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por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del “Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal”

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Vamos a aproximarnos un pasito más a la importancia de conocer nuestra historia familiar, por la valiosa información que nos aporta. La familia es nuestro primer Universo, nuestro nido, es la primera fuente del amor y del dolor. Es nuestra primera escuela de vida.

De nuestro árbol genealógico familiar se despliega toda una herencia no solamente genética, si no ideológica, emocional, sexual, material; heredamos secretos, conflictos sin resolver, deseos no realizados que asumimos como propios.

Y es aquí donde aparece el conflicto interno que toda esta herencia genera, una dicotomía que nos separa y nos fragmenta internamente con mayor o menor dramatismo: ser fiel al sistema y cumplir las expectativas que este proyecta sobre nosotros, o ¿realizar nuestros propios deseos y sueños?

A lo largo de mi práctica terapéutica me di cuenta de lo importante que era tener una información más allá del individuo ya que algunos problemas le trascienden porque hay un “destino familiar” que cumplir dentro de nuestro sistema, y es esto lo que a veces impide que podamos desarrollarnos como individuos o tener relaciones sanas con otros.

Vamos a meditar sobre algunos de los elementos que integran esta problemática, y que al mismo tiempo nos ayude a ir introduciendo conceptos de esta espectacular e infinita dimensión inconsciente.

La lealtad al sistema; la identidad que nos da la familia hace que nos sintamos seguros solo por el hecho de pertenecer al grupo. Esta identificación y sensación de pertenencia hace que nos quedemos fijados  en roles muy determinados y que cumplen una función importante para la supervivencia del grupo. ¿Pero que es lo que nos pasa fuera del grupo?

Crecemos a la sombra de nuestro árbol así que nuestro trabajo es dar luz a toda esa información que desconocemos y que viene  de nuestros ancestros, saber entender y descifrar los mensajes del árbol es como dejar de ser ciego a muchos aspectos de nuestra vida  y nuestra historia familiar. Parte de la esa información nos la proporciona conocer el mito y la función que el árbol cumple dentro del seno familiar.

El mito; se puede decir que cada familia es un mito y cada miembro funciona según ese mito que conlleva una serie de valores, creencias y normas, que pueden funcionar de manera explicita o implícita, es decir que hay una parte consciente y otra inconsciente. Conocer el mito a nivel terapéutico es muy ventajoso ya que permite trabajar las dificultades de lo personal sin ir en contra de los valores del grupo de pertenencia.

Los secretos;  forman parte de la gran mayoría de las familias, a veces están relacionados con el mito y cumple una función importante en su momento y en las  circunstancias del sistema, pero si se fijan en el tiempo lo que sucede es que se terminan alimentando fantasías relacionadas con él y esto hace que se repitan sentimientos y conductas no expresados.

Por ejemplo: en un árbol, me di cuenta de cómo los hombres no eran valorados y esto hacia que en el sistema familiar en concreto los hombres asumieran el papel de débiles o directamente el sistema los elegía así. El hecho fue que una de las abuelas (la materna) había quedado embarazada de su primera hija siendo soltera. El padre no quiso responsabilizarse y abandono a la madre e hija.  Este hecho se le oculto a la hija diciéndole que su padre había muerto. Pero el resentimiento de su madre hacia los hombres hizo que su hija viera a estos como “débiles e irresponsables”.

Esto fue lo que ella trasmitió a su hija que se casó con un hombre débil. Y la hija de estos tenía relaciones que no duraban más allá de unos meses, ella lo achacaba a la incapacidad de los hombres a responsabilizarse y comprometerse. Fue muy curioso descubrir que nadie, sobre todo las mujeres, viera esto como una dificultad en ellas. Aquí ya tenemos la realización de un mito que tuvo su  origen en el secreto de la abuela.

La reparación; empieza en el momento que el secreto se desvela y uno puede darse cuenta de que los sentimientos transferidos del sistema perpetúan el “Mito familiar” que ya no cumple otra función que la de vengar el honor de la familia haciendo débiles a los hombres y a las mujeres “fuertes”, pero también desdichadas.

Con estos breves flashes se evidencia que conocer el árbol propio, sorprende y conmueve. La persona que lo elabora siempre queda maravillada de la historia que le relata su árbol. Es como si se fuera reconstruyendo una historia compleja, un testimonio colectivo que va revelando aspectos desconocidos hasta la fecha.

