Entradas

Lo siento: una rotonda no es lugar para una diosa. Un espacio inaccesible permanentemente circundado por una hilera infinita de automóviles en tránsito no es un santuario. Es preciso salvar a la Cibeles, Nuestra Señora de Madrid, de su habitáculo profanado. Urge impulsar la cruzada que libere a la gran Dama de su sepultura urbana. Esclava de las abominables leyes de tráfico motorizado, el sencillo paseante ya no puede contemplar con calma a la patrona de la Villa; ni siquiera el turista puede capturar en su artefacto telefónico una instantánea de su porte, sin que un gigantesco autobús rojo de dos pisos, cargado a su vez de más turistas frenéticos, se interponga en su campo visual arruinando así la fotografía.

Nadie lo advierte, pero la Cibeles se lamenta. Es demasiado soberbia para mostrarlo. Sin embargo, muy entrada la noche, cuando los vehículos van mermando su presencia y menguan su tufo a carburante y su ruido ensordecedor, los labios pétreos de la Gran Dama parecen entonar un lamento. Con la firmeza de su temple femenino, su mirada cóncava sueña con el glorioso pasado, con el eco de su Frigia natal, hace miles de años.

En aquellas tierras orientales, no muy lejos de la mítica Troya, la diosa se llamó “Kibele” (Κυβέλη), y fue adorada como una gran Magna Mater bajo la forma de una misteriosa piedra de intenso color negro (nuestro profesor César R. Espinel ya dedicó una entrada en este blog a la piedra negra, que puedes leer aquí). La ciudad de Pesinunte fue su hogar. Los frigios cantaron entonces las leyendas de esta diosa de la Tierra, y sus infortunados amores con su hijo y consorte, el hermoso efebo Atis; y de cómo el joven cometió el error trágico que desató las iras de la Dama, y de cómo el infortunado mutiló sus genitales y murió desangrado para ser finalmente resucitado en forma de pino en los albores de la primavera por intercesión de Kybele: la misma que le había dado la vida. El asunto mitológico es universal, y tan frecuente en todas las civilizaciones que induce a pensar en su veracidad: Atis es Adonis, es Tammuz, es Dumuzi… Kibele es Afrodita, e Innana, e Ishtar. Nada nuevo bajo el sol. Morir y renacer en torno al equinoccio es ley.

Cibeles mas antigua todavia

El arquitecto que proyectó en el siglo XVIII la estatua fuente de La Cibeles en Madrid conocía la historia a la perfección. El padre del concepto, José de Hermosilla, y el diseñador de la figura, Ventura Rodríguez, llenaron los laterales del carro sobre el que se asienta la diosa de meditados adornos en forma de piña. Hasta pusieron a sus pies un enorme surtidor con forma de mascarón en el que se adivina el rostro del amado Atis. Parece ser que incluso contempló el proyecto la presencia de un enorme pino, justo en frente del conjunto, para completar la descripción del mito. La diosa se lamenta, y con razón: el pino fue mandado arrancar por algún concejal ignorante y poco amigo del arbolado urbanita. Para más tragedia, la fuente entera fue movida de su emplazamiento original, orientando el rostro de Cibeles al más prosaico Banco de España. Ver para creer.

La Cibeles se lamenta en su sepulcro madrileño. Convertirse en un icono turístico de la ciudad no hace sino agudizar su dolor. Ser el estúpido punto de encuentro para festejar las victorias de unos deportistas sobrevalorados empeora su situación. Los madrileños la desconocen, y por lo tanto no pueden rendirle su merecida pleitesía. Sin pino y desplazada, la diosa recuerda dolorosa cada noche su gran peregrinación que cambió para siempre su lugar entre los humanos.

