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por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del “Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal”

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Vamos a aproximarnos un pasito más a la importancia de conocer nuestra historia familiar, por la valiosa información que nos aporta. La familia es nuestro primer Universo, nuestro nido, es la primera fuente del amor y del dolor. Es nuestra primera escuela de vida.

De nuestro árbol genealógico familiar se despliega toda una herencia no solamente genética, si no ideológica, emocional, sexual, material; heredamos secretos, conflictos sin resolver, deseos no realizados que asumimos como propios.

Y es aquí donde aparece el conflicto interno que toda esta herencia genera, una dicotomía que nos separa y nos fragmenta internamente con mayor o menor dramatismo: ser fiel al sistema y cumplir las expectativas que este proyecta sobre nosotros, o ¿realizar nuestros propios deseos y sueños?

A lo largo de mi práctica terapéutica me di cuenta de lo importante que era tener una información más allá del individuo ya que algunos problemas le trascienden porque hay un “destino familiar” que cumplir dentro de nuestro sistema, y es esto lo que a veces impide que podamos desarrollarnos como individuos o tener relaciones sanas con otros.

Vamos a meditar sobre algunos de los elementos que integran esta problemática, y que al mismo tiempo nos ayude a ir introduciendo conceptos de esta espectacular e infinita dimensión inconsciente.

La lealtad al sistema; la identidad que nos da la familia hace que nos sintamos seguros solo por el hecho de pertenecer al grupo. Esta identificación y sensación de pertenencia hace que nos quedemos fijados  en roles muy determinados y que cumplen una función importante para la supervivencia del grupo. ¿Pero que es lo que nos pasa fuera del grupo?

Crecemos a la sombra de nuestro árbol así que nuestro trabajo es dar luz a toda esa información que desconocemos y que viene  de nuestros ancestros, saber entender y descifrar los mensajes del árbol es como dejar de ser ciego a muchos aspectos de nuestra vida  y nuestra historia familiar. Parte de la esa información nos la proporciona conocer el mito y la función que el árbol cumple dentro del seno familiar.

El mito; se puede decir que cada familia es un mito y cada miembro funciona según ese mito que conlleva una serie de valores, creencias y normas, que pueden funcionar de manera explicita o implícita, es decir que hay una parte consciente y otra inconsciente. Conocer el mito a nivel terapéutico es muy ventajoso ya que permite trabajar las dificultades de lo personal sin ir en contra de los valores del grupo de pertenencia.

Los secretos;  forman parte de la gran mayoría de las familias, a veces están relacionados con el mito y cumple una función importante en su momento y en las  circunstancias del sistema, pero si se fijan en el tiempo lo que sucede es que se terminan alimentando fantasías relacionadas con él y esto hace que se repitan sentimientos y conductas no expresados.

Por ejemplo: en un árbol, me di cuenta de cómo los hombres no eran valorados y esto hacia que en el sistema familiar en concreto los hombres asumieran el papel de débiles o directamente el sistema los elegía así. El hecho fue que una de las abuelas (la materna) había quedado embarazada de su primera hija siendo soltera. El padre no quiso responsabilizarse y abandono a la madre e hija.  Este hecho se le oculto a la hija diciéndole que su padre había muerto. Pero el resentimiento de su madre hacia los hombres hizo que su hija viera a estos como “débiles e irresponsables”.

Esto fue lo que ella trasmitió a su hija que se casó con un hombre débil. Y la hija de estos tenía relaciones que no duraban más allá de unos meses, ella lo achacaba a la incapacidad de los hombres a responsabilizarse y comprometerse. Fue muy curioso descubrir que nadie, sobre todo las mujeres, viera esto como una dificultad en ellas. Aquí ya tenemos la realización de un mito que tuvo su  origen en el secreto de la abuela.

La reparación; empieza en el momento que el secreto se desvela y uno puede darse cuenta de que los sentimientos transferidos del sistema perpetúan el “Mito familiar” que ya no cumple otra función que la de vengar el honor de la familia haciendo débiles a los hombres y a las mujeres “fuertes”, pero también desdichadas.

Con estos breves flashes se evidencia que conocer el árbol propio, sorprende y conmueve. La persona que lo elabora siempre queda maravillada de la historia que le relata su árbol. Es como si se fuera reconstruyendo una historia compleja, un testimonio colectivo que va revelando aspectos desconocidos hasta la fecha.

Y de cómo esta nueva manera de ver a la familia, alivia y repara viejas y profundas heridas.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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Dada la importancia de lo que estamos tratando y la necesidad de integrarlo bien, vamos a ir montando una “Historia de Vida” por grabaciones. El recuento de las vivencias que nos han marcado.

Como si fuera una historia en cuadritos, cuyo protagonista eres tú mismo. Se trata de comprenderte a ti mismo a través de tus vivencias. Esta comprensión es imprescindible para  poder  dejar de juzgar y culpabilizar, tanto a ti mismo como también a los demás.

Si ya has trabajado con grabaciones anteriormente, mejor. Ya has comprobado lo que estamos afirmando aquí. Siempre hay algo para repasar, alguna grabación nueva que surgió o alguna reacción indeseada que todavía persiste. Basta que pienses en reacciones tuyas de los últimos tiempos y seguramente encontrarás algo importante sobre lo que trabajar.

Hasta que no nos iluminamos, nuestras memorias siguen teniendo poder sobre nosotros. Así que abre tu mente a una revisión profunda y bonita de tu pasado, para pulir algún detalle que se quedó sin limpiar, algún matiz que mantiene vivo algo que no quieres. O una grabación a la que no diste importancia hasta ahora y que sí la tiene.

En esta primera fase, vamos a recopilar nuestra Historia de Vida. Tanto grabaciones negativas como positivas.