Y de cómo esta nueva manera de ver a la familia, alivia y repara viejas y profundas heridas.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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por César R. Espinel, mitólogo

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El Pensamiento Simbólico

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En el santuario frigio de Pesinunte (hoy en día la aldea turca de Bala-Hissar, no lejos de Ankara) se veneraba desde tiempos inmemoriales a la diosa madre Kybélê-Cibeles en forma de una piedra negra caída del cielo: un meteorito sacratísimo, digno de la más alta consideración por encarnar la presencia divina procedente de las alturas. La fama de sus milagros se extendía por todo el Mediterráneo. En el 250 a.C., durante la última guerra púnica, los cartagineses seguían amenazando las tierras itálicas, y los sacerdotes consultaron los libros sibilinos para saber cómo destruir al enemigo. “Buscad a vuestra madre”, fue la sibilina respuesta. ¿Qué madre? Lo aclaró el oráculo de Apolo: “Buscad a la gran madre de los dioses, que está en la cima del monte Ida”. Así, en abril de 204, llegó a Italia la piedra negra de Pesinunte, y fue recibida por el hombre que el Senado consideró el más santo de los romanos: Publio Escipión Násica. El meteorito fue colocado en el templo de la Victoria, sobre el monte Palatino. Dos años después Escipión el Africano, primo de Násica, derrotaba a Aníbal en Zama (cerca de Cartago, actual Túnez). Roma estaba salvada.

Otra Piedra Negra, Al-hadjar al aswad, está empotrada en la esquina exterior suroriental de la Kaaba (“dado”, por su forma casi cúbica), a una altura conveniente para que los peregrinos alcancen a besarla. Su tamaño se puede juzgar por la imagen de Muhammad que la repone en la Kaaba, como hemos visto más arriba. Su aspecto sugiere un origen volcánico o, mejor, meteórico. Según la tradición islámica la piedra celeste bajó encendida del cielo con un mensaje del arcángel Jibrail (Gabriel) para Ibrahim (Abraham). La Meca, a imagen de Jerusalén, es centro de la tierra; encima de la ciudad santa resplandece la Estrella Polar, centro del cielo. Al caer, la piedra perforó el firmamento y gracias a este boquete es posible la comunicación entre la tierra y el cielo. La Piedra Negra no es una piedra más, inerte e inanimada: cayó viva y luminosa y, como sus hermanas venidas de las alturas divinas, conserva la vida y el alma traída del cielo. La piedra impregnada de esencia espiritual no es sino un arquetipo planetario más. Los hajj, peregrinos de la Meca, hacen su juramento de fidelidad poniendo su propia mano sobre la piedra o, mejor besándola. Lo mismo ocurre en la Basílica del Pilar en Zaragoza, España, donde la imagen de la advocación mariana se encuentra sobre un betilo o columna de piedra que los fieles circundan y tocan y besan por una pequeña abertura. Del mismo modo, rodea a la Piedra Negra de la Kaaba un macizo marco de plata; la cara expuesta, tan resplandeciente y tersa, evoca los millones de labios que han descansado durante un instante de arrobamiento sobre ella, a lo largo de trece siglos.

La Piedra Negra es anterior al islam: era uno de los ídolos que se veneraban en la Meca mucho antes de la predicación del Profeta. Y en el mundo actual sigue siendo objeto de muchísima veneración, un ónfalos pétreo en cuya esencia divina creen mil quinientos millones de personas. No hay piedra en todo el orbe cuya sacralidad se compare a la de la Piedra Negra.

La Kaaba es ombligo y tumba: frente a la esquina de la Piedra Negra se encuentran dos sepulturas: la de Ismael, hijo de Abraham y progenitor de los árabes, y la de su madre, Agar, la esclava egipcia.


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Vamos a continuar nuestra Historia de Vida. Va a ser una de las bases de nuestro trabajo interior, sobre el que vamos a trabajar. Nos puede aclarar la causa de muchos miedos e inseguridades, así como también de dificultades para relacionarse, para ser asertivo diciendo lo que piensas y sientes, de hacer continuamente concesiones o tener actitudes rígidas o competitivas. Es aquello de: “háblame de tu infancia para que te pueda conocer”…

Os sugerimos completar vuestra historia siguiendo la secuencia en el tiempo.