Corría el año 205 a.C. y los romanos del Lacio se batían a muerte contra el pequeño imperio cartaginés por el control de las aguas mediterráneas. Los oráculos sibilinos fueron rotundos: para ganar la guerra hacía falta la llegada a Roma de la famosa piedra negra de Pesinunte. Y así ocurrió. Kibeles fue secuestrada de Frigia y se instaló en el monte Capitolino. El betilo negro pronto se fue humanizando, y adoptando la forma de una dama romana de rostro oscuro. Su nombre cambió a Cibeles y su historia se fundió con la de la titánide Rea, de la teogonía griega. Poco importaba: la Magna Mater es siempre la misma y tiene mil rostros. También era Isis, de rostro negro, como el limo fértil del Nilo…

Roma exportó a Cibeles/Isis/Rea por todo su Mare Nostrum. Cuando llegó a la Península Ibérica (bastante más celta que íbera, y sobre todo profundamente tartésica) se encontró con una tierra especialmente fértil para semejante culto. Hacía ya incontables siglos que los moradores de Hispania veneraban a la diosa de rostro oscuro. Cambiarle el nombre no fue un problema, con tal de que los ritos a la Madre no se vulneraran. No hubo necesidad: los ritos a la Magna Mater son semejantes en todos los confines del planeta. ¿Llegó la diosa de oriente a Roma y de Roma a Hispania? ¿O más bien la diosa regresó a su casa original, a los confines de occidente? Vaya usted a saber. Poco importa ya. Los carpetanos, moradores de las tierras centrales entre las sierras del sistema central y el valle del Tajo, también fueron adoradores de la diosa. Eran gentes seminómadas que se sabían protegidos por los sobrecogedores espectáculos que siempre han ofrecido los cielos de Madrid. En su manifestación nocturna, los carpetanos adoraron a la constelación del carro, la que los griegos vincularon con la gran Osa. No es baladí que en el escudo actual de Madrid la bordura de azur cargue siete estrellas de plata. No son otras que las que componen el venerado catasterismo carpetano. Esto induce a pensar que el supuesto «oso» del escudo es en realidad hembra: una osa.

Osa

La simbología de la osa nos lleva a cultos ancestrales de la Magna Mater. Cada año la osa se entrega a su hibernación estando ya preñada . En la gestación se da un fenómeno muy peculiar que es conocido como implantación diferida. Mediante este mecanismo las hembras son capaces de postergar el momento en el que comienza a desarrollarse en su interior un óvulo fertilizado. El futuro embrión permanece en un estado de latencia hasta que la madre determina que la estación es la más favorable para seguir adelante con su gestación, el parto y el cuidado posterior de la cría. Cuando llega la primavera y la osa sale de su guarida en las entrañas de la Tierra, lo hace con sus oseznos ya nacidos. Este hecho no le pasó inadvertido a nuestros más remotos antepasados mediterráneos, que vieron así en la osa una prefiguración de la Magna Mater, un símbolo de la fertilidad y poder regenerativo de la Naturaleza, que brota cada primavera de los adentros de la roca con su camada. A las afueras de Atenas, en la época clásica, las muchachas atenienses eran iniciadas en los secretos femeninos en el santuario de Braurión, donde la diosa Artemisa (señora de las bestias) se presentaba en forma de Osa. Allí, las niñas pubertas se disfrazaban de oseznas para perpetuar los ritos iniciáticos que demandaba la Gran Diosa de la fecundidad. La constelación del carro era para los griegos la ninfa Calisto, a la que la terrible Artemisa había convertido en osa estando encinta. Para muchos eruditos, Calisto es una manifestación de la misma Magna Mater.

Una urbe cuyo emblema exhibe una osa es un enclave de fuerza femenina. Si a esto le unimos la presencia de agua subterránea como base para el asentamiento de la ciudad, la feminidad del emplazamiento se duplica. Don Juan López de Hoyos, en su Declaración de las armas de Madrid y algunas antigüedades, es quién nos rescata el lema fundacional de la villa:

“Sobre agua fui construida, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón”

