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por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

Para información: Web «Meditación Mente-Corazón»

 

El triunfo y la «moda» del mindfulness en estos últimos años se debe a un factor fundamental: la ciencia.

El mundo occidental ha tomado las prácticas milenarias del budismo y de filosofías orientales y las ha pasado por el tamiz científico; tras unas semanas de práctica diaria de meditación hay cambios físicos en nuestro cerebro comprobado con técnicas de neuroimagen. Pero, ¿sirven para algo estos cambios?

Por otro lado se ha demostrado su eficacia terapéutica y está incluido en las técnicas de intervención psicológica de tercera generación, pero ¿qué efectos pueden tener esos cambios cerebrales para lograr mayor bienestar y en mi felicidad?

Antes de responder a estas preguntas quizá deberíamos preguntarnos por qué no somos felices, cual es la razón por la que nuestra vida viene acompañada de sufrimiento. Al reflexionar sobre nuestros momentos de sufrimiento a lo largo de la vida observamos que en su mayoría vienen originados por conflictos en las relaciones personales, por determinados fracasos, por el miedo a sentirnos excluidos, por no sentirnos especiales y en ocasiones por no sentirnos valorados por los demás. En definitiva el sufrimiento viene, en su mayoría, de expectativas no cumplidas; es nuestra interpretación sobre lo que sucede y la creencia sobre lo que debería suceder, la causa que subyace bajo el sufrimiento, y con ello podríamos deducir que es nuestra propia mente la que nos hace sufrir y no los hechos en sí mismos.

El hecho de comprender la causa del sufrimiento nos ayuda pero no impide que sigamos sufriendo. Es necesario entrenarnos en la observación de nuestros contenidos y procesos mentales y aprender a no identificarnos con ellos.

El mindfulness es poner atención plena a lo que está ocurriendo en mi mente, es contemplar los pensamientos y emociones desde cierta distancia pudiendo observar así el dolor, la rabia, la envidia o lo que sea que haya en ese momento en mi mente sin identificarnos plenamente. Algo parecido a observar desde la calma de la profundidad el oleaje de la superficie.

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MENTE Y CORAZÓN

por Elena García Quevedo, periodista y escritora

Vivimos una crisis sistémica de identidad individual y colectiva, de cambio de paradigma, donde todo parece estar en jaque o poder venirse abajo en cualquier momento. José Luis Sampedro definió el momento que atravesamos «como la crisálida. En el mismo momento en el que desaparece el sistema gusano se crea el sistema mariposa. Pero es imposible que la mentalidad de gusano pueda construir el mundo mariposa.» (Voces sabias. El arte de vivir en tiempos de cambio, de Elena García Quevedo. Ed. Paidós.)

Asistimos a una verdadera revolución de las mujeres que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida y en la mayoría de los países occidentales. La huelga general por la igualdad celebrada el 8 de Marzo movilizó a millones de personas, las manifestaciones pacíficas contra la política de Trump organizadas por mujeres o las innumerables redes tanto profesionales como privadas creadas por mujeres que trabajan para propiciar un cambio social son solo algunas de sus caras.

El efecto más inmediato de este momento crisálida y de las dimensiones del movimiento femenino es que muchas personas ven en las mujeres el potencial para guiar el cambio necesario de la dirección actual, que lleva a la humanidad hacia la autodestrucción; busca encontrar en las mujeres respuestas para crear nuevas formas en todos los ámbitos: política, economía, educación, arte, arquitectura, etc. «El mundo se salvará gracias a las mujeres de Occidente», argumentó el propio Dalai Lama. Sin embargo, en principio, nadie sabe cómo. A juzgar por las cifras de violencia machista, el techo de cristal o el número de mujeres que alcanzan los puestos de mando, esto no parece tan fácil.

Que la mujer pueda cambiar el rumbo de la humanidad choca contra el propio patriarcado, que va más allá del machismo, y dicta las claves personales tanto de hombres como de mujeres, los modelos globales y hasta la propia forma de relación de la humanidad con el planeta. «El patriarcado es una creación histórica elaborada por hombres y mujeres (…) Ese pensamiento, nos han enseñado los hombres, ha de partir de la eliminación de los sentimientos (…) Las mujeres han aprendido a dudar de sus experiencias y a devaluarlas.», afirma Gerda Lerder en su libro La creación del patriarcado.