Y os recomendamos dedicaros al menos 10 o 15 minutos durante la semana.

Tratad de recordar vivencias con tus padres, con la familia en general, en el colegio, en el inicio de la pubertad (alrededor de los 11 ó 12 años). La revisión de todo aquello que se  haya quedado guardado en tu memoria y en tu psiquismo, es determinante en tu trabajo interior. Bajo ningún concepto pienses que es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario: es ponerte en PRIMER LUGAR por primera vez en tu vida. Es darte la importancia que tienes dentro del Universo. Es poner las bases para encontrar el lugar que te ha sido encomendado, los primeros pasos para encontrar tu propósito vital y tu función en este mundo.

Es importante ser honesto/a y permitirte sentir exactamente aquello que fue, sin tratar de retocarlo ni suavizarlo con tu perspectiva de adulto.

No se trata de culpabilizar ni echar responsabilidades a nadie, sino de conocer nuestros sentimientos y su origen tal cual son.

Cuando termines, escríbelo en tu cuaderno dando especial importancia a las emociones y a las palabras, gestos y actos que las provocaron.

No rebusques con esfuerzo, sino sólo recoge lo que brota de forma natural en este momento.

En este ejercicio retrospectivo, pasa a tu adolescencia. Aquí las escenas seguramente toman otro cariz. Es una etapa en que cambian mucho tus actitudes con los padres y las de ellos contigo. Aparecen los primeros amores y el contacto con la sexualidad.

La forma de vida cambia y también tus necesidades.

Es común que haya enfrentamientos donde antes había acuerdo y encuentro. Atención a la reacción de los padres ante los primeros novios/as y como esto repercutió en ti. También ten en cuenta tu primer amor, el desarrollo de la relación y si te sentiste aceptado/a o rechazado/a. Todo esto puede estar activo todavía hoy. La actitud de los padres ante los estudios y la independencia en las salidas habrá influido mucho sobre tus actitudes en el trabajo y tu sentido de la responsabilidad.

Apuntalo todo en tu cuaderno. No importa el tiempo que te lleve, date el espacio que necesites, no hay prisa para alcanzar ningún objetivo. Disfruta de esta oportunidad de contacto contigo mismo/a y de tus memorias, sean las que sean.

No recrimines nada, no enjuicies nada, sólo permite que brote, que salga, que se exprese, que se manifieste como venga. ¡Cada uno es un mundo!

Habla del pasado con tu familia, crear un ambiente favorable a los recuerdos de esta etapa más reciente y también importantísima. Busca fotos de tu adolescencia, de tu pandilla o de tus novias/os de entonces. Esto te ayudará a recopilar información importante.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

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Sin duda las grabaciones están influyendo en tu vida de una forma importante y a medida que vayamos avanzando, lo vas a ver más y más.

Tengamos en cuenta que nuestra mente tiene tal potencia, que es capaz de grabar y retener no solamente nuestras vivencias y nuestros recuerdos personales más importantes, sino también vivencias que vienen de fuentes mucho más amplias y universales. Podemos acceder a recuerdos ancestrales, no solamente de nuestros ancestros directos, sino de la historia de la humanidad y de la formación de las especies.

No sabemos realmente en que lugar está el límite de su capacidad… Cuando Jung hablaba de Inconsciente Colectivo, se estaba refiriendo a esta capacidad de percepción de otros mundos y otras dimensiones, que los místicos antiguos han investigado durante siglos. Hoy día la ciencia se está encontrando con los mismos conceptos,  pero desde un lugar completamente distinto.

Es como si dos personas hubiesen subido una montaña desde lugares opuestos y se hubiesen encontrado en la misma cima, ¡asombrados de que alguien haya conseguido llegar ahí por un camino distinto al suyo!

Es importante que tengamos en cuenta este enorme poder de nuestro inconsciente, pues solemos pasar la vida bastante ajenos a la idea de que ¡¡¡es el inconsciente el que dirige nuestra vida!!!

