos que brotaran de dentro pasaran a ser siempre beneficiosos. Y si no lo eran, era porque algo todavía necesitaba ser ordenado. Era la tarea que me tocaba, personal e intransferible.

La puesta a punto iba a permitir que lo nuevo (por lo visto peligroso emocionalmente, con la información que tenía mi mente hasta ahora) pudiera ser vivido sin resistencia. En otras palabras, con un trabajo de limpieza emocional sistemática y consciente, esta enorme fuerza interna iba a ayudarme a vivir sin miedo aquello que anhelaba y necesitaba. Había sido un freno basado en el miedo, ahora podía convertirse en un acelerador y un facilitador.

Esta idea me hizo ver la vida de otra manera. La fuerza vital había pasado de enemiga o al menos, de una amiga que te puede traicionar, a una amiga de verdad. Esta enorme grandeza que veía en el mar estaba dentro de mí, ¡en mi interior! Pasé a sentirme acompañada y protegida por la vida. Algo importante cambió; podía disfrutar de lo bello y placentero y podía usar lo desagradable o doloroso como un aprendizaje útil y necesario.

También me di cuenta de que aunque este enorme poder inconsciente es amigo, hay que transitar por él con el máximo respeto, paso a paso y sin creer que estás en posesión de ninguna verdad especial. Es asequible a todos, pero el permiso para adentrarse en este ámbito poderoso es dado milímetro a milímetro, con la obligada consciencia de que eres una pequeña y humilde pieza de algo infinitamente mayor que tú, que al tiempo te necesita para completarse.

Freud hablaba del inconsciente personal, Jung del inconsciente colectivo. Me viene la metáfora de internet, ubicada como el inconsciente colectivo en un lugar intangible pero accesible desde tu ordenador, tu inconsciente personal, que al tiempo tiene también su propia programación. Y todo ello diseñado para tu evolución como ser humano, como mente y como alma.

Caí en la cuenta de que sin saberlo conscientemente, llevaba año tras año en la creación de un profundo trabajo personal de limpieza interior, de ordenación y actualización emocional basada en el gran poder de nuestra mente: la atención. El Juego de la Atención: la forma en que usamos este don.

Es la gran herramienta de la que disponemos los seres humanos. Nos permite alinear nuestro ordenador personal con el gran poder, el gran océano, que está dentro y fuera, poderoso, amigo y en permanente creación.

por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

Para información: Web “Meditación Mente-Corazón”

 

El triunfo y la “moda” del mindfulness en estos últimos años se debe a un factor fundamental: la ciencia.

El mundo occidental ha tomado las prácticas milenarias del budismo y de filosofías orientales y las ha pasado por el tamiz científico; tras unas semanas de práctica diaria de meditación hay cambios físicos en nuestro cerebro comprobado con técnicas de neuroimagen. Pero, ¿sirven para algo estos cambios?

Por otro lado se ha demostrado su eficacia terapéutica y está incluido en las técnicas de intervención psicológica de tercera generación, pero ¿qué efectos pueden tener esos cambios cerebrales para lograr mayor bienestar y en mi felicidad?

Antes de responder a estas preguntas quizá deberíamos preguntarnos por qué no somos felices, cual es la razón por la que nuestra vida viene acompañada de sufrimiento. Al reflexionar sobre nuestros momentos de sufrimiento a lo largo de la vida observamos que en su mayoría vienen originados por conflictos en las relaciones personales, por determinados fracasos, por el miedo a sentirnos excluidos, por no sentirnos especiales y en ocasiones por no sentirnos valorados por los demás. En definitiva el sufrimiento viene, en su mayoría, de expectativas no cumplidas; es nuestra interpretación sobre lo que sucede y la creencia sobre lo que debería suceder, la causa que subyace bajo el sufrimiento, y con ello podríamos deducir que es nuestra propia mente la que nos hace sufrir y no los hechos en sí mismos.

El hecho de comprender la causa del sufrimiento nos ayuda pero no impide que sigamos sufriendo. Es necesario entrenarnos en la observación de nuestros contenidos y procesos mentales y aprender a no identificarnos con ellos.