A veces los recuerdos positivos nos paralizan y no conseguimos seguir adelante, queriendo volver emocionalmente al pasado. Un momento de contacto profundo y amor con mamá o papá, un momento de gran unión familiar en que te sentiste protegido y arropado, puede ser un recuerdo que no te permite avanzar ni valorar lo que tienes ahora…

Por tanto, vamos a volver a tus primeros recuerdos, los de la primera infancia.

Busca un momento tranquilo para ti, 15 o 20 minutos en que puedas estar sola/o.

Busca fotos tuyas de bebe o de tus primeros años y obsérvalas detenidamente, tratando de conectar emocionalmente con esta fase de tu vida. Haz cosas fuera de lo normal: compra un chupete y úsalo en este ejercicio.

Siente como era la sensación de mamar en el pecho de tu madre. El contacto con el agua cuando te bañaban.

Deja que afloren recuerdos de esta época, momentos en la cuna, cuando andabas a gatas, cuando tenías pañales, tus primeros pasos.

Momentos con tu madre, con tu padre, con tus hermanos, abuelos, niñeras. Posiblemente afloren sensaciones físicas básicamente, pues a veces, no tenemos recuerdos conscientes.

Simplemente regístralo y observa si son recuerdos agradables o no.

No dudes de lo que sientas pues son memorias guardadas celosamente en tu psiquismo. Si aparece alguna escena especialmente intensa, vívela emocionalmente, de principio a fin, tenga el cariz que tenga. No huyas de la emoción, ni cambies de registro. Siéntelo de forma plena, con toda la presencia que seas capaz, sea agradable o dolorosa.

Cuando acabes, escribe todo lo que surgió en tu cuaderno, de forma cronológica y con énfasis especial en sensaciones y emociones. Si no surgió nada especial, no te importe.

O no hay recuerdos especiales o no es el momento de tratarlos. Acepta siempre lo que tu psiquismo te ofrece en cada momento. ¡Sabe muy bien lo que hace!

Repite el ejercicio anterior unas semanas después. Trata de revivir la relación con los hermanos, las comidas en casa, los primeros recuerdos en el colegio, con colegas y profesores. Como te sentías fuera de casa, pues fue tu primer encuentro con el mundo exterior.

Cuando acabes, describe las escenas en tu cuaderno, cronológicamente, dando énfasis a las emociones que sentiste en cada momento. Procura poner los detalles, hechos o palabras, que hicieron saltar tus emociones.

Cuando termines, relee lo que has escrito en ambos momentos y mira si estas emociones las sigues sintiendo en tu vida actual. Subraya las escenas que te parecen de mayor relevancia.

Durante este periodo de contacto con tu memoria de infancia, busca una foto de esa época que te toque especialmente el corazón y llévala contigo, en tu cartera o colócala en tu mesita de noche.

Mírala con frecuencia, conecta con tu niña/o, la parte tuya que pasó por todas estas escenas que has estado reviviendo…

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Vamos a continuar nuestra Historia de Vida. Va a ser una de las bases de nuestro trabajo interior, sobre el que vamos a trabajar. Nos puede aclarar la causa de muchos miedos e inseguridades, así como también de dificultades para relacionarse, para ser asertivo diciendo lo que piensas y sientes, de hacer continuamente concesiones o tener actitudes rígidas o competitivas. Es aquello de: “háblame de tu infancia para que te pueda conocer”…

Os sugerimos completar vuestra historia siguiendo la secuencia en el tiempo.

Y os recomendamos dedicaros al menos 10 o 15 minutos durante la semana.

Tratad de recordar vivencias con tus padres, con la familia en general, en el colegio, en el inicio de la pubertad (alrededor de los 11 ó 12 años). La revisión de todo aquello que se  haya quedado guardado en tu memoria y en tu psiquismo, es determinante en tu trabajo interior. Bajo ningún concepto pienses que es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario: es ponerte en PRIMER LUGAR por primera vez en tu vida. Es darte la importancia que tienes dentro del Universo. Es poner las bases para encontrar el lugar que te ha sido encomendado, los primeros pasos para encontrar tu propósito vital y tu función en este mundo.

Es importante ser honesto/a y permitirte sentir exactamente aquello que fue, sin tratar de retocarlo ni suavizarlo con tu perspectiva de adulto.

No se trata de culpabilizar ni echar responsabilidades a nadie, sino de conocer nuestros sentimientos y su origen tal cual son.

Cuando termines, escríbelo en tu cuaderno dando especial importancia a las emociones y a las palabras, gestos y actos que las provocaron.

No rebusques con esfuerzo, sino sólo recoge lo que brota de forma natural en este momento.

En este ejercicio retrospectivo, pasa a tu adolescencia. Aquí las escenas seguramente toman otro cariz. Es una etapa en que cambian mucho tus actitudes con los padres y las de ellos contigo. Aparecen los primeros amores y el contacto con la sexualidad.

La forma de vida cambia y también tus necesidades.

Es común que haya enfrentamientos donde antes había acuerdo y encuentro. Atención a la reacción de los padres ante los primeros novios/as y como esto repercutió en ti. También ten en cuenta tu primer amor, el desarrollo de la relación y si te sentiste aceptado/a o rechazado/a. Todo esto puede estar activo todavía hoy. La actitud de los padres ante los estudios y la independencia en las salidas habrá influido mucho sobre tus actitudes en el trabajo y tu sentido de la responsabilidad.

Apuntalo todo en tu cuaderno. No importa el tiempo que te lleve, date el espacio que necesites, no hay prisa para alcanzar ningún objetivo. Disfruta de esta oportunidad de contacto contigo mismo/a y de tus memorias, sean las que sean.

No recrimines nada, no enjuicies nada, sólo permite que brote, que salga, que se exprese, que se manifieste como venga. ¡Cada uno es un mundo!