La información que retiene es la que va determinar nuestros gustos, qué personas nos caen bien y qué personas rechazamos, las cosas que nos atraen y también los acontecimientos y personas que son atraídos a nuestra vida. Gran parte de nuestros pensamientos más íntimos y nuestros impulsos vienen determinados por todo aquello que nuestro inconsciente retiene.

Aunque esa parte más amplia y trascendente de nuestra percepción en realidad es prioritaria, como veremos poco a poco, esto no impide que nuestro día a día esté profundamente marcado por las experiencias que hemos vivido en esta vida y con este cuerpo. Lo que hemos llamado “grabaciones emocionales”.

Por esa razón estamos montando nuestra “Historia de Vida”. Su finalidad es conocer todo aquello que es accesible a nuestra conciencia en este momento e ir neutralizando su efecto, de tal manera que puedas mirar para atrás sin sentir ninguna reacción especial. Como cuando ves una película por enésima vez: observas los hechos pero ya no saltan las emociones.

Pasa a ser mucho más interesante lo que está ocurriendo aquí y ahora, y puedes soltar viejos hábitos emocionales, viejos dolores y viejos rencores. Esta carga puedes dejarla, como quien se quita de la espalda una mochila pesada, cuyo contenido ya no tiene el menor interés para tu actual supervivencia.

Nuestro inconsciente registra todo, de una forma casi inimaginable. En estado de hipnosis y con los ojos cerrados podemos describir detalles nimios de la habitación en la que estamos, ya que nuestra mente lo percibe todo, incluidos los matices; ¡detalles que ni hemos observado de forma consciente! Pero como no tienen ningún interés para nuestra supervivencia, no lo retiene ni lo graba para posterior referencia.

Nuestro pensamiento consciente es tan importante justamente porque analiza y ordena todo este maremagno de información. Una nueva grabación puede ocurrir cuando nuestro consciente pierde fuerza por un golpe emocional o físico y deja la puerta abierta a nuevas impresiones.

Por lo tanto, el que entra en este almacén lleno de información caótica y la pone en orden es nuestro pensamiento consciente. De su fortaleza va depender la organización de todo este material, para echar fuera lo que no vale y aportar lo que está faltando.

Lo interesante es que el inconsciente, con tanto poderío, es muy dócil y se deja manejar con facilidad. Como su función es percibir y retener todo lo intenso, de la índole que sea, recoge información nueva sin resistencia.

Por lo tanto, podemos manejarle si conocemos como funciona y como se graba información relevante y necesaria para poder vivir con serenidad y ser felices. Ten en cuenta que si tu inconsciente tiene información sobre el manejo del placer y como mantenerlo, podrás disfrutar y los momentos de felicidad, las uniones amorosas y el bienestar podrán perdurar en el tiempo.

Si solo conoce el dolor, cuando ocurre algo placentero no sabe que hacer con ello, y acaba volviendo a lo que conoce, al sufrimiento. Con este mecanismo, a menudo estropeamos nuestro bienestar y nuestros momentos felices, sin saber porqué.

También se da el caso al revés: si el inconsciente almacenó solamente información placentera, cuando llega un acontecimiento doloroso no sabe qué hacer con ello, lo esconde y lo aleja, pues no sabe procesarlo. En este caso, esconde todo lo desagradable. Pero lo doloroso sigue ahí, afectando tus reacciones y emociones, aunque no lo tengas presente. Como cuando comes una comida en mal estado y tomas un analgésico: te sigue haciendo daño aunque no sientas dolor…

Toda esta información es importante para que te des cuenta de que puedes organizar tu almacén de recuerdos de muchas formas. Puedas escoger una manera que te vaya a llevar al amor, a una vida feliz, placentera y a una aceptación activa de todo aquello que te pueda traer la vida. Esta es una de las llaves de la felicidad. ¡Puedes evitar todo aquello que representa un sufrimiento inútil y repetitivo!

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Si en los anteriores posts sobre Grabaciones Emocionales (a los que puedes acceder aquí para leer el primero y aquí para el segundo) has podido localizar en ti un estado-base grabado desde tu gestación, habrás comprobado cómo esta sensación coarta toda tu libertad para sentir.

Habrás podido comprender la importancia de localizar esta parte en ti que es totalmente repetitiva y automatizada. Pero hay suerte: el inconsciente es muy, muy literal y por esto mismo, se deja manejar bastante bien.