El mindfulness es poner atención plena a lo que está ocurriendo en mi mente, es contemplar los pensamientos y emociones desde cierta distancia pudiendo observar así el dolor, la rabia, la envidia o lo que sea que haya en ese momento en mi mente sin identificarnos plenamente. Algo parecido a observar desde la calma de la profundidad el oleaje de la superficie.

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por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

Si creemos que es la interpretación de la mente la que nos hiere y nos daña y no la realidad en sí, parecería lógico pensar que la solución es reprimir las emociones y pensamientos que nos dañan y que dañan a otros; sin embargo la represión no consigue eliminar la emoción ni el pensamiento negativo, lo que suele suceder es todo lo contrario: la emoción negativa emerge de nuevo intacta o con más fuerza que antes.

La mayoría de nosotros hemos intentado reprimir muchas de las cosas que no nos gustan de nosotros mismos en algún momento y hemos comprobado que apenas se consigue una ligera mejoría. Requiere un enorme esfuerzo luchar contra ellas porque es luchar contra el inconsciente más profundo, contra los condicionamientos que el cerebro ha ido adquiriendo durante toda nuestra vida. Pasado un tiempo el esfuerzo nos deja agotados. Luego, al no conseguir eliminarlas, vienen la culpa y la vergüenza.

Parece una meta imposible de alcanzar sin alternativas para llegar: o daño a otros dando vía libre a la emoción o la reprimo (si lo consigo) y me daño a mí. La solución parece estar en tomar conciencia de lo que ocurre en mi mente. Comprender que lo que sucede es producto de los condicionamientos de mi cerebro produce una gran liberación. Además, el hecho de tomar conciencia de lo que sucede hace que la propia emoción pierda fuerza poco a poco por sí misma. Permitir que ocurra es lo que produce la transformación de la emoción sin dañar a nadie ni a mí mismo.

La emoción siempre tiene una expresión en el cuerpo, si aprendemos a sentirla y a identificarla aprenderemos también a reconocer la emoción desde su inicio, a comprender su función y, en definitiva, a manejarla y a empezar a utilizarla en nuestro propio beneficio… y en el de los demás.  

MENTE Y CORAZÓN

por Elena García Quevedo, periodista y escritora

Vivimos una crisis sistémica de identidad individual y colectiva, de cambio de paradigma, donde todo parece estar en jaque o poder venirse abajo en cualquier momento. José Luis Sampedro definió el momento que atravesamos “como la crisálida. En el mismo momento en el que desaparece el sistema gusano se crea el sistema mariposa. Pero es imposible que la mentalidad de gusano pueda construir el mundo mariposa.” (Voces sabias. El arte de vivir en tiempos de cambio, de Elena García Quevedo. Ed. Paidós.)

Asistimos a una verdadera revolución de las mujeres que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida y en la mayoría de los países occidentales. La huelga general por la igualdad celebrada el 8 de Marzo movilizó a millones de personas, las manifestaciones pacíficas contra la política de Trump organizadas por mujeres o las innumerables redes tanto profesionales como privadas creadas por mujeres que trabajan para propiciar un cambio social son solo algunas de sus caras.

El efecto más inmediato de este momento crisálida y de las dimensiones del movimiento femenino es que muchas personas ven en las mujeres el potencial para guiar el cambio necesario de la dirección actual, que lleva a la humanidad hacia la autodestrucción; busca encontrar en las mujeres respuestas para crear nuevas formas en todos los ámbitos: política, economía, educación, arte, arquitectura, etc. “El mundo se salvará gracias a las mujeres de Occidente”, argumentó el propio Dalai Lama. Sin embargo, en principio, nadie sabe cómo. A juzgar por las cifras de violencia machista, el techo de cristal o el número de mujeres que alcanzan los puestos de mando, esto no parece tan fácil.

Que la mujer pueda cambiar el rumbo de la humanidad choca contra el propio patriarcado, que va más allá del machismo, y dicta las claves personales tanto de hombres como de mujeres, los modelos globales y hasta la propia forma de relación de la humanidad con el planeta. “El patriarcado es una creación histórica elaborada por hombres y mujeres (…) Ese pensamiento, nos han enseñado los hombres, ha de partir de la eliminación de los sentimientos (…) Las mujeres han aprendido a dudar de sus experiencias y a devaluarlas.”, afirma Gerda Lerder en su libro La creación del patriarcado.