El efecto más directo del patriarcado es la llamada «herida femenina» que se traduce en violencia machista, desigualdades sociales e injusticias vinculadas al género; en valorar lo masculino por encima de lo femenino y hacer del antropocentrismo la medida con la que se ha construido el mundo actual y desde la que se vive. Pero también se traduce en la forma de relacionarse la humanidad con el planeta donde tanto mujeres como hombres sufrimos las consecuencias.

Tomar conciencia en profundidad del patriarcado, que – insisto – va mucho más allá del machismo, y alcanza todos los niveles de la vida privada, pública y común es clave para poder trabajar desde el equilibrio de género. Contar con las herramientas de pensamiento, emoción y acción para intervenir en colectivos, instituciones, empresas y agentes socialmente activos es vital. Descubrir referentes en la historia, la psicología o la antropología e incluso liderazgo permitirá proponer caminos y posibles vías de equilibrio. Pero lo más importante es abrir la puerta al imaginario de igualdad social con el conocimiento profundo y el respeto de la diferencia personal para, desde ahí, provocar el cambio personal, educativo y social.

Cabe destacar que el cambio de paradigma, que muchas personas vinculan al llamado «despertar femenino», va más allá del género y afecta a hombres y mujeres. Se trata de un viaje hacia el equilibrio entre lo racional y lo emocional, lo masculino y femenino, en busca del equilibrio de la mente y el corazón, del «siguiente paso en el desarrollo de la humanidad».

por Mar García, licenciada en Ciencias Biológicas y facilitadora de Meditación Mente-Corazón

para más información consulta web: https://escueladeatencion.com/meditacion-mente-corazon/

«Meditación no es lo que piensas», me dijo un maestro de yoga hace muchos años, cuando empezaba a interesarme por ella.

Meditar es estar atento…

… estar atento en cada momento que sucede en mi vida, en cada actividad, en cada estímulo que excita mis sentidos, en cada bocanada de aire que entra en mi cuerpo, en cada palabra que acaricia mis oídos, en cada palabra que me hiere, en cada cosa que me sucede, en cada situación de injusticia que me toca vivir…

Por tanto, meditar no es sentarse en una postura sobre un cojín para cerrar los ojos y reflexionar sobre algo, no es sentarse a perdonar ni a proponerse ser mejor persona, ni a reprimir las emociones que me hacen daño. Sin embargo, para llegar a la atención plena en cada momento de mi vida, la sentada es un entrenamiento necesario. La sentada me ayuda porque facilita la atención si dedico unos minutos en exclusiva a observar mi mente, es más fácil aprender a estar atento si no tengo estímulos externos.

Meditar no es una actividad más, es ser uno mismo observando lo que hay, es aceptar lo que aparece, es estar atento, es observar el dolor, la tristeza, la alegría y las cosas que suceden en mi mente pero desde otra dimensión distinta a lo acostumbrado, es dejar de identificarte con la mente que siempre anhela algún deseo nuevo, la que casi siempre quiere que las cosas sean distintas de como son.

 

¿PARA QUÉ LA MEDITACIÓN?

Llevamos una vida acelerada, con un nivel de exigencia como nunca antes en la Historia, la mente se siente presionada para dar la talla que exige la sociedad, para dar y dar, no parar, compaginar la vida familiar, la social, la profesional… esto genera estrés, ansiedad, infelicidad y en muchas ocasiones psicopatologías o enfermedades mentales.

La Atención en la Respiración

Un tipo de meditación que puede ayudar a calmar nuestra mente es atender la respiración. La respiración está controlada por un sistema nervioso autónomo, de manera que ocurre espontáneamente sin que yo tenga que ocuparme de ella. Sin embargo, también puede ser un acto voluntario y puedo intervenir en él, si lo deseo. Si observo un poco la respiración cuando estoy agitado, me daré cuenta de que ésta también está agitada; y sin embargo cuando estoy relajado mi respiración también transcurre lenta y pausada. Es una suerte que también tenga un efecto recíproco, es decir, si intervengo en mi respiración, puede tener un efecto relajante en el sistema nervioso. Esto es un tesoro que llevamos dentro: la posibilidad de poder darme cuenta de mi estado de ansiedad o de estrés y poder trabajarlo desde la respiración, simplemente siendo consciente de ella y haciéndola más lenta y profunda, ablandando y tranquilizando la tensión.

La respiración abdominal es muy completa, si intervengo y la ralentizo, empezaré sintiendo tranquilidad. Por otro lado la respiración puede ser objeto de mi atención: como siempre la tengo a mano, puedo concentrarme en ella cuando quiera y me ayuda a mantener mi atención.