Multitud de cursos de agua dibujan los caminos subterráneos de Madrid. Una red de arroyos invisibles, como sierpes indómitas de líquido elemento, sobreviven aún hoy, pese a la red de metro y los faraónicos túneles que tratan de descongestionar la capital de vehículos. Pero el agua siempre se abre camino, y más en Madrid. ¿Saben los madrileños que en la historia de su escudo aparece frecuentemente la serpiente en forma de dragón, como custodio de las aguas subterráneas? Lo pueden ver en la plaza de la Villa, o en la de Arganzuela… Pero claro, para eso hay que mirar, que cada vez es más difícil… Una enorme sierpe roja (nos dice López de Hoyos) apareció dibujada en las ruinas de la vieja Puerta Cerrada cuando se desmanteló en el siglo XVI… El lema era cierto: la villa flota sobre ríos de agua que corre secreta. Nunca necesitaron los madrileños del humilde río Manzanares, que jamás alcanzará la nobleza de río fundacional, como el Tíber, el Támesis o el Sena. Y es que cuando los carpetanos del lugar necesitaron agua, perforaron la tierra. No es casualidad que el santo patrón de la villa, el bueno de Isidro, fuera más bien un pocero que un labrador. Otros lo llamarían zahorí. Otros, sacerdote de la diosa, pues parece ser que pasaba la mayor parte de su tiempo venerando las imágenes marianas de rostro oscuro, de las que Madrid jamás supo prescindir: la Almudena, la de Atocha, la de la Encina… ¿No viene el mismo nombre Isidro, de “Isidoro”, esto es “el don de Isis”? ¿O solo fue el paso de la reliquia del gran arzobispo homónimo por tierras carpetanas la causa de su bautismo?… Vaya usted a saber.

Pero del santón zahorí deberemos hablar en otro escrito. Hoy es la Magna Mater nuestra prioridad. Kibeles, Cibeles, habita en su legítima tierra: un hogar de la diosa. Cuando el padre Jerónimo de la Quintana escribe para Felipe III su estrafalaria y apasionante historia sobre el origen mitológico de Madrid, no duda en apelar una vez más a la diosa. Y lo hace con el nombre de Metragirta que, bajada del cielo en un carro tirado por bestias, salva al troyano Ocno Bianor de su autoinmolación, reclamada por Apolo para la correcta fundación de Mantua Carpetana, esto es, Madrid. El relato no tiene desperdicio. Y nos vuelve a resultar tan familiar…

Cuando la poderosa Isabel de Farnesio vino a ser reina de las Españas, no pudo tolerar las insuficiencias de la supuesta capital. Ella y su muy ilustrado Carletto (así llamaba a su hijo mayor, rey Carlos III), proyectaron un Madrid borbónico a la altura de las circunstancias. Y como consecuencia de su rica formación clásica, sabían que en toda ciudad hay que potenciar aquello que Vitrubio llamó “genius loci”, es decir, el genio del lugar. Había que hacer de Madrid una gran capital, y para ello era imprescindible dar con ese mito. ¿Qué forma tiene el genio del lugar en la capital del reino?, ¿Quién lo sabía?…

A día de hoy, en el mismo solar donde vivió y murió Isidro el Zahorí, se levanta el palacio de los condes de Paredes de la Nava. En su hermoso patio hay una sorpresa que nos aguarda en silencio. Dos esculturas olvidadas entonan un lamento muy parecido al de la diosa en la otra punta de la Villa. Se trata de una osa y un dragón. Son las dos piezas talladas como surtidores de la fuente que brotaba a los pies del proyecto de la Cibeles, hace ya demasiado tiempo. La osa, que evoca a la sublime constelación, y a la fecunda bestia ctónica, impone su regia figura paralela al dragón, custodio de las aguas sanadoras del vientre madrileño. Estos son los genios del lugar que un día acompañaban el carro de su gran Dama, la del carro solemne, la de la corona de bastión amurallado de pedernal, la que sujeta firme a las fieras que la hacen avanzar eternamente, y que por descontado, son dos leonas… Otro reformador urbano con mal gusto y peor documentación despojó a la Dama de sus genios para siempre. Luego llegaron esos indecentes angelotes regordetes que juegan ilegítimamente tras el carro divino. Lo dicho: el despropósito es una maldición en la villa.