El efecto más directo del patriarcado es la llamada “herida femenina” que se traduce en violencia machista, desigualdades sociales e injusticias vinculadas al género; en valorar lo masculino por encima de lo femenino y hacer del antropocentrismo la medida con la que se ha construido el mundo actual y desde la que se vive. Pero también se traduce en la forma de relacionarse la humanidad con el planeta donde tanto mujeres como hombres sufrimos las consecuencias.

Tomar conciencia en profundidad del patriarcado, que – insisto – va mucho más allá del machismo, y alcanza todos los niveles de la vida privada, pública y común es clave para poder trabajar desde el equilibrio de género. Contar con las herramientas de pensamiento, emoción y acción para intervenir en colectivos, instituciones, empresas y agentes socialmente activos es vital. Descubrir referentes en la historia, la psicología o la antropología e incluso liderazgo permitirá proponer caminos y posibles vías de equilibrio. Pero lo más importante es abrir la puerta al imaginario de igualdad social con el conocimiento profundo y el respeto de la diferencia personal para, desde ahí, provocar el cambio personal, educativo y social.

Cabe destacar que el cambio de paradigma, que muchas personas vinculan al llamado “despertar femenino”, va más allá del género y afecta a hombres y mujeres. Se trata de un viaje hacia el equilibrio entre lo racional y lo emocional, lo masculino y femenino, en busca del equilibrio de la mente y el corazón, del “siguiente paso en el desarrollo de la humanidad”.

sueños

Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa: adivínala.

Tras el vivir y el soñar está lo que más importa: despertar.

Antonio Machado

 

LA SABIDURÍA SOBRE LOS SUEÑOS Y EL TRABAJO TERAPÉUTICO

El uso de los sueños con fines terapéuticos acompaña a la humanidad al menos desde que ésta emplea la escritura. A lo largo de seis mil años los seres humanos hemos indagado sobre nuestra conciencia a través de los sueños. Caldeos, indios, egipcios, griegos… pueblos de los cinco continentes. Todas las escuelas psicológicas y terapéuticas – el psicoanálisis freudiano y junguiano, la terapia gestáltica y la neurociencia – han investigado los sueños. Todas las civilizaciones y psicologías, sin excepción, han comprendido la importancia de los sueños como el mejor método de conocer nuestro inconsciente y nuestras motivaciones desconocidas para actuar en la vida.

El trabajo terapéutico con los sueños es heredero de esta sabiduría universal. Este trabajo emplea métodos solventes y herramientas del saber humano para conocer los sueños y poder trabajar con ellos. Los sueños pueden trabajarse con rigor más allá de los prejuicios, la escuela o la ideología del terapeuta. Este es el principio que rige nuestra investigación a lo largo de los años y que fundamenta la formación que ofrecemos. Conocer el lenguaje de los sueños faculta al profesional de la psicología, la psiquiatría o al terapeuta para poder afrontar mejor su trabajo.

 

EL EMPLEO DE LOS SUEÑOS EN CONSULTA

El terapeuta o psicólogo que emplea en su trabajo los sueños acompaña al consultante mediante la escucha, la recolecta o la incubación de sueños. A través de los sueños el consultante establece un diálogo consigo mismo que es facilitado – nunca dirigido – por el terapeuta.

Es importante tener en cuenta que ninguna de las escuelas psicológicas posee la verdad sobre los sueños. En la terapia de sueños se deben combinar métodos asociativos, simbólicos, psicoanalíticos y gestálticos con herramientas de actuación como son la mayéutica, la actuación del sueño y sus partes, la imaginación activa, la conciencia corporal del sueño…

No existe una única interpretación de los sueños porque son polisémicos y sus verdades deben ser trabajadas en función de las necesidades del soñante. El trabajo terapéutico con los sueños es un saber que emplea distintos métodos y que requiere rigor, método, sensibilidad, atención y empatía.

El trabajo con los sueños genera un proceso en el que el consultante conoce sin censuras cuáles son sus deseos, sus apegos, sus pulsiones, sus virtudes y sus posibilidades. El terapeuta lo acompaña y le ayuda a encuadrar ese trabajo en una terapia existencial enfocada al crecimiento personal o a la desaparición de dificultades, síntomas o carencias personales.