¡Puedes meter información nueva en tu ordenador, puedes borrar información, y así remediar cualquier grabación! Va a depender de lo que quieras hacer y de tu constancia.

Como los niños son muy impresionables y no tienen formas organizadas para defenderse de las agresiones e invasiones del mundo exterior, la mayor parte de las grabaciones provienen de la infancia, de la pubertad y de la adolescencia. Tienen diferente cariz:

  1. Las de la infancia suelen ser muy ligadas al miedo y a la impotencia

Hay que recordar que un niño realmente no tiene recursos; según la familia que le ha tocado, a ella se tiene que amoldar. Además, es una etapa en la que hay que obedecer, no suele haber otra alternativa.

Puede tocarle una familia amorosa y protectora (a veces demasiado) o una familia desestructurada y conflictiva. Si los padres le explican el por qué de las cosas, el niño puede formar estructuras sólidas y crear una personalidad equilibrada. En cambio, si los padres imponen las cosas, el niño se siente incomprendido y más tarde se va a rebelar, a veces en momentos y lugares inadecuados y de forma destructiva para él. Si hay violencia en la familia, el niño siente pánico y más tarde de adulto puede llegar a comportarse igual, por mucho que lo odie.

Es importante saber que en el momento en que se activa una grabación no se para uno a razonar si es algo bueno o malo. Se funciona en automático, como el teclado de un piano: si das a una tecla concreta va a sonar siempre la misma nota. El piano no juzga si es la correcta o no.

Lo que es cierto es que el niño es como una esponja y absorbe lo que hay en el ambiente familiar. ¡Esto es ley! Lo que hay, el niño lo hace suyo.

Por esto mismo, no debes sentirte culpable si en algún momento actúas como lo hicieron en tu casa, de una forma que rechazabas. Simplemente has absorbido lo que había. Ahora, la suerte es que tomando conciencia de lo que hay y de cómo funciona la mente, ¡puedes transformarlo en aquello que realmente quieres!

Un ejemplo didáctico es el de una chica cuyo padre era muy impaciente y exigente. Ella sufría una tensión enorme y una sensación de no poder equivocarse jamás. A pesar de sus esfuerzos por evitarlo, con sus hijos repetía la misma exigencia y se impacientaba ante cualquier fallo. Sólo cuando neutralizó la grabación de infancia con su padre, pudo cambiar su actitud con los hijos.

           2. En la pubertad y la adolescencia las grabaciones suelen girar alrededor de la culpa y el poder

Es una época en la que la rebeldía es normal y hasta beneficiosa para configurar la Personalidad, el Yo personal. Pero esta etapa no suele ser comprendida por la familia, así que el adolescente se ve dividido entre seguir su camino o seguir obedeciendo. Si rompe las reglas siente su poder personal, pero al tiempo siente culpa. Si las sigue, se siente coartado.

Las reglas ya están interiorizadas y el conflicto no es solo con los padres y el entorno, también es interno. Si obedezco, mal, y si no obedezco, peor. Por ello, el rebelde suele sufrir y al tiempo sentir su triunfo. Este conflicto a veces crea hábitos destructivos que el adulto luego perpetúa, hasta darse cuenta que también esto es una grabación que puede transformar.

Las grabaciones de este período suelen girar alrededor del poder y de su pérdida. También sobre la injusticia, no sentirte comprendido, no permitirse vivir, tener trabas para lanzarte libremente a explorar el mundo, la sexualidad, el contacto con los demás.

Un ejemplo didáctico es el alumno que pasó su infancia enfrentando a su padre para defender a su madre de críticas y desvalorización, luego de adulto, no podía evitar enfrentamientos continuos en su hogar y en su trabajo. Su vida era un infierno, siempre luchando en una guerra sin cuartel. Vivía en un ring de boxeo. Al trabajar su grabación, consiguió por fin sentir paz y, lo más importante, disfrutar de la vida. Como estaba viciado en la adrenalina que produce la lucha y era adicto al subidón del enfrentamiento con otros, la paz y el disfrute era imposible.