Habla del pasado con tu familia, crear un ambiente favorable a los recuerdos de esta etapa más reciente y también importantísima. Busca fotos de tu adolescencia, de tu pandilla o de tus novias/os de entonces. Esto te ayudará a recopilar información importante.

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Sin duda las grabaciones están influyendo en tu vida de una forma importante y a medida que vayamos avanzando, lo vas a ver más y más.

Tengamos en cuenta que nuestra mente tiene tal potencia, que es capaz de grabar y retener no solamente nuestras vivencias y nuestros recuerdos personales más importantes, sino también vivencias que vienen de fuentes mucho más amplias y universales. Podemos acceder a recuerdos ancestrales, no solamente de nuestros ancestros directos, sino de la historia de la humanidad y de la formación de las especies.

No sabemos realmente en que lugar está el límite de su capacidad… Cuando Jung hablaba de Inconsciente Colectivo, se estaba refiriendo a esta capacidad de percepción de otros mundos y otras dimensiones, que los místicos antiguos han investigado durante siglos. Hoy día la ciencia se está encontrando con los mismos conceptos,  pero desde un lugar completamente distinto.

Es como si dos personas hubiesen subido una montaña desde lugares opuestos y se hubiesen encontrado en la misma cima, ¡asombrados de que alguien haya conseguido llegar ahí por un camino distinto al suyo!

Es importante que tengamos en cuenta este enorme poder de nuestro inconsciente, pues solemos pasar la vida bastante ajenos a la idea de que ¡¡¡es el inconsciente el que dirige nuestra vida!!!

La información que retiene es la que va determinar nuestros gustos, qué personas nos caen bien y qué personas rechazamos, las cosas que nos atraen y también los acontecimientos y personas que son atraídos a nuestra vida. Gran parte de nuestros pensamientos más íntimos y nuestros impulsos vienen determinados por todo aquello que nuestro inconsciente retiene.

Aunque esa parte más amplia y trascendente de nuestra percepción en realidad es prioritaria, como veremos poco a poco, esto no impide que nuestro día a día esté profundamente marcado por las experiencias que hemos vivido en esta vida y con este cuerpo. Lo que hemos llamado “grabaciones emocionales”.

Por esa razón estamos montando nuestra “Historia de Vida”. Su finalidad es conocer todo aquello que es accesible a nuestra conciencia en este momento e ir neutralizando su efecto, de tal manera que puedas mirar para atrás sin sentir ninguna reacción especial. Como cuando ves una película por enésima vez: observas los hechos pero ya no saltan las emociones.

Pasa a ser mucho más interesante lo que está ocurriendo aquí y ahora, y puedes soltar viejos hábitos emocionales, viejos dolores y viejos rencores. Esta carga puedes dejarla, como quien se quita de la espalda una mochila pesada, cuyo contenido ya no tiene el menor interés para tu actual supervivencia.

Nuestro inconsciente registra todo, de una forma casi inimaginable. En estado de hipnosis y con los ojos cerrados podemos describir detalles nimios de la habitación en la que estamos, ya que nuestra mente lo percibe todo, incluidos los matices; ¡detalles que ni hemos observado de forma consciente! Pero como no tienen ningún interés para nuestra supervivencia, no lo retiene ni lo graba para posterior referencia.

Nuestro pensamiento consciente es tan importante justamente porque analiza y ordena todo este maremagno de información. Una nueva grabación puede ocurrir cuando nuestro consciente pierde fuerza por un golpe emocional o físico y deja la puerta abierta a nuevas impresiones.

Por lo tanto, el que entra en este almacén lleno de información caótica y la pone en orden es nuestro pensamiento consciente. De su fortaleza va depender la organización de todo este material, para echar fuera lo que no vale y aportar lo que está faltando.

Lo interesante es que el inconsciente, con tanto poderío, es muy dócil y se deja manejar con facilidad. Como su función es percibir y retener todo lo intenso, de la índole que sea, recoge información nueva sin resistencia.

Por lo tanto, podemos manejarle si conocemos como funciona y como se graba información relevante y necesaria para poder vivir con serenidad y ser felices. Ten en cuenta que si tu inconsciente tiene información sobre el manejo del placer y como mantenerlo, podrás disfrutar y los momentos de felicidad, las uniones amorosas y el bienestar podrán perdurar en el tiempo.

Si solo conoce el dolor, cuando ocurre algo placentero no sabe que hacer con ello, y acaba volviendo a lo que conoce, al sufrimiento. Con este mecanismo, a menudo estropeamos nuestro bienestar y nuestros momentos felices, sin saber porqué.

También se da el caso al revés: si el inconsciente almacenó solamente información placentera, cuando llega un acontecimiento doloroso no sabe qué hacer con ello, lo esconde y lo aleja, pues no sabe procesarlo. En este caso, esconde todo lo desagradable. Pero lo doloroso sigue ahí, afectando tus reacciones y emociones, aunque no lo tengas presente. Como cuando comes una comida en mal estado y tomas un analgésico: te sigue haciendo daño aunque no sientas dolor…

Toda esta información es importante para que te des cuenta de que puedes organizar tu almacén de recuerdos de muchas formas. Puedas escoger una manera que te vaya a llevar al amor, a una vida feliz, placentera y a una aceptación activa de todo aquello que te pueda traer la vida. Esta es una de las llaves de la felicidad. ¡Puedes evitar todo aquello que representa un sufrimiento inútil y repetitivo!

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Si en tu infancia era placentero el cole, puede que ahora después de un descanso vacacional, te guste volver a tus actividades profesionales, tener acción y ocupación. Al contrario, si para ti el cole era duro y desagradable, a tu vuelta vacacional puedes estar apesadumbrado, triste o incluso deprimido. La forma de tomar las cosas tiene mucho que ver con tus memorias del pasado y el sabor que tenían para ti.