El trabajo del terapeuta que emplea los sueños es un trabajo que se sitúa entre lo inconsciente y lo supraconsciente, respetando siempre a la persona y su destino o yo esencial.

El trabajo con los sueños ayuda al consultante a situarse en la vida sabiendo por qué actúa, cómo actúa y para qué actúa. Ello le permite ver sus necesidades y sus límites y facilita la integración de su personalidad.

Trazando el relato personal, el mapa emocional y simbólico del consultante con la ayuda de los sueños somos capaces de saber cómo se percibe el consultante y hacia donde se encamina. Y ahí comienza nuestra labor: acompañarle en el viaje de la salud.

La formación introductoria para el trabajo terapéutico con los sueños es fruto de años de investigación rigurosa y dota a los alumnos de diversas competencias como la comprensión del fenómeno de los sueños desde la neurociencia, el empleo de herramientas básicas y metodologías para la terapia con sueños o la destreza de comprender los propios sueños como fundamento para trabajar con los demás.

 

QUÉ APORTA EL TRABAJO TERAPÉUTICO CON SUEÑOS

El trabajo terapéutico con sueños facilita el autoconocimiento, permite la comprensión de los sueños, libera emociones, regula el descanso, reduce las pesadillas, ordena los procesos imaginarios, ayuda a reparara desequilibrios psíquicos causados por abuso de sustancias visionarias y adicciones, orienta la búsqueda del sentido de la vida, atempera la neurosis, mejora la autoestima, integra la personalidad y acompaña el crecimiento personal.

 

 

por Javier Esteban, psicoanalista y profesor de hermenéutica de sueños. Colaborador en el Máster de Terapia Transpersonal

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por César Rodríguez Espinel, mitólogo

Si hay una imagen que nos debe venir a la cabeza cuando oímos hablar de mitología, es ésta: el Mito de la Caverna, un relato que nos regala Platón en el Libro VII de su República. Éste es el mito por antonomasia y uno de los mejores ejemplos de pensamiento simbólico que podemos encontrar. Todos conocemos este relato, quien más quien menos lo recuerda de sus clases de Filosofía en el instituto. Pero debemos tener cautela con la palabra “mito”. Generalmente uno ve que numerosas universidades ofrecen cursos y seminarios de mitología e iconografía que parecen aptos sólo para unos pocos alumnos de Humanidades. Y esto no deja de ser cuanto menos sorprendente, ya que todo lo que quiero decir se resume en esto: la mitología es un conjunto de relatos simbólicos. El símbolo configura un lenguaje que nos ayuda a entender el pasado, y es un lenguaje muy concreto: el poético, el metafórico. El ser humano necesita completarse, eso está más que claro, y parece que para completarnos necesitamos ese tipo de pensamiento simbólico/metafórico/poético.

El Mito de la Caverna no es sólo la teoría del conocimiento de Platón, pues en este relato el filósofo no cierra ni tampoco explica las cosas. ¿Por qué? Porque las interpretaciones de un mito (y de los símbolos que encierra) son infinitas, ya que el símbolo nos religa con algo trascendente, y lo trascendente tiene infinitas interpretaciones para cada uno. Un símbolo jamás llega a conocerse completamente, hay que convivir con él porque constantemente se actualiza y nos devuelve una información, del tipo que sea (emocional, mental, espiritual…). Si dejamos el símbolo anclado en el pasado y le impedimos evolucionar, perderá su sentido como enlace con lo trascendente.

Teniendo esto claro, podemos acceder al quid de la cuestión. Recordemos brevemente lo que nos dice el mito. Cuenta Platón que había una caverna en la que estaban unos hombres encadenados, por los tobillos y por el cuello, de espaldas a una pared. No veían la pared, sólo veían el muro de la caverna delante de ellos. Detrás de la pared (y de ellos mismos), unos hombre y mujeres pasaban llevando objetos sobre sus cabezas, y detrás de ellos les iluminaba un fuego. Ese fuego emitía una luz que iluminaba los objetos que movían esas personas sobre sus cabezas, proyectando sus sombras sobre el muro de la caverna. Los hombres encadenados piensan, lógicamente, que esas sombras son la realidad. Porque además los objetos se mueven. Y las personas que llevan los objetos hablan, por lo que los cautivos piensan que son las sombras las que hablan. Los encadenados están siempre ahí, mirando esa especie de cine todo el tiempo. Y están convencidos de que ésa es la realidad.