Tráfico

Una rotonda que gestiona el tráfico urbano no es el lugar para una diosa. Nuestra Señora de Madrid, como bien la bautizó la maravillosa arqueóloga Pilar González Serrano, no cesa en su lamento nocturno. Sus sollozos siguen sin calar en los madrileñitos de a pie que por causa de la costumbre, la desidia o la ignorancia no saben las leyes del suelo que pisan y, por lo tanto, no saben dónde pisan. Madrid, ciudad de agua, piedra, osa y estrellas. Madrid, ciudad de vírgenes negras y poceros de cuerpo incorrupto. Madrid, urbe fémina de los Carpetanos, es ingrata a su esencia.

Amanece en el centro de la ciudad. La diosa espera latente, cauta, inadvertida, una mirada que parece no llegar jamás. Pero ella es paciente y no claudica. Es soberbia, y se sabe muy superior a los viandantes acelerados, que osan ignorarla…

 

Texto redactado por Jaime Buhigas Tallón, profesor de TEMPUS SACRUM 

La última vez que nos leímos estuvimos hablando de la identidad de San Isidro Labrador, santo zahorí patrón de los agricultores del mundo y muy probablemente sacerdote de la Diosa. Esta semana vamos a terminar su historia. Decíamos que San Isidro era pocero, el que encontraba los pozos. Existen los diferentes pozos de los que hablan las leyendas, especialmente los famosos siete pozos. Uno está en la Ermita del Santo, otro está en San Andrés, otro está en la Colegiata de San Isidro… los siete pozos, que sabemos donde están pero no se ven más que dos (los demás están tapados, o pasa el Metro o yo qué sé lo que hay. Mal, siempre mal). Y entonces, este señor pocero tenía unas cualidades extraordinarias.

¡Milagro! Siglo XIII. En 1212 el rey Alfonso VIII de Castilla, junto con el rey Pedro II de Aragón y con Sancho VII de Navarra ganan las Navas de Tolosa. Y resulta que la ganan porque un pastorcillo la víspera les dice el camino para pasar por el monte y llegar a la retaguardia de las tropas del rey Miramamolín, les dan una paliza a los moros de mucho cuidado y ganan la batalla de las Navas de Tolosa. Y cuando los reyes quieren dar las gracias al pastorcillo que les había ayudado, el pastorcillo no aparece. Pero bueno, han ganado las Navas de Tolosa, y se vuelven. Y de vuelta a los reinos del norte paran en Madrid. Y al rey Alfonso VIII, estando en Madrid, de repente le cae un aguacero de mucho cuidado. Y en medio del aguacero el cementerio de la parroquia de San Andrés, que está al borde del arroyo de San Pedro, se descompone y empiezan a salir de ahí todas las tumbas, los ataúdes… y de uno de los sepulcros sale un cuerpo incorrupto. Van a ver el cuerpo, preguntan de quién es, nadie lo sabe muy bien, alguien dice «el de un vecino que vivió aquí hace 100 años», «¿cómo se llamaba?», «Isidro», «¿y cómo es?», «muy alto muy alto», que mide dos metros. Impresionado por estos hechos, el rey Alfonso VIII quiere ver el cuerpo. Y entonces lo ve y ¡ah!, milagro en Madrid: «¡este señor es el mismo pastor que nos dijo qué camino seguir para ganar la batalla de las Navas de Tolosa!» Y entonces quieren hacerle santo, pero Roma dice que no por ser un simple pocero.

No pueden hacerle santo porque era pocero, estaba casado, tenía un hijo, era asalariado, no era presbítero, no era nada. Así que no le pueden hacer santo, nada. Pero hete aquí que en Madrid, cada vez que hay sequía, San Isidro Labrador. Cada vez que hay una enfermedad, la fuente del santo milagrosa. Porque resulta que los madrileños tienen una profunda devoción a ese hombre, y los 15 de mayo celebran una procesión con su cuerpo para que las aguas fecundas de Isidro, las aguas del zahorí, fecunden los campos. Y no hay quien pare ese asunto. Es el santo madrileño legítimo por definición. Dicen que fue el propio Alfonso VIII quien financia el Arca de las Reliquias custodiado hoy en la Catedral de la Almudena y que representa a Isidro como santo, saltándose la prohibición de Roma y adelantándose cinco siglos a su canonización. Y no sólo eso, sino que el rey también financia que Juan Gil de Zamora escriba en el siglo XIII la vida y milagros de San Isidro. Y este señor escribe cinco milagros en vida del santo, que son los que están representados en el Arca.