Felizmente, puedes “desaprender” todo lo que quieras y puedes encontrar formas nuevas de vivir.

La meta es poder pasar por todo sin que te afecte. Vivir todo lo bello que trae la vida sin crear una dependencia del placer, ni querer conservarlo eternamente.

La vida es cíclica y así son también los acontecimientos de la vida. Cada acontecimiento, hasta el más terrible, tiene un aprendizaje incorporado. Cuando aprendes lo que te quiso enseñar, la situación nunca más se presenta, porque no la necesitas y además, jamás la vivirás de la misma manera.

Siempre recuerdo una amiga que cada vez que iba a la playa se llevaba un pelotazo de los jugadores de raqueta. Una coincidencia molesta, incomprensible, hasta que un día decidió jugar ella  misma y lo disfrutó un montón. ¡Nunca más se llevó un pelotazo!

Entonces, vamos aprovechar la ocasión para vivir la vuelta “de lo que sea” de una manera nueva, más rica, más nutritiva, más divertida!

Para de leer un instante y busca cómo enfocar tu mente de una forma distinta, viendo esta vuelta a casa como una ocasión maravillosa para hacer tu casa todavía más acogedora y alegre, para llevar a cabo proyectos, mejorar tu rutina, hacer más amorosa y amable tu relación con tu pareja, con tu familia, con tus animales; ensalzar tu día a día con cosas que nunca te atreviste a hacer antes.

No sigas leyendo. ¡Hazlo ahora!

Recuerda que tu forma de ver las cosas viene de tus grabaciones del pasado, que han formado tu “pseudo-yo”. Es tu parte automatizada, que reacciona siguiendo las memorias que todavía están vivas dentro de ti. También están vivas en tu cuerpo, que recuerda todo, ¡hasta aquello que tu memoria no alcanza a recordar!

Esto comienza en el útero de tu madre. En realidad ya antes, en el momento de tu concepción. Muchos terapeutas afirman, no sin razón, que tomas decisiones importantísimas para tu vida antes de nacer. A través de tu cuerpo puedes revivir recuerdos inalcanzables para la memoria intelectual. Todo esto te está influyendo. ¡Y tú sin saberlo!

Es importante que sepas que también se pueden dar grabaciones en la edad adulta. En un momento inesperado, las defensas que has construido para defenderte de todo lo doloroso que te ha pasado, caen de golpe, y te vuelves a sentir indefenso, como cuando eras niño/a.

Cuando te llevas un susto fuerte, cuando sufres un shock emocional o cuando te llevas un golpe físico importante, todo el esquema protector del adulto se viene abajo y se fija una nueva grabación. Un ejemplo típico son operaciones, accidentes, golpes, traiciones sentimentales.

Siempre que te pilla desprevenido/a una sorpresa chocante, tu escudo se esfuma como por arte de magia y vuelves a grabar la experiencia, pues tu sensibilidad sigue ahí, intacta todo el tiempo.

Las grabaciones se mantienen vivas de varias maneras. Una de ellas son las imágenes mentales. Son los símbolos a los que se aferran los recuerdos para no desvanecerse. Tanto las imágenes de cosas que te han pasado aquí en el mundo físico, como las imaginarias, que dan forma a tus miedos y temores, están influyendo sobre ti.

Pero las noticias son buenas: todo esto lo puedes quitar de tu mente. Puedes dejarla limpia y pura, abierta a lo que la vida te pueda traer.

Más allá de todo esto, lo que importa de verdad es la vuelta a nuestra verdadera Casa. A nuestra verdadera naturaleza esencial.

Cada vez que neutralizas una memoria que te tenia encadenado/a a ella, surge espontáneamente una parte luminosa de ti, de tu Ser real, el que está siempre en conexión con algo mayor que el mundo físico. Cada grabación constituye un alejamiento de lo que eres realmente, una separación de tu hogar, de tu estado natural de bienestar, de levedad. Es una puerta cerrada que te separa del amor, al que tienes todo el derecho.

Por esa razón, cada grabación que eliminas de tu mente y de tu corazón, cada sensación corporal desagradable que abandona tu cuerpo, cada reacción indeseada que sale de tu repertorio, te va acercar más y más a ti mismo. ¡A tu Casa!

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Una vez creada la grabación original, experiencias similares posteriores van reforzándola más y más, hasta que vemos que lo mismo se repite eternamente, y en ese momento quedas convencido/a de que aquello es irremediable y formas tus conclusiones, que para ti son verdades absolutas: el mundo es enemigo, no me quieren, no soy capaz, es peligroso ser espontáneo/a y expresarse…

Esta misma creencia se materializa fuera y se confirma con hechos. Pasas a percibir solamente aquello que encaja con tu idea.

Ejemplo didáctico el caso de una pareja, dónde él se sentía abandonado cada vez que su mujer se iba con las amigas o hacía algo personal suyo. Registraba estos momentos y sufría intensamente, pues su madre le había abandonado de niño. Por más que hiciera la esposa, no había manera de contentarlo. No registraba todas las atenciones que le brindaba, pero cualquier pequeña ausencia era para él la confirmación de su abandono. Hasta que no se dio cuenta de que lo que le dolía era la falta de su madre, no pudo reconocer todo el amor que tenía por él su mujer…

Así andamos por la vida, cada uno con su grabación a cuestas, ¡hasta tomar conciencia de cómo funciona tu mente y darle solución! ¿No quieres ser feliz? Este es un camino…

¡Avancemos entonces!

Aprendamos a estar en el aquí y ahora, viviendo cada instante, percibiendo cómo es estar atento a todo lo que pasa aquí, en este instante, con estas personas, conmigo mismo. Podemos usar cada segundo y cada reacción emocional que sintamos para estar leve, feliz y disfrutar o para “picarse” con algo, quedarse frustrado/a, creer que las cosas deben ser de otro modo.