 

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Un inmenso océano, misterioso, fascinante, insondable, con el poderío hipnótico del que guarda en sus entrañas tesoros y tragedias, precipicios inimaginables y formaciones de una belleza estremecedora, seres con mil formas caprichosas, especies conocidas y desconocidas, esa potencia vertiginosa que fascina y atemoriza… es la imagen que brota en mi mente, cuando pienso en el Gran Inconsciente. Una mezcla de fascinación y respeto, temor y admiración. Algo grande, inconmensurable, que me atrae y me asusta al tiempo…

Aunque el término “inconsciente” tiene diferentes significados, esta palabra evoca en mi mente su acepción psicológica, el término que Freud consiguió encajar en el lenguaje del hombre de la calle. Pero si preguntas a alguien sobre su significado, probablemente pondrá una cara de circunstancias, mientras escudriña su mente en busca de una definición que le cuesta encontrar… ¿cómo definir algo tan abstracto?

A mí tampoco me resulta fácil explicar algo que no tiene una forma reconocible, ni un lugar exacto de ubicación. Sólo puedo afirmar que conozco su fuerza y los efectos de esa fuerza. Creo conocer su manera de empujarme hacia adelante y crear todo aquello que necesito para la evolución del alma y de la consciencia. Una vez que constaté su existencia, mi atención quedó cada vez más atrapa y fascinada por esta fuerza abstracta, pero presente y detectable. Descubrir sus huellas y su forma particular de guiar mis actos y reacciones, pasó a ser una práctica diaria.

Es verdad que a veces me empuja hacia sentimientos o impulsos claramente destructivos, inconvenientes, rechazados por mi mente y mi ética. Pero investigando en el pasado y reconociendo las imágenes y recuerdos que se quedaron grabadas en mi mente, pude ver que respondían a experiencias que habían sido dolorosas o que habían tenido consecuencias atroces. Aquella vez en que me había atrevido a manifestarme y acabé ninguneada, incomprendida, castigada o rechazada, hizo que algo de dentro me obligara a callarme cuando yo quería hablar. Una mala experiencia amorosa que me había dolido en el fondo del alma, ahora me hacía evitar a alguien que me atraía, con quien deseaba estar. Una iniciativa del pasado que había resultado en fracaso, hacía que ahora mis pasos quedaran frenados cuando quería iniciar algo nuevo e ilusionante. Una injusticia tragada en el pasado hacía ahora que brotara de mi ser un resentimiento, una rabia o una necesidad de venganza irrefrenable.

Y todas las veces que había tragado sapos y culebras, hacía que ahora perdiera el control en el momento menos adecuado, incapaz de actuar con firmeza y cordura. Iras no deseadas que era incapaz de frenar, alimentadas por impulsos oscuros. Pulsiones que brotaban de la profundidad de mi océano interior, a veces con consecuencias nefastas para mi vida y mi relación con las personas a las que quiero y amo. Al final, remordimiento, reproches, dolor, separación…

Analizando más profundamente estos comportamientos, llegué a la conclusión de que en su esencia, ¡eran impulsos que tenían la intención de protegerme de dolores experimentados en el pasado! Actitudes que cortaban mi energía vital y mis añoranzas, pero que me protegían de correr el peligro de volver a vivir un dolor agudo insoportable, experimentado en una vivencia anterior. ¡La intención verdadera de esta fuerza que brotaba de mis entrañas más profundas y me coartaba, era protegerme! Protegerme de un sufrimiento y un dolor que habían roto mi corazón en el pasado… Un aprendizaje hecho de experiencias antiguas, que no quería repetir aquel sufrimiento. ¡Era una fuerza amiga!

Al darme cuenta de esto, empecé a recordar todas las veces en que el impulso había sido constructivo, coherente y sano. Eran muchas veces. Muchas veces me había salvado de situaciones hasta peligrosas, por una intuición que venía no sé de dónde, por un pensamiento no racional que había evitado una situación dolora y verdaderamente problemática. Decididamente, esta fuerza de origen desconocido, tan poderosa e indomable, no paraba de mostrarse y además ¡estaba a mi favor!

Intuía que era la fuerza misma de la vida, que se manifestaba así. También me di cuenta de que cuando me frenaba (para protegerme), era porque tenía datos obsoletos, que ahora ya no tenían validez, pero que fueron muy importantes en su día. Como brotaba tan de dentro y con tanta fuerza, nunca me había parado a analizar su origen y su función. Parecían venir de un lugar desconocido, pero ante un análisis tan profundo, me di cuenta de que estaban íntimamente ligados a mis experiencias de vida.