Los milagros que se describen son en todo parecidos a la multiplicación de los panes y los peces. Por ejemplo el pobre que llama a la puerta de Isidro y María por algo de comer, ellos no tienen más que para sí mismos, pero van al puchero con intención de darle y cuando lo abren el puchero está a reventar y pueden compartir. O cuando está llevando grano al molino ve a dos pajarillos hambrientos por el camino y les da grano, ante la indignación de sus compañeros que le dicen que así habrá menos para el pueblo e Isidro responde «Dios proveerá» y efectivamente, cuando llegan al molino echan el grano que da como si fuesen 27 sacos más. Es decir, todos los milagros tienen que ver con la abundancia, la cornucopia, el exceso… En palabras evangélicas, «busca primero el reino de Dios y lo demás te será dado.»

Ése es San Isidro, el gran santo de la abundancia y los animales. Pero no sólo eso: su mujer será santa, Santa María de la Cabeza, y su hijo, San Illán, también. Un trío de santos. No conviene que les olvidemos.

Resultado de imagen de arca de las reliquias san isidro

Texto recogido de una clase de Jaime Buhigas de TEMPUS SACRUM. Edición a cargo de César R. Espinel

 

Resultado de imagen de san isidro

San Isidro, o Isidoro, es el patrón de los agricultores de todo el mundo, y patrón de Madrid y de España junto con Santiago Apóstol. Su fiesta se celebra el 15 de Mayo, en los idus de Mayo, una fecha muy bien pensada para colocar esta festividad, siendo agricultor. La iconografía tradicional de San Isidro le representa con una casaca marrón, con un cinto grueso, una gola blanca en el cuello y lleva la pica y la quijada. Lo cual no deja de ser curioso, porque San Isidro vivió en el siglo XI, y por ese entonces la gente no llevaba gola. Entonces, ¿por qué se le representa así? Porque a San Isidro le hicieron santo en el siglo XVII. Y esto nos tiene que escamar. ¿Cómo es que a un señor que vive en el siglo XI le canonizan en el XVII? Pero si la gente se habrá olvidado ya de él… y ahí está la historia, que no se han olvidado.

La historia es que durante 600 años los cultos a San Isidro están vivos y permanecen en el tiempo, pero no es santo. Y esta es la tragedia de San Isidro para la Corona española. Existen más de 30 cartas de los distintos reyes de España (Felipe II, Felipe III…) a Roma pidiendo que por favor canonicen a San Isidro porque se les ha ido de las manos y la gente lo celebra como si fuera santo. Pero hasta el siglo XVII nada, y fue únicamente por el folclore y la devoción del pueblo. Como siempre, en realidad.
Resultado de imagen de arca de san isidro

Esta es la imagen más antigua que tenemos de San Isidro Labrador (en el extremo derecho). Está pintada sobre una piel de carnero en el siglo XIII, y por lo tanto es uno de los tesoros arqueológicos de Madrid. Esta pintura decora el Arca de las Reliquias de San Isidro, y está custodiado en la Capilla Mayor de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena. Y cuidado, porque esta pintura tiene uno de los mayores escándalos iconográficos de Madrid: Isidro está representado con aureola, símbolo de santidad, cuando no era santo en el siglo XIII. Pero lo pintan santo y lo consideran santo. Y desde ese mismo siglo XIII hay toda una liturgia, unos cánticos, unos rezos… La mujer que hay al lado de Isidro es su mujer, María Toribia, rebautizada en el siglo XIX como Santa María de la Cabeza. ¿Por qué esta veneración a un señor que ni era sacerdote ni nada, que era un hombre de Madrid, casado, de los de toda la vida? Porque hacía cosas extraordinarias.