Siempre hay algo exterior que justifique perder el estado de levedad y de bienestar. Si esto ocurre, una grabación del pasado se ha activado y te ha pillado. Así de sencillo. Sólo que este estado, muchas veces vivido, se ha podido hacer crónico.

Sensaciones de inseguridad, de frustración… han sustituido el estado natural de bienestar, el que corresponde a tu verdadera naturaleza. Algunos siempre volvemos a caer en miedos y en ansiedades, en no tener confianza en nosotros/as mismos/as. Comienza a verlo simplemente como estados creados por grabaciones y a los que te has habituado.

Si durante esta quincena aparece alguno de estos estados crónicos desagradables, en vez de sentirte incapaz de remediarlo, comienza a tomar conciencia de que proviene de una grabación del pasado. En lugar de sufrir con ello, aprovecha este malestar para localizar la grabación. Se llega a ella por medio de la emoción, no de la memoria intelectual.

Igual que a los recuerdos intrauterinos se llega básicamente por las sensaciones físicas, las grabaciones posteriores suelen ser emocionales.

Toma conciencia de lo que estás sintiendo. Dale un nombre a tu emoción. Pregúntate a ti mismo cuándo te sentiste así en tu niñez. Recuerda qué estaba ocurriendo, cuáles eran las circunstancias, qué personas estaban presentes, qué dijeron, cómo reaccionaste ante lo que dijeron o ante sus gestos, sus caras… Localiza los sentimientos que tuviste: rechazo, desprecio, indiferencia, dolor, rabia, incomprensión, frustración, sentimiento de injusticia…

Empieza a darte cuenta de que, aunque las circunstancias han cambiado, las emociones son las mismas de entonces y las reacciones también. Estás reaccionando de la misma forma que lo hiciste ante los padres, los hermanos, los profesores, la familia, los niños del colegio. Sigue siendo la emoción del niño/a que tú fuiste hace años…

Apúntalo en tu cuaderno con todos los detalles. No dejes de hacerlo, pues más adelante vas a aprender a neutralizar completamente esta reacción. Por el momento es suficiente con que te des cuenta de que todo ello corresponde a tu pasado.

Si tienes la suerte de que durante la quincena no ha surgido ninguna reacción de sufrimiento ni de rabia, ¡enhorabuena! Esto significa que realmente sabes disfrutar. En este caso, te aconsejamos que aproveches tomando conciencia de tus sentidos.

Dedica 5 minutos diarios para experimentar con cada uno de tus sentidos. Un día te centras solamente en tus oídos. Deja que los sonidos entren en ti, resuenen en ti, cojan un colorido y una forma definida dentro de ti. Otro día dedícate a observar durante 5 minutos seguidos una flor o un paisaje o un cuadro o la foto de alguien que quieras o te llame la atención. Otro día, toca diferentes texturas, plantas, piedras, tejidos… también a tus personas queridas. Al día siguiente pon toda tu atención en el sabor de las diferentes frutas.

Finalmente, dedica los 5 minutos del último día para reconocer y sentir los olores de diferentes flores y frutas, del césped, de la tierra mojada, del mar… Hay todo un mundo para ser reconocido a través de los sentidos. Si quieres, pasa una semana con un solo sentido y otra semana con otro. Todo ello va ir dándote sensaciones nuevas, aumentando la gama de tus percepciones y ampliando tu sensibilidad.

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Si en los anteriores posts sobre Grabaciones Emocionales (a los que puedes acceder aquí para leer el primero y aquí para el segundo) has podido localizar en ti un estado-base grabado desde tu gestación, habrás comprobado cómo esta sensación coarta toda tu libertad para sentir.

Habrás podido comprender la importancia de localizar esta parte en ti que es totalmente repetitiva y automatizada. Pero hay suerte: el inconsciente es muy, muy literal y por esto mismo, se deja manejar bastante bien.

¡Puedes meter información nueva en tu ordenador, puedes borrar información, y así remediar cualquier grabación! Va a depender de lo que quieras hacer y de tu constancia.

Como los niños son muy impresionables y no tienen formas organizadas para defenderse de las agresiones e invasiones del mundo exterior, la mayor parte de las grabaciones provienen de la infancia, de la pubertad y de la adolescencia. Tienen diferente cariz:

  1. Las de la infancia suelen ser muy ligadas al miedo y a la impotencia

Hay que recordar que un niño realmente no tiene recursos; según la familia que le ha tocado, a ella se tiene que amoldar. Además, es una etapa en la que hay que obedecer, no suele haber otra alternativa.

Puede tocarle una familia amorosa y protectora (a veces demasiado) o una familia desestructurada y conflictiva. Si los padres le explican el por qué de las cosas, el niño puede formar estructuras sólidas y crear una personalidad equilibrada. En cambio, si los padres imponen las cosas, el niño se siente incomprendido y más tarde se va a rebelar, a veces en momentos y lugares inadecuados y de forma destructiva para él. Si hay violencia en la familia, el niño siente pánico y más tarde de adulto puede llegar a comportarse igual, por mucho que lo odie.

Es importante saber que en el momento en que se activa una grabación no se para uno a razonar si es algo bueno o malo. Se funciona en automático, como el teclado de un piano: si das a una tecla concreta va a sonar siempre la misma nota. El piano no juzga si es la correcta o no.

Lo que es cierto es que el niño es como una esponja y absorbe lo que hay en el ambiente familiar. ¡Esto es ley! Lo que hay, el niño lo hace suyo.

Por esto mismo, no debes sentirte culpable si en algún momento actúas como lo hicieron en tu casa, de una forma que rechazabas. Simplemente has absorbido lo que había. Ahora, la suerte es que tomando conciencia de lo que hay y de cómo funciona la mente, ¡puedes transformarlo en aquello que realmente quieres!