Lo entendí como la fuerza de la vida actuando a través de mí, poseyéndome. Era una fuerza beneficiosa, que me protegía y guiaba a su manera. Me di cuenta también de que podía actualizar esos datos con lo que sabía ahora, de tal manera que los impulsos que brotaran de dentro pasaran a ser siempre beneficiosos. Y si no lo eran, era porque algo todavía necesitaba ser ordenado. Era la tarea que me tocaba, personal e intransferible.

La puesta a punto iba a permitir que lo nuevo (por lo visto peligroso emocionalmente, con la información que tenía mi mente hasta ahora) pudiera ser vivido sin resistencia. En otras palabras, con un trabajo de limpieza emocional sistemática y consciente, esta enorme fuerza interna iba a ayudarme a vivir sin miedo aquello que anhelaba y necesitaba. Había sido un freno basado en el miedo, ahora podía convertirse en un acelerador y un facilitador.

Esta idea me hizo ver la vida de otra manera. La fuerza vital había pasado de enemiga o al menos, de una amiga que te puede traicionar, a una amiga de verdad. Esta enorme grandeza que veía en el mar estaba dentro de mí, ¡en mi interior! Pasé a sentirme acompañada y protegida por la vida. Algo importante cambió; podía disfrutar de lo bello y placentero y podía usar lo desagradable o doloroso como un aprendizaje útil y necesario.

También me di cuenta de que aunque este enorme poder inconsciente es amigo, hay que transitar por él con el máximo respeto, paso a paso y sin creer que estás en posesión de ninguna verdad especial. Es asequible a todos, pero el permiso para adentrarse en este ámbito poderoso es dado milímetro a milímetro, con la obligada consciencia de que eres una pequeña y humilde pieza de algo infinitamente mayor que tú, que al tiempo te necesita para completarse.

Freud hablaba del inconsciente personal, Jung del inconsciente colectivo. Me viene la metáfora de internet, ubicada como el inconsciente colectivo en un lugar intangible pero accesible desde tu ordenador, tu inconsciente personal, que al tiempo tiene también su propia programación. Y todo ello diseñado para tu evolución como ser humano, como mente y como alma.

Caí en la cuenta de que sin saberlo conscientemente, llevaba año tras año en la creación de un profundo trabajo personal de limpieza interior, de ordenación y actualización emocional basada en el gran poder de nuestra mente: la atención. El Juego de la Atención: la forma en que usamos este don.

Es la gran herramienta de la que disponemos los seres humanos. Nos permite alinear nuestro ordenador personal con el gran poder, el gran océano, que está dentro y fuera, poderoso, amigo y en permanente creación.

por César Rodríguez Espinel, mitólogo

Si hay una imagen que nos debe venir a la cabeza cuando oímos hablar de mitología, es ésta: el Mito de la Caverna, un relato que nos regala Platón en el Libro VII de su República. Éste es el mito por antonomasia y uno de los mejores ejemplos de pensamiento simbólico que podemos encontrar. Todos conocemos este relato, quien más quien menos lo recuerda de sus clases de Filosofía en el instituto. Pero debemos tener cautela con la palabra “mito”. Generalmente uno ve que numerosas universidades ofrecen cursos y seminarios de mitología e iconografía que parecen aptos sólo para unos pocos alumnos de Humanidades. Y esto no deja de ser cuanto menos sorprendente, ya que todo lo que quiero decir se resume en esto: la mitología es un conjunto de relatos simbólicos. El símbolo configura un lenguaje que nos ayuda a entender el pasado, y es un lenguaje muy concreto: el poético, el metafórico. El ser humano necesita completarse, eso está más que claro, y parece que para completarnos necesitamos ese tipo de pensamiento simbólico/metafórico/poético.

El Mito de la Caverna no es sólo la teoría del conocimiento de Platón, pues en este relato el filósofo no cierra ni tampoco explica las cosas. ¿Por qué? Porque las interpretaciones de un mito (y de los símbolos que encierra) son infinitas, ya que el símbolo nos religa con algo trascendente, y lo trascendente tiene infinitas interpretaciones para cada uno. Un símbolo jamás llega a conocerse completamente, hay que convivir con él porque constantemente se actualiza y nos devuelve una información, del tipo que sea (emocional, mental, espiritual…). Si dejamos el símbolo anclado en el pasado y le impedimos evolucionar, perderá su sentido como enlace con lo trascendente.