Pero, de repente, algo ocurre. El hecho mágico que da lugar a todas las transformaciones: uno de los hombres encadenados es de repente liberado. Uno podría pensar que qué bien, cadenas fuera, es libre por fin. Pero nada más lejos de la verdad. Aquí empiezan los problemas. Porque vivir de la otra forma es muy fácil y cómodo: quedarse sentado a ver qué sombras vienen y qué sombras se van, qué bien la vida, qué mal la vida… Pero de repente llega alguien y te dice: “no, no, no te quedes ahí sentado. Levántate y anda”. Claro, entonces el hombre se levanta, da la vuelta al muro y se da cuenta de que esas sombras no son la realidad. Que se parecen mucho porque son una proyección en una pared como consecuencia del fuego. Que es luz. Y la luz se proyecta sobre los objetos y justamente lo que no deja pasar la luz configura el contorno de lo que crees que es la realidad, es decir, una ausencia de luz. Metáfora bellísima.

Pero la cosa no termina aquí, porque el hombre descubre que puede salir de la caverna. Y que el fuego no es la verdadera fuente de luz, hay una que es mucho mayor: el Sol. Y esta metáfora es posiblemente la más importante, porque hay dos fuentes del luz. Platón los distingue con el fuego y el sol. En la Biblia, el libro del Génesis 1:3 se recoge la famosa frase:

Entonces dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”

Sin embargo, son muchos los lectores de la Biblia que se sorprenden cuando leen versículos después (1:16) que Dios creó el Sol y la Luna. ¿Qué es esa luz que Dios crea el primer día y que separa la luz de las tinieblas cuando el día y la noche aún no han sido creados? Son los dos mismos tipos de luz que en Platón. Esa “luz primera” del Génesis es el sol de Platón, el Conocimiento único. El sol físico del Génesis se convierte en la luz intelectual, el fuego de Platón. Este fuego nos dice la “mentira”, pero es necesario para acceder al Sol. Pero Platón insiste: cuidado, no le fue nada fácil al ex-cautivo salir de la caverna, porque no estaba acostumbrado a esa luz, al Conocimiento. De hecho no puede ver, así que se va colocando poco a poco a la sombra de las cosas. Un poco más adelante ve la realidad (esta vez sí) a través de su reflejo en el agua. Y poco a poco va siendo capaz de mirar directamente los árboles, las rocas o los animales hasta que es capaz de contemplar el mismísimo Sol.

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Podríamos decir que el ex-cautivo ha alcanzado la Iluminación, el Nirvana, el Conocimiento único. Vale, pero ¿y ahora qué? Esa pregunta la dejaremos para otra ocasión…

por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta web: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

“Meditación no es lo que piensas”, me dijo un maestro de yoga hace muchos años, cuando empezaba a interesarme por ella.

Meditar es estar atento…

… estar atento en cada momento que sucede en mi vida, en cada actividad, en cada estímulo que excita mis sentidos, en cada bocanada de aire que entra en mi cuerpo, en cada palabra que acaricia mis oídos, en cada palabra que me hiere, en cada cosa que me sucede, en cada situación de injusticia que me toca vivir…

Por tanto, meditar no es sentarse en una postura sobre un cojín para cerrar los ojos y reflexionar sobre algo, no es sentarse a perdonar ni a proponerse ser mejor persona, ni a reprimir las emociones que me hacen daño. Sin embargo, para llegar a la atención plena en cada momento de mi vida, la sentada es un entrenamiento necesario. La sentada me ayuda porque facilita la atención si dedico unos minutos en exclusiva a observar mi mente, es más fácil aprender a estar atento si no tengo estímulos externos.

Meditar no es una actividad más, es ser uno mismo observando lo que hay, es aceptar lo que aparece, es estar atento, es observar el dolor, la tristeza, la alegría y las cosas que suceden en mi mente pero desde otra dimensión distinta a lo acostumbrado, es dejar de identificarte con la mente que siempre anhela algún deseo nuevo, la que casi siempre quiere que las cosas sean distintas de como son.