La Actitud

La actitud hacia mi mente debe ser amable, puedo esbozar una sonrisa interior que me ayudará a contemplar la mente sin juzgar ni castigar lo que aparezca, es importante entender que no se trata de reprimir, ni cambiar las emociones negativas, es aceptar y contemplar lo que hay.

Hay muchas maneras de meditar y el objeto de la meditación puede ser el propio cuerpo, la mente, una emoción, un sonido…

 

EJEMPLO DE MEDITACIÓN

  • Desarrollo de la Atención

Esta meditación es un buen ejemplo para iniciarse en la práctica, ayuda a un entrenamiento de la atención:

Siéntate cómodamente y encuentra tu postura, tómate un tiempo, no hay prisa, este es el único momento que existe. Ahora lleva tu atención al pie izquierdo, nota qué sientes, no lo analices, sólo siéntelo. Sube por la pantorrilla hasta la rodilla, detente unos instantes, siente si hay dolor o tensión, si lo hay, corrige la postura. Lleva tu atención al otro pie y haz lo mismo. Una vez que llegues a la pelvis continúa, céntrate en tu abdomen, relájalo si es necesario, siente cómo se mueve por el efecto de la respiración. Ahora recorre tu espalda, poco a poco, hasta las vértebras cervicales. Se trata de hacer un suave recorrido por tu cuerpo, para aprender a escucharlo y para desarrollar la atención; cuando pierdas la atención vuelve a donde lo dejaste, no te juzgues, tu mente sólo hace su función… Déjala, vuelve y vuelve una y otra vez cada vez que te distraigas…

Ahora recorre tus brazos, desde una mano hasta el hombro, siente la piel, el frío o el calor, concéntrate en tus sensaciones pero no te enredes, da igual lo que sientas o lo que pasa, sólo siente…

Al llegar a la cabeza, concéntrate en la piel que recubre  el cráneo, ¿hay cosquilleo? Ahora profundiza hasta el cráneo… ¿Puedes ir más allá? ¿Puedes sentir el cerebro? ¿Qué es en realidad? ¿Percibes el cosquilleo de la circulación sanguínea? ¿Notas algo que acompase el ritmo de la respiración? Siente, siente….

Ahora siente tu respiración, empieza por donde quieras, por las fosas nasales poniendo tu atención en el aire fresco que entra, o en el abdomen, en su movimiento de vaivén en la respiración…

Quédate… sin prisas, estás probablemente sintiendo relajación, nada ni nadie te lo ha dado, has sido tú, con tu decisión de llegar hasta aquí, está siempre disponible para ti, siempre, siente el sosiego que hay ahí, siente la paz de no engancharse al pensamiento: es como no pensar, abandona el pensamiento, no lo reprimas, si llega míralo y observa como entra y como se va, no te secuestra, lo observas, sonríes… Estás bien.

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Para que no se quede en un mero ejercicio intelectual, vamos a realizar algunas prácticas vivenciales, que nos permitan auto-experimentar y ahondar en la INTROSPECCIÓN.

La llave está en no hacerlo como una obligación pesada, sino enfocarlo como un placer, como un momento de relax y de nutrición. Estés o no de vacaciones, estés en el trabajo, en la ciudad, trata de mantener esta actitud mental. Es un momento de calidad para ti. Todo tiene una razón y todos los momentos son perfectos para el aprendizaje.

Sea cual sea tu circunstancia, sigue adelante. Toma nota en tu diario personal de las dificultades que puedas estar teniendo y también de las dudas que puedan surgir.

Vamos a aprovechar cualquier reacción emocional que tengas durante el día y trabajar con ella. La vas poniendo en orden cronológico, poco a poco. Sin ninguna prisa, ni ningún objetivo que te presione, ve recabando la información de todo lo significativo que te contaron tu madre y tu padre durante tu gestación, o lo que vayas recordando de forma natural.

Luego, busca un rato en que puedas estar tranquilo/a y en que nada te vaya a interrumpir. Preferentemente, échate en la cama boca arriba, abriendo bien el pecho. Respira unas cuantas veces muy profundamente, para soltar cualquier expectativa, cualquier idea o preocupación que te ronde… date el tiempo necesario para sentirte completamente en paz. Si te apetece, arrópate con una sábana o con una mantita.