Teniendo esto claro, podemos acceder al quid de la cuestión. Recordemos brevemente lo que nos dice el mito. Cuenta Platón que había una caverna en la que estaban unos hombres encadenados, por los tobillos y por el cuello, de espaldas a una pared. No veían la pared, sólo veían el muro de la caverna delante de ellos. Detrás de la pared (y de ellos mismos), unos hombre y mujeres pasaban llevando objetos sobre sus cabezas, y detrás de ellos les iluminaba un fuego. Ese fuego emitía una luz que iluminaba los objetos que movían esas personas sobre sus cabezas, proyectando sus sombras sobre el muro de la caverna. Los hombres encadenados piensan, lógicamente, que esas sombras son la realidad. Porque además los objetos se mueven. Y las personas que llevan los objetos hablan, por lo que los cautivos piensan que son las sombras las que hablan. Los encadenados están siempre ahí, mirando esa especie de cine todo el tiempo. Y están convencidos de que ésa es la realidad.

Pero, de repente, algo ocurre. El hecho mágico que da lugar a todas las transformaciones: uno de los hombres encadenados es de repente liberado. Uno podría pensar que qué bien, cadenas fuera, es libre por fin. Pero nada más lejos de la verdad. Aquí empiezan los problemas. Porque vivir de la otra forma es muy fácil y cómodo: quedarse sentado a ver qué sombras vienen y qué sombras se van, qué bien la vida, qué mal la vida… Pero de repente llega alguien y te dice: “no, no, no te quedes ahí sentado. Levántate y anda”. Claro, entonces el hombre se levanta, da la vuelta al muro y se da cuenta de que esas sombras no son la realidad. Que se parecen mucho porque son una proyección en una pared como consecuencia del fuego. Que es luz. Y la luz se proyecta sobre los objetos y justamente lo que no deja pasar la luz configura el contorno de lo que crees que es la realidad, es decir, una ausencia de luz. Metáfora bellísima.

Pero la cosa no termina aquí, porque el hombre descubre que puede salir de la caverna. Y que el fuego no es la verdadera fuente de luz, hay una que es mucho mayor: el Sol. Y esta metáfora es posiblemente la más importante, porque hay dos fuentes del luz. Platón los distingue con el fuego y el sol. En la Biblia, el libro del Génesis 1:3 se recoge la famosa frase:

Entonces dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”

Sin embargo, son muchos los lectores de la Biblia que se sorprenden cuando leen versículos después (1:16) que Dios creó el Sol y la Luna. ¿Qué es esa luz que Dios crea el primer día y que separa la luz de las tinieblas cuando el día y la noche aún no han sido creados? Son los dos mismos tipos de luz que en Platón. Esa “luz primera” del Génesis es el sol de Platón, el Conocimiento único. El sol físico del Génesis se convierte en la luz intelectual, el fuego de Platón. Este fuego nos dice la “mentira”, pero es necesario para acceder al Sol. Pero Platón insiste: cuidado, no le fue nada fácil al ex-cautivo salir de la caverna, porque no estaba acostumbrado a esa luz, al Conocimiento. De hecho no puede ver, así que se va colocando poco a poco a la sombra de las cosas. Un poco más adelante ve la realidad (esta vez sí) a través de su reflejo en el agua. Y poco a poco va siendo capaz de mirar directamente los árboles, las rocas o los animales hasta que es capaz de contemplar el mismísimo Sol.

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Podríamos decir que el ex-cautivo ha alcanzado la Iluminación, el Nirvana, el Conocimiento único. Vale, pero ¿y ahora qué? Esa pregunta la dejaremos para otra ocasión…

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Lo normal debería ser que siempre nos sintiéramos leves, libres, contentos/as, llenos de vida. Cada vez que no te sientes así, te ha pillado una grabación, un automatismo que te aprisiona emocionalmente. Al quitar la grabación, sales sin esfuerzo de la prisión para encontrarte contigo mismo, no más prisionero de tu pseudo-yo. Leer más