Primeramente, el nombre. Isidro, o Isidoro, ya es un nombre extraño. Hay otro gran Isidoro en la historia de España que es el arzobispo de Sevilla, Isidoro de Sevilla. A comienzos del siglo XI, el rey Fernando de Castilla financia una expedición a Sevilla para rescatar de los moros las reliquias de las Santas Justa y Rufina y guardarlas en un nuevo templo que están construyendo en León. El rey busca sus restos pero no los encuentra, y ellas se aparecen al monarca en un sueño y le dicen que no va a encontrar sus restos, pero que a cambio va a encontrar los del arzobispo Isidoro. Y en efecto, lo encuentran y emprenden el viaje de vuelta haciendo varias paradas por el camino, entre ellas, Magerit (Madrid). Y debió ser en ese momento en el que nació Isidro, por eso le pusieron ese nombre, seguramente. Pero también es cierto que el nombre de Isidoro significa «regalo de Isis», y dedicándose a lo que se dedicaba el señor resulta un poco sospechoso.

Para empezar, Isidro vive extramuros, es decir, donde viven los moros ya expulsados de la ciudad. Él vive de niño la reconquista de Madrid en 1083, dos años antes de la reconquista de Toledo, y cuando todos los cristianos se van a vivir dentro de la muralla, su familia decide quedarse a vivir con los moros (la zona que hoy se llama Puerta de Moros (cerca de la Iglesia de San Andrés). Isidro trabaja para un señor de Madrid llamado Iván o Juan de Vargas, y es jornalero a sueldo, por lo que todas las mañanas tiene que cruzar el río por lo que hoy llamamos el Puente de Segovia para ir a trabajar. Pero según una biografía del siglo XIII, aparte de ser agricultor asalariado, tenía una destreza extraordinaria, y es que era zahorí, es decir, podía encontrar agua. Esto en Madrid no es baladí, ya que nunca ha sido una ciudad que se haya alimentado de su «gran» río (el río es una birria y pilla abajo de la ciudad, por lo que tampoco se podía estar subiendo y bajando agua birriosa de un río birrioso). Y tampoco hace falta, porque Madrid está lleno de aguas subterráneas, por lo tanto, aquí quienes van a tener interés van a ser aquellos que sean capaces de localizar dónde está el agua. Y éste es San Isidro, un zahorí. Y cuidado, porque estamos hablando de una estirpe muy importante en la historia de la humanidad, personas dotadas con una capacidad extraordinaria de hacer brotar agua en distintos lugares por sus muchos conocimientos y sus mejores aptitudes. Es decir, era San Isidro el pocero, el que encontraba los pozos.

Y será mejor que hoy lo dejemos aquí. La próxima vez hablaremos de los milagros vinculados a San Isidro…

Resultado de imagen de san isidro

Extracto de una clase de TEMPUS SACRUM impartido por Jaime Buhigas. Edición a cargo de César R. Espinel, profesor de Iniciación a la Mitología Comparada y El Pensamiento Simbólico.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del «Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal»

Resultado de imagen de árbol familiar

Vamos a aproximarnos un pasito más a la importancia de conocer nuestra historia familiar, por la valiosa información que nos aporta. La familia es nuestro primer Universo, nuestro nido, es la primera fuente del amor y del dolor. Es nuestra primera escuela de vida.

De nuestro árbol genealógico familiar se despliega toda una herencia no solamente genética, si no ideológica, emocional, sexual, material; heredamos secretos, conflictos sin resolver, deseos no realizados que asumimos como propios.

Y es aquí donde aparece el conflicto interno que toda esta herencia genera, una dicotomía que nos separa y nos fragmenta internamente con mayor o menor dramatismo: ser fiel al sistema y cumplir las expectativas que este proyecta sobre nosotros, o ¿realizar nuestros propios deseos y sueños?

A lo largo de mi práctica terapéutica me di cuenta de lo importante que era tener una información más allá del individuo ya que algunos problemas le trascienden porque hay un “destino familiar” que cumplir dentro de nuestro sistema, y es esto lo que a veces impide que podamos desarrollarnos como individuos o tener relaciones sanas con otros.

Vamos a meditar sobre algunos de los elementos que integran esta problemática, y que al mismo tiempo nos ayude a ir introduciendo conceptos de esta espectacular e infinita dimensión inconsciente.