Ahora, conecta con la sensación (que se encuentra almacenada en algún rincón de tu psique) de estar en el útero de tu madre. Colócate en posición fetal y deja la mente en blanco, sólo pon atención en las sensaciones corporales. No tengas prisa en sentir nada y tampoco quieras dirigir lo que va a acontecer. Simplemente, ábrete a la experiencia. Que ocurra sola.

Cuando comiences a sentir esta sensación de recogimiento dentro del útero de tu madre, deja que pasen por tu cabeza las circunstancias por las que pasó tu madre durante tu gestación.

Recuerda lo que le pasó y luego toma conciencia de cómo esto te ha afectado.

Hazlo de episodio en episodio, dándole a cada uno el tiempo necesario para experimentar lo que sintió tu madre y luego cuál fue el efecto que experimentaste tú. Sin prisas.

Cuando hayas recorrido los acontecimientos significativos de estos 9 meses, recoge la sensación final que te quedó en el cuerpo. Y lo vas escribiendo en tu diario personal, con el orden que te apetezca, sin reglas ni responsabilidades, que no sea una tarea más a realizar, como tantas otras que inundan tu vida cotidiana. Tiene que ser algo fluido, liviano, que te apetezca, que quieras contactar íntimamente contigo mismo/a y con tus memorias corporales.

Realiza de forma espontánea una síntesis de todo cuanto vaya surgiendo en tu memoria… Siente si la escena que acontece es placentera o no. Y si te resulta familiar.

Ten en cuenta que esta situación seguramente está presente en muchos momentos de tu vida, a veces te acompaña de seguido y que puede reaparecer cuando menos te lo esperas… Apunta tus conclusiones en tu cuaderno.

 

Procura repetir el ejercicio anterior, metido en el agua de la bañera. O mar, río, lago, piscina que tengas en tu vida. Vuelve a alcanzar aquella sensación corporal final y luego trata de que el agua te lleve más allá… que diluya cualquier residuo corporal desagradable de tu gestación y que te transporte a una dimensión mayor: como si estuvieras en el útero del Universo, del Todo…

Puedes repetirlo tantas veces como te apetezca. La sensación de ser acogido, recogido, arropado por la misma Creación. Deja que esa sensación se impregne bien en tu cuerpo y en tu recuerdo. ¡Disfruta de ello!

Psicología Transpersonal. ¿QUÉ ES UNA GRABACIÓN EMOCIONAL? (parte 1)

Aunque aceptes que tu función de vida viene determinada desde un lugar mayor que no somos capaces de comprender totalmente por el momento, la verdad es que tu vida “menor” (tu día a día y tu vida emocional), está gobernada por Grabaciones.

 

¡Hazte a la idea de que una buena parte de tu forma de ser viene de ahí! Si no te das cuenta de que existen grabaciones, si no actúas para transformarlas, además de aprender a observarlas desde este contexto mayor, te quedarás pillado por reacciones automáticas que brotan incontrolables desde tu interior cuando menos te lo esperas.

 

Es como si nuestra vida emocional tuviera vida propia, independiente de nuestra voluntad. ¡Nuestras reacciones parecen ir por libre! La mayor parte del tiempo reaccionamos de la misma manera, y no siempre de la forma que realmente nos gusta. Sufrimos cuando no logramos actuar como queremos y deseamos.

 

¿Te acuerdas todas las veces que no quisiste sentir celos, pero no lo pudiste remediar?

¿Cuando reaccionaste con rabia, incapaz de pensar y actuar con claridad?

¿Cuando un gesto o una mirada, te hicieron sentir terriblemente solo/a, abandonado/a?

 

Aun comprendiendo que no era para tanto, no has conseguido dejar de sentirte rechazado/a, en lo más profundo de tu ser. O cuando por enésima vez te invadió aquella sensación de injusticia… ¡Te sentiste victima de la gente, de las situaciones, de la vida! Quedaste triste, desanimado/a, sin esperanza y al tiempo con mucha indignación… O cuando un tono de voz agresivo y despreciativo te dejó como si tuvieras 5 años de edad, sin saber reaccionar…  Y aquella vez en la que no te creíste capaz de llevar a cabo una tarea y te escaqueaste… Cuando no pudiste enfrentar una persona, ni expresar lo que de verdad sentías y pensabas… Son tantos los ejemplos, ¿verdad?

 

El primer paso para salir de esta cárcel emocional en la que te acorralan tus propias actitudes, es tomar conciencia de que existen grabaciones y que ellas son las responsables precisamente de estas reacciones que no quieres.