Un ejemplo didáctico es el de una chica cuyo padre era muy impaciente y exigente. Ella sufría una tensión enorme y una sensación de no poder equivocarse jamás. A pesar de sus esfuerzos por evitarlo, con sus hijos repetía la misma exigencia y se impacientaba ante cualquier fallo. Sólo cuando neutralizó la grabación de infancia con su padre, pudo cambiar su actitud con los hijos.

           2. En la pubertad y la adolescencia las grabaciones suelen girar alrededor de la culpa y el poder

Es una época en la que la rebeldía es normal y hasta beneficiosa para configurar la Personalidad, el Yo personal. Pero esta etapa no suele ser comprendida por la familia, así que el adolescente se ve dividido entre seguir su camino o seguir obedeciendo. Si rompe las reglas siente su poder personal, pero al tiempo siente culpa. Si las sigue, se siente coartado.

Las reglas ya están interiorizadas y el conflicto no es solo con los padres y el entorno, también es interno. Si obedezco, mal, y si no obedezco, peor. Por ello, el rebelde suele sufrir y al tiempo sentir su triunfo. Este conflicto a veces crea hábitos destructivos que el adulto luego perpetúa, hasta darse cuenta que también esto es una grabación que puede transformar.

Las grabaciones de este período suelen girar alrededor del poder y de su pérdida. También sobre la injusticia, no sentirte comprendido, no permitirse vivir, tener trabas para lanzarte libremente a explorar el mundo, la sexualidad, el contacto con los demás.

Un ejemplo didáctico es el alumno que pasó su infancia enfrentando a su padre para defender a su madre de críticas y desvalorización, luego de adulto, no podía evitar enfrentamientos continuos en su hogar y en su trabajo. Su vida era un infierno, siempre luchando en una guerra sin cuartel. Vivía en un ring de boxeo. Al trabajar su grabación, consiguió por fin sentir paz y, lo más importante, disfrutar de la vida. Como estaba viciado en la adrenalina que produce la lucha y era adicto al subidón del enfrentamiento con otros, la paz y el disfrute era imposible.

 

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Un inmenso océano, misterioso, fascinante, insondable, con el poderío hipnótico del que guarda en sus entrañas tesoros y tragedias, precipicios inimaginables y formaciones de una belleza estremecedora, seres con mil formas caprichosas, especies conocidas y desconocidas, esa potencia vertiginosa que fascina y atemoriza… es la imagen que brota en mi mente, cuando pienso en el Gran Inconsciente. Una mezcla de fascinación y respeto, temor y admiración. Algo grande, inconmensurable, que me atrae y me asusta al tiempo…

Aunque el término “inconsciente” tiene diferentes significados, esta palabra evoca en mi mente su acepción psicológica, el término que Freud consiguió encajar en el lenguaje del hombre de la calle. Pero si preguntas a alguien sobre su significado, probablemente pondrá una cara de circunstancias, mientras escudriña su mente en busca de una definición que le cuesta encontrar… ¿cómo definir algo tan abstracto?

A mí tampoco me resulta fácil explicar algo que no tiene una forma reconocible, ni un lugar exacto de ubicación. Sólo puedo afirmar que conozco su fuerza y los efectos de esa fuerza. Creo conocer su manera de empujarme hacia adelante y crear todo aquello que necesito para la evolución del alma y de la consciencia. Una vez que constaté su existencia, mi atención quedó cada vez más atrapa y fascinada por esta fuerza abstracta, pero presente y detectable. Descubrir sus huellas y su forma particular de guiar mis actos y reacciones, pasó a ser una práctica diaria.

Es verdad que a veces me empuja hacia sentimientos o impulsos claramente destructivos, inconvenientes, rechazados por mi mente y mi ética. Pero investigando en el pasado y reconociendo las imágenes y recuerdos que se quedaron grabadas en mi mente, pude ver que respondían a experiencias que habían sido dolorosas o que habían tenido consecuencias atroces. Aquella vez en que me había atrevido a manifestarme y acabé ninguneada, incomprendida, castigada o rechazada, hizo que algo de dentro me obligara a callarme cuando yo quería hablar. Una mala experiencia amorosa que me había dolido en el fondo del alma, ahora me hacía evitar a alguien que me atraía, con quien deseaba estar. Una iniciativa del pasado que había resultado en fracaso, hacía que ahora mis pasos quedaran frenados cuando quería iniciar algo nuevo e ilusionante. Una injusticia tragada en el pasado hacía ahora que brotara de mi ser un resentimiento, una rabia o una necesidad de venganza irrefrenable.

Y todas las veces que había tragado sapos y culebras, hacía que ahora perdiera el control en el momento menos adecuado, incapaz de actuar con firmeza y cordura. Iras no deseadas que era incapaz de frenar, alimentadas por impulsos oscuros. Pulsiones que brotaban de la profundidad de mi océano interior, a veces con consecuencias nefastas para mi vida y mi relación con las personas a las que quiero y amo. Al final, remordimiento, reproches, dolor, separación…

Analizando más profundamente estos comportamientos, llegué a la conclusión de que en su esencia, ¡eran impulsos que tenían la intención de protegerme de dolores experimentados en el pasado! Actitudes que cortaban mi energía vital y mis añoranzas, pero que me protegían de correr el peligro de volver a vivir un dolor agudo insoportable, experimentado en una vivencia anterior. ¡La intención verdadera de esta fuerza que brotaba de mis entrañas más profundas y me coartaba, era protegerme! Protegerme de un sufrimiento y un dolor que habían roto mi corazón en el pasado… Un aprendizaje hecho de experiencias antiguas, que no quería repetir aquel sufrimiento. ¡Era una fuerza amiga!