La lealtad al sistema; la identidad que nos da la familia hace que nos sintamos seguros solo por el hecho de pertenecer al grupo. Esta identificación y sensación de pertenencia hace que nos quedemos fijados  en roles muy determinados y que cumplen una función importante para la supervivencia del grupo. ¿Pero que es lo que nos pasa fuera del grupo?

Crecemos a la sombra de nuestro árbol así que nuestro trabajo es dar luz a toda esa información que desconocemos y que viene  de nuestros ancestros, saber entender y descifrar los mensajes del árbol es como dejar de ser ciego a muchos aspectos de nuestra vida  y nuestra historia familiar. Parte de la esa información nos la proporciona conocer el mito y la función que el árbol cumple dentro del seno familiar.

El mito; se puede decir que cada familia es un mito y cada miembro funciona según ese mito que conlleva una serie de valores, creencias y normas, que pueden funcionar de manera explicita o implícita, es decir que hay una parte consciente y otra inconsciente. Conocer el mito a nivel terapéutico es muy ventajoso ya que permite trabajar las dificultades de lo personal sin ir en contra de los valores del grupo de pertenencia.

Los secretos;  forman parte de la gran mayoría de las familias, a veces están relacionados con el mito y cumple una función importante en su momento y en las  circunstancias del sistema, pero si se fijan en el tiempo lo que sucede es que se terminan alimentando fantasías relacionadas con él y esto hace que se repitan sentimientos y conductas no expresados.

Por ejemplo: en un árbol, me di cuenta de cómo los hombres no eran valorados y esto hacia que en el sistema familiar en concreto los hombres asumieran el papel de débiles o directamente el sistema los elegía así. El hecho fue que una de las abuelas (la materna) había quedado embarazada de su primera hija siendo soltera. El padre no quiso responsabilizarse y abandono a la madre e hija.  Este hecho se le oculto a la hija diciéndole que su padre había muerto. Pero el resentimiento de su madre hacia los hombres hizo que su hija viera a estos como “débiles e irresponsables”.

Esto fue lo que ella trasmitió a su hija que se casó con un hombre débil. Y la hija de estos tenía relaciones que no duraban más allá de unos meses, ella lo achacaba a la incapacidad de los hombres a responsabilizarse y comprometerse. Fue muy curioso descubrir que nadie, sobre todo las mujeres, viera esto como una dificultad en ellas. Aquí ya tenemos la realización de un mito que tuvo su  origen en el secreto de la abuela.

La reparación; empieza en el momento que el secreto se desvela y uno puede darse cuenta de que los sentimientos transferidos del sistema perpetúan el “Mito familiar” que ya no cumple otra función que la de vengar el honor de la familia haciendo débiles a los hombres y a las mujeres “fuertes”, pero también desdichadas.

Con estos breves flashes se evidencia que conocer el árbol propio, sorprende y conmueve. La persona que lo elabora siempre queda maravillada de la historia que le relata su árbol. Es como si se fuera reconstruyendo una historia compleja, un testimonio colectivo que va revelando aspectos desconocidos hasta la fecha.

Y de cómo esta nueva manera de ver a la familia, alivia y repara viejas y profundas heridas.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

Máster PRESENCIAL en Técnicas de Terapia Transpersonal

Máster ONLINE en Técnicas de Terapia Transpersonal

Herramientas Transpersonales Básicas para Profesionales

Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

por César R. Espinel, mitólogo

para más información, consultar la web:

El Pensamiento Simbólico

Imagen relacionada

En el santuario frigio de Pesinunte (hoy en día la aldea turca de Bala-Hissar, no lejos de Ankara) se veneraba desde tiempos inmemoriales a la diosa madre Kybélê-Cibeles en forma de una piedra negra caída del cielo: un meteorito sacratísimo, digno de la más alta consideración por encarnar la presencia divina procedente de las alturas. La fama de sus milagros se extendía por todo el Mediterráneo. En el 250 a.C., durante la última guerra púnica, los cartagineses seguían amenazando las tierras itálicas, y los sacerdotes consultaron los libros sibilinos para saber cómo destruir al enemigo. «Buscad a vuestra madre», fue la sibilina respuesta. ¿Qué madre? Lo aclaró el oráculo de Apolo: «Buscad a la gran madre de los dioses, que está en la cima del monte Ida». Así, en abril de 204, llegó a Italia la piedra negra de Pesinunte, y fue recibida por el hombre que el Senado consideró el más santo de los romanos: Publio Escipión Násica. El meteorito fue colocado en el templo de la Victoria, sobre el monte Palatino. Dos años después Escipión el Africano, primo de Násica, derrotaba a Aníbal en Zama (cerca de Cartago, actual Túnez). Roma estaba salvada.