 

¿PARA QUÉ LA MEDITACIÓN?

Llevamos una vida acelerada, con un nivel de exigencia como nunca antes en la Historia, la mente se siente presionada para dar la talla que exige la sociedad, para dar y dar, no parar, compaginar la vida familiar, la social, la profesional… esto genera estrés, ansiedad, infelicidad y en muchas ocasiones psicopatologías o enfermedades mentales.

La Atención en la Respiración

Un tipo de meditación que puede ayudar a calmar nuestra mente es atender la respiración. La respiración está controlada por un sistema nervioso autónomo, de manera que ocurre espontáneamente sin que yo tenga que ocuparme de ella. Sin embargo, también puede ser un acto voluntario y puedo intervenir en él, si lo deseo. Si observo un poco la respiración cuando estoy agitado, me daré cuenta de que ésta también está agitada; y sin embargo cuando estoy relajado mi respiración también transcurre lenta y pausada. Es una suerte que también tenga un efecto recíproco, es decir, si intervengo en mi respiración, puede tener un efecto relajante en el sistema nervioso. Esto es un tesoro que llevamos dentro: la posibilidad de poder darme cuenta de mi estado de ansiedad o de estrés y poder trabajarlo desde la respiración, simplemente siendo consciente de ella y haciéndola más lenta y profunda, ablandando y tranquilizando la tensión.

La respiración abdominal es muy completa, si intervengo y la ralentizo, empezaré sintiendo tranquilidad. Por otro lado la respiración puede ser objeto de mi atención: como siempre la tengo a mano, puedo concentrarme en ella cuando quiera y me ayuda a mantener mi atención.

La Actitud

La actitud hacia mi mente debe ser amable, puedo esbozar una sonrisa interior que me ayudará a contemplar la mente sin juzgar ni castigar lo que aparezca, es importante entender que no se trata de reprimir, ni cambiar las emociones negativas, es aceptar y contemplar lo que hay.

Hay muchas maneras de meditar y el objeto de la meditación puede ser el propio cuerpo, la mente, una emoción, un sonido…

 

EJEMPLO DE MEDITACIÓN

  • Desarrollo de la Atención

Esta meditación es un buen ejemplo para iniciarse en la práctica, ayuda a un entrenamiento de la atención:

Siéntate cómodamente y encuentra tu postura, tómate un tiempo, no hay prisa, este es el único momento que existe. Ahora lleva tu atención al pie izquierdo, nota qué sientes, no lo analices, sólo siéntelo. Sube por la pantorrilla hasta la rodilla, detente unos instantes, siente si hay dolor o tensión, si lo hay, corrige la postura. Lleva tu atención al otro pie y haz lo mismo. Una vez que llegues a la pelvis continúa, céntrate en tu abdomen, relájalo si es necesario, siente cómo se mueve por el efecto de la respiración. Ahora recorre tu espalda, poco a poco, hasta las vértebras cervicales. Se trata de hacer un suave recorrido por tu cuerpo, para aprender a escucharlo y para desarrollar la atención; cuando pierdas la atención vuelve a donde lo dejaste, no te juzgues, tu mente sólo hace su función… Déjala, vuelve y vuelve una y otra vez cada vez que te distraigas…

Ahora recorre tus brazos, desde una mano hasta el hombro, siente la piel, el frío o el calor, concéntrate en tus sensaciones pero no te enredes, da igual lo que sientas o lo que pasa, sólo siente…

Al llegar a la cabeza, concéntrate en la piel que recubre  el cráneo, ¿hay cosquilleo? Ahora profundiza hasta el cráneo… ¿Puedes ir más allá? ¿Puedes sentir el cerebro? ¿Qué es en realidad? ¿Percibes el cosquilleo de la circulación sanguínea? ¿Notas algo que acompase el ritmo de la respiración? Siente, siente….