Al darme cuenta de esto, empecé a recordar todas las veces en que el impulso había sido constructivo, coherente y sano. Eran muchas veces. Muchas veces me había salvado de situaciones hasta peligrosas, por una intuición que venía no sé de dónde, por un pensamiento no racional que había evitado una situación dolora y verdaderamente problemática. Decididamente, esta fuerza de origen desconocido, tan poderosa e indomable, no paraba de mostrarse y además ¡estaba a mi favor!

Intuía que era la fuerza misma de la vida, que se manifestaba así. También me di cuenta de que cuando me frenaba (para protegerme), era porque tenía datos obsoletos, que ahora ya no tenían validez, pero que fueron muy importantes en su día. Como brotaba tan de dentro y con tanta fuerza, nunca me había parado a analizar su origen y su función. Parecían venir de un lugar desconocido, pero ante un análisis tan profundo, me di cuenta de que estaban íntimamente ligados a mis experiencias de vida.

Lo entendí como la fuerza de la vida actuando a través de mí, poseyéndome. Era una fuerza beneficiosa, que me protegía y guiaba a su manera. Me di cuenta también de que podía actualizar esos datos con lo que sabía ahora, de tal manera que los impulsos que brotaran de dentro pasaran a ser siempre beneficiosos. Y si no lo eran, era porque algo todavía necesitaba ser ordenado. Era la tarea que me tocaba, personal e intransferible.

La puesta a punto iba a permitir que lo nuevo (por lo visto peligroso emocionalmente, con la información que tenía mi mente hasta ahora) pudiera ser vivido sin resistencia. En otras palabras, con un trabajo de limpieza emocional sistemática y consciente, esta enorme fuerza interna iba a ayudarme a vivir sin miedo aquello que anhelaba y necesitaba. Había sido un freno basado en el miedo, ahora podía convertirse en un acelerador y un facilitador.

Esta idea me hizo ver la vida de otra manera. La fuerza vital había pasado de enemiga o al menos, de una amiga que te puede traicionar, a una amiga de verdad. Esta enorme grandeza que veía en el mar estaba dentro de mí, ¡en mi interior! Pasé a sentirme acompañada y protegida por la vida. Algo importante cambió; podía disfrutar de lo bello y placentero y podía usar lo desagradable o doloroso como un aprendizaje útil y necesario.

También me di cuenta de que aunque este enorme poder inconsciente es amigo, hay que transitar por él con el máximo respeto, paso a paso y sin creer que estás en posesión de ninguna verdad especial. Es asequible a todos, pero el permiso para adentrarse en este ámbito poderoso es dado milímetro a milímetro, con la obligada consciencia de que eres una pequeña y humilde pieza de algo infinitamente mayor que tú, que al tiempo te necesita para completarse.

Freud hablaba del inconsciente personal, Jung del inconsciente colectivo. Me viene la metáfora de internet, ubicada como el inconsciente colectivo en un lugar intangible pero accesible desde tu ordenador, tu inconsciente personal, que al tiempo tiene también su propia programación. Y todo ello diseñado para tu evolución como ser humano, como mente y como alma.

Caí en la cuenta de que sin saberlo conscientemente, llevaba año tras año en la creación de un profundo trabajo personal de limpieza interior, de ordenación y actualización emocional basada en el gran poder de nuestra mente: la atención. El Juego de la Atención: la forma en que usamos este don.

Es la gran herramienta de la que disponemos los seres humanos. Nos permite alinear nuestro ordenador personal con el gran poder, el gran océano, que está dentro y fuera, poderoso, amigo y en permanente creación.

sueños

Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa: adivínala.

Tras el vivir y el soñar está lo que más importa: despertar.

Antonio Machado

 

LA SABIDURÍA SOBRE LOS SUEÑOS Y EL TRABAJO TERAPÉUTICO

El uso de los sueños con fines terapéuticos acompaña a la humanidad al menos desde que ésta emplea la escritura. A lo largo de seis mil años los seres humanos hemos indagado sobre nuestra conciencia a través de los sueños. Caldeos, indios, egipcios, griegos… pueblos de los cinco continentes. Todas las escuelas psicológicas y terapéuticas – el psicoanálisis freudiano y junguiano, la terapia gestáltica y la neurociencia – han investigado los sueños. Todas las civilizaciones y psicologías, sin excepción, han comprendido la importancia de los sueños como el mejor método de conocer nuestro inconsciente y nuestras motivaciones desconocidas para actuar en la vida.

El trabajo terapéutico con los sueños es heredero de esta sabiduría universal. Este trabajo emplea métodos solventes y herramientas del saber humano para conocer los sueños y poder trabajar con ellos. Los sueños pueden trabajarse con rigor más allá de los prejuicios, la escuela o la ideología del terapeuta. Este es el principio que rige nuestra investigación a lo largo de los años y que fundamenta la formación que ofrecemos. Conocer el lenguaje de los sueños faculta al profesional de la psicología, la psiquiatría o al terapeuta para poder afrontar mejor su trabajo.

 

EL EMPLEO DE LOS SUEÑOS EN CONSULTA

El terapeuta o psicólogo que emplea en su trabajo los sueños acompaña al consultante mediante la escucha, la recolecta o la incubación de sueños. A través de los sueños el consultante establece un diálogo consigo mismo que es facilitado – nunca dirigido – por el terapeuta.

Es importante tener en cuenta que ninguna de las escuelas psicológicas posee la verdad sobre los sueños. En la terapia de sueños se deben combinar métodos asociativos, simbólicos, psicoanalíticos y gestálticos con herramientas de actuación como son la mayéutica, la actuación del sueño y sus partes, la imaginación activa, la conciencia corporal del sueño…

No existe una única interpretación de los sueños porque son polisémicos y sus verdades deben ser trabajadas en función de las necesidades del soñante. El trabajo terapéutico con los sueños es un saber que emplea distintos métodos y que requiere rigor, método, sensibilidad, atención y empatía.