 

Ya fue dicho muchas veces que nuestra mente actúa como un ordenador. Es un ordenador potentísimo y hay que aprender sus reglas y su manejo, para poder usarlo y aprovechar todas sus posibilidades. De su buen funcionamiento depende toda tu vida; lo que te pasa y también como tomas todo aquello que te ocurre.

 

Felizmente puedes añadir información, borrar lo que ya no te vale y puedes cambiar y añadir los programas que quieras, pero también, como en un ordenador, si no cambias la información que tiene, esta sigue actuando igual, aunque pase el tiempo, durante años y años. Tampoco cambia su funcionamiento aunque que lo lleves al otro lado del mundo. No hay forma de huir de tu propia mente. ¡Lo único que va cambiar su forma de actuar es cambiar sus datos!

 

Una grabación es una impresión fuerte que se grabó en tu “ordenador mental” como si de una orden de funcionamiento se tratase. Tu mente recoge la información a través de los sentidos y graba la totalidad de las impresiones que recibe en aquel determinado momento, que fue tan importante para tu vida emocional o para tu supervivencia. Entonces, almacena la información como un todo. Guarda todos los detalles: lo visto, lo oído, lo tocado, el olor ambiente, el sabor de boca que sentiste, las emociones que brotaron.

 

Todo esto es guardado como si de un archivo completo se tratase. Luego, cuando en el mundo exterior surge una situación que tenga alguno de estos mismos ingredientes sensoriales, toda la información reaparece.

 

Es como si buscaras en “Google” un detalle de un documento, y aparece el documento completo. El sistema lo recrea con pelos y señales.

 

Por lo tanto, cuando los sentidos detectan algo similar en el ambiente que te rodea, se “reactiva” la memoria, haciendo saltar la grabación completa; reaparecen las mismas sensaciones que tuviste en el momento original. Al revivir las emociones de antaño, vuelves a sentirte como si tuvieras 3 años, ó 5, ó 8, ó 12… la edad a la que corresponde el recuerdo sensorial.

 

Igual que el elefante que pasó toda su vida preso por una cuerda y no se da cuenta que ha crecido y que puede romperla fácilmente, tú tampoco recuerdas todos los recursos que ya tienes, cuando se activa una grabación.

 

Las emociones te embargan de tal manera, que te olvidas de la realidad actual y te sientes pequeño/a, frágil, débil y sin recursos, impotente ante una situación que, de estar “normal”, resolverías con facilidad. Como el elefante, te olvidas de que has crecido y que ya tienes recursos más que sobrados. Inmerso en este estado, no respondes como un adulto porque te has perdido en una película grabada dentro de ti. ¡Y en aquel momento te lo crees!

 

Cuando todo ha pasado, te sientes frustrado/a, triste y te resientes contigo mismo/a por haber caído en lo de siempre, por haber tenido miedo, por haber actuado como cuando eras pequeño/a.

¿Te suena familiar?

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Decía en el anterior post ¡Cómo engañan las apariencias!

Vamos a acordar que queremos decir con Apariencias.

Una de las vías para madurar está en ir más allá de la fachada. Los niños, cuando ven una máscara, se asustan o se deleitan, según sea el gesto que exprese. El adulto se da cuenta de que es una máscara: no se lo cree. Lo mismo se aplica a la vida: no siempre lo que reluce es oro… Si envidiamos una persona, cuando creemos que todos tienen algo que a nosotros está vedado, estamos viendo sólo lo aparente. Si nos dejamos engañar por lo visible, dejamos de percibir la Verdad. Leer más

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Cuando pregunto a una persona qué es lo que quiere de la vida, la contestación suele ser casi siempre: “quiero ser feliz”. Ante la pregunta de qué es ser feliz para ti, la respuesta varía, aunque por regla general gira alrededor de paz, equilibrio, amor, una pareja.

Ante la cuestión de qué impide esta felicidad, casi la totalidad de las personas apuntan hacia las circunstancias de su vida: los padres, el marido/la mujer, una circunstancia familiar, una perdida o enorme injusticia vivida en algún momento, dificultades sociales, la falta de medios económicos, el jefe, la falta de trabajo o un trabajo que no le gusta, la salud… Siempre hay una circunstancia externa que nos roba la felicidad, hay siempre una lista de razones muy graves, muy serias, pesadas o trágicas causando dolor, rabia o desequilibrio. Leer más