Ahora siente tu respiración, empieza por donde quieras, por las fosas nasales poniendo tu atención en el aire fresco que entra, o en el abdomen, en su movimiento de vaivén en la respiración…

Quédate… sin prisas, estás probablemente sintiendo relajación, nada ni nadie te lo ha dado, has sido tú, con tu decisión de llegar hasta aquí, está siempre disponible para ti, siempre, siente el sosiego que hay ahí, siente la paz de no engancharse al pensamiento: es como no pensar, abandona el pensamiento, no lo reprimas, si llega míralo y observa como entra y como se va, no te secuestra, lo observas, sonríes… Estás bien.

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Para que no se quede en un mero ejercicio intelectual, vamos a realizar algunas prácticas vivenciales, que nos permitan auto-experimentar y ahondar en la INTROSPECCIÓN.

La llave está en no hacerlo como una obligación pesada, sino enfocarlo como un placer, como un momento de relax y de nutrición. Estés o no de vacaciones, estés en el trabajo, en la ciudad, trata de mantener esta actitud mental. Es un momento de calidad para ti. Todo tiene una razón y todos los momentos son perfectos para el aprendizaje.

Sea cual sea tu circunstancia, sigue adelante. Toma nota en tu diario personal de las dificultades que puedas estar teniendo y también de las dudas que puedan surgir.

Vamos a aprovechar cualquier reacción emocional que tengas durante el día y trabajar con ella. La vas poniendo en orden cronológico, poco a poco. Sin ninguna prisa, ni ningún objetivo que te presione, ve recabando la información de todo lo significativo que te contaron tu madre y tu padre durante tu gestación, o lo que vayas recordando de forma natural.

Luego, busca un rato en que puedas estar tranquilo/a y en que nada te vaya a interrumpir. Preferentemente, échate en la cama boca arriba, abriendo bien el pecho. Respira unas cuantas veces muy profundamente, para soltar cualquier expectativa, cualquier idea o preocupación que te ronde… date el tiempo necesario para sentirte completamente en paz. Si te apetece, arrópate con una sábana o con una mantita.

Ahora, conecta con la sensación (que se encuentra almacenada en algún rincón de tu psique) de estar en el útero de tu madre. Colócate en posición fetal y deja la mente en blanco, sólo pon atención en las sensaciones corporales. No tengas prisa en sentir nada y tampoco quieras dirigir lo que va a acontecer. Simplemente, ábrete a la experiencia. Que ocurra sola.

Cuando comiences a sentir esta sensación de recogimiento dentro del útero de tu madre, deja que pasen por tu cabeza las circunstancias por las que pasó tu madre durante tu gestación.

Recuerda lo que le pasó y luego toma conciencia de cómo esto te ha afectado.

Hazlo de episodio en episodio, dándole a cada uno el tiempo necesario para experimentar lo que sintió tu madre y luego cuál fue el efecto que experimentaste tú. Sin prisas.

Cuando hayas recorrido los acontecimientos significativos de estos 9 meses, recoge la sensación final que te quedó en el cuerpo. Y lo vas escribiendo en tu diario personal, con el orden que te apetezca, sin reglas ni responsabilidades, que no sea una tarea más a realizar, como tantas otras que inundan tu vida cotidiana. Tiene que ser algo fluido, liviano, que te apetezca, que quieras contactar íntimamente contigo mismo/a y con tus memorias corporales.

Realiza de forma espontánea una síntesis de todo cuanto vaya surgiendo en tu memoria… Siente si la escena que acontece es placentera o no. Y si te resulta familiar.

Ten en cuenta que esta situación seguramente está presente en muchos momentos de tu vida, a veces te acompaña de seguido y que puede reaparecer cuando menos te lo esperas… Apunta tus conclusiones en tu cuaderno.

 

Procura repetir el ejercicio anterior, metido en el agua de la bañera. O mar, río, lago, piscina que tengas en tu vida. Vuelve a alcanzar aquella sensación corporal final y luego trata de que el agua te lleve más allá… que diluya cualquier residuo corporal desagradable de tu gestación y que te transporte a una dimensión mayor: como si estuvieras en el útero del Universo, del Todo…

Puedes repetirlo tantas veces como te apetezca. La sensación de ser acogido, recogido, arropado por la misma Creación. Deja que esa sensación se impregne bien en tu cuerpo y en tu recuerdo. ¡Disfruta de ello!