El trabajo con los sueños genera un proceso en el que el consultante conoce sin censuras cuáles son sus deseos, sus apegos, sus pulsiones, sus virtudes y sus posibilidades. El terapeuta lo acompaña y le ayuda a encuadrar ese trabajo en una terapia existencial enfocada al crecimiento personal o a la desaparición de dificultades, síntomas o carencias personales.

El trabajo del terapeuta que emplea los sueños es un trabajo que se sitúa entre lo inconsciente y lo supraconsciente, respetando siempre a la persona y su destino o yo esencial.

El trabajo con los sueños ayuda al consultante a situarse en la vida sabiendo por qué actúa, cómo actúa y para qué actúa. Ello le permite ver sus necesidades y sus límites y facilita la integración de su personalidad.

Trazando el relato personal, el mapa emocional y simbólico del consultante con la ayuda de los sueños somos capaces de saber cómo se percibe el consultante y hacia donde se encamina. Y ahí comienza nuestra labor: acompañarle en el viaje de la salud.

La formación introductoria para el trabajo terapéutico con los sueños es fruto de años de investigación rigurosa y dota a los alumnos de diversas competencias como la comprensión del fenómeno de los sueños desde la neurociencia, el empleo de herramientas básicas y metodologías para la terapia con sueños o la destreza de comprender los propios sueños como fundamento para trabajar con los demás.

 

QUÉ APORTA EL TRABAJO TERAPÉUTICO CON SUEÑOS

El trabajo terapéutico con sueños facilita el autoconocimiento, permite la comprensión de los sueños, libera emociones, regula el descanso, reduce las pesadillas, ordena los procesos imaginarios, ayuda a reparara desequilibrios psíquicos causados por abuso de sustancias visionarias y adicciones, orienta la búsqueda del sentido de la vida, atempera la neurosis, mejora la autoestima, integra la personalidad y acompaña el crecimiento personal.

 

 

por Javier Esteban, psicoanalista y profesor de hermenéutica de sueños. Colaborador en el Máster de Terapia Transpersonal

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por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

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Para que no se quede en un mero ejercicio intelectual, vamos a realizar algunas prácticas vivenciales, que nos permitan auto-experimentar y ahondar en la INTROSPECCIÓN.

La llave está en no hacerlo como una obligación pesada, sino enfocarlo como un placer, como un momento de relax y de nutrición. Estés o no de vacaciones, estés en el trabajo, en la ciudad, trata de mantener esta actitud mental. Es un momento de calidad para ti. Todo tiene una razón y todos los momentos son perfectos para el aprendizaje.

Sea cual sea tu circunstancia, sigue adelante. Toma nota en tu diario personal de las dificultades que puedas estar teniendo y también de las dudas que puedan surgir.

Vamos a aprovechar cualquier reacción emocional que tengas durante el día y trabajar con ella. La vas poniendo en orden cronológico, poco a poco. Sin ninguna prisa, ni ningún objetivo que te presione, ve recabando la información de todo lo significativo que te contaron tu madre y tu padre durante tu gestación, o lo que vayas recordando de forma natural.

Luego, busca un rato en que puedas estar tranquilo/a y en que nada te vaya a interrumpir. Preferentemente, échate en la cama boca arriba, abriendo bien el pecho. Respira unas cuantas veces muy profundamente, para soltar cualquier expectativa, cualquier idea o preocupación que te ronde… date el tiempo necesario para sentirte completamente en paz. Si te apetece, arrópate con una sábana o con una mantita.

Ahora, conecta con la sensación (que se encuentra almacenada en algún rincón de tu psique) de estar en el útero de tu madre. Colócate en posición fetal y deja la mente en blanco, sólo pon atención en las sensaciones corporales. No tengas prisa en sentir nada y tampoco quieras dirigir lo que va a acontecer. Simplemente, ábrete a la experiencia. Que ocurra sola.

Cuando comiences a sentir esta sensación de recogimiento dentro del útero de tu madre, deja que pasen por tu cabeza las circunstancias por las que pasó tu madre durante tu gestación.

Recuerda lo que le pasó y luego toma conciencia de cómo esto te ha afectado.

Hazlo de episodio en episodio, dándole a cada uno el tiempo necesario para experimentar lo que sintió tu madre y luego cuál fue el efecto que experimentaste tú. Sin prisas.

Cuando hayas recorrido los acontecimientos significativos de estos 9 meses, recoge la sensación final que te quedó en el cuerpo. Y lo vas escribiendo en tu diario personal, con el orden que te apetezca, sin reglas ni responsabilidades, que no sea una tarea más a realizar, como tantas otras que inundan tu vida cotidiana. Tiene que ser algo fluido, liviano, que te apetezca, que quieras contactar íntimamente contigo mismo/a y con tus memorias corporales.

Realiza de forma espontánea una síntesis de todo cuanto vaya surgiendo en tu memoria… Siente si la escena que acontece es placentera o no. Y si te resulta familiar.

Ten en cuenta que esta situación seguramente está presente en muchos momentos de tu vida, a veces te acompaña de seguido y que puede reaparecer cuando menos te lo esperas… Apunta tus conclusiones en tu cuaderno.

 

Procura repetir el ejercicio anterior, metido en el agua de la bañera. O mar, río, lago, piscina que tengas en tu vida. Vuelve a alcanzar aquella sensación corporal final y luego trata de que el agua te lleve más allá… que diluya cualquier residuo corporal desagradable de tu gestación y que te transporte a una dimensión mayor: como si estuvieras en el útero del Universo, del Todo…

Puedes repetirlo tantas veces como te apetezca. La sensación de ser acogido, recogido, arropado por la misma Creación. Deja que esa sensación se impregne bien en tu cuerpo y en tu recuerdo. ¡Disfruta de ello!