Otra Piedra Negra, Al-hadjar al aswad, está empotrada en la esquina exterior suroriental de la Kaaba («dado», por su forma casi cúbica), a una altura conveniente para que los peregrinos alcancen a besarla. Su tamaño se puede juzgar por la imagen de Muhammad que la repone en la Kaaba, como hemos visto más arriba. Su aspecto sugiere un origen volcánico o, mejor, meteórico. Según la tradición islámica la piedra celeste bajó encendida del cielo con un mensaje del arcángel Jibrail (Gabriel) para Ibrahim (Abraham). La Meca, a imagen de Jerusalén, es centro de la tierra; encima de la ciudad santa resplandece la Estrella Polar, centro del cielo. Al caer, la piedra perforó el firmamento y gracias a este boquete es posible la comunicación entre la tierra y el cielo. La Piedra Negra no es una piedra más, inerte e inanimada: cayó viva y luminosa y, como sus hermanas venidas de las alturas divinas, conserva la vida y el alma traída del cielo. La piedra impregnada de esencia espiritual no es sino un arquetipo planetario más. Los hajj, peregrinos de la Meca, hacen su juramento de fidelidad poniendo su propia mano sobre la piedra o, mejor besándola. Lo mismo ocurre en la Basílica del Pilar en Zaragoza, España, donde la imagen de la advocación mariana se encuentra sobre un betilo o columna de piedra que los fieles circundan y tocan y besan por una pequeña abertura. Del mismo modo, rodea a la Piedra Negra de la Kaaba un macizo marco de plata; la cara expuesta, tan resplandeciente y tersa, evoca los millones de labios que han descansado durante un instante de arrobamiento sobre ella, a lo largo de trece siglos.

La Piedra Negra es anterior al islam: era uno de los ídolos que se veneraban en la Meca mucho antes de la predicación del Profeta. Y en el mundo actual sigue siendo objeto de muchísima veneración, un ónfalos pétreo en cuya esencia divina creen mil quinientos millones de personas. No hay piedra en todo el orbe cuya sacralidad se compare a la de la Piedra Negra.

La Kaaba es ombligo y tumba: frente a la esquina de la Piedra Negra se encuentran dos sepulturas: la de Ismael, hijo de Abraham y progenitor de los árabes, y la de su madre, Agar, la esclava egipcia.


Resultado de imagen de el inconsciente

Vamos a continuar nuestra Historia de Vida. Va a ser una de las bases de nuestro trabajo interior, sobre el que vamos a trabajar. Nos puede aclarar la causa de muchos miedos e inseguridades, así como también de dificultades para relacionarse, para ser asertivo diciendo lo que piensas y sientes, de hacer continuamente concesiones o tener actitudes rígidas o competitivas. Es aquello de: “háblame de tu infancia para que te pueda conocer”…

Os sugerimos completar vuestra historia siguiendo la secuencia en el tiempo.

Y os recomendamos dedicaros al menos 10 o 15 minutos durante la semana.

Tratad de recordar vivencias con tus padres, con la familia en general, en el colegio, en el inicio de la pubertad (alrededor de los 11 ó 12 años). La revisión de todo aquello que se  haya quedado guardado en tu memoria y en tu psiquismo, es determinante en tu trabajo interior. Bajo ningún concepto pienses que es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario: es ponerte en PRIMER LUGAR por primera vez en tu vida. Es darte la importancia que tienes dentro del Universo. Es poner las bases para encontrar el lugar que te ha sido encomendado, los primeros pasos para encontrar tu propósito vital y tu función en este mundo.

Es importante ser honesto/a y permitirte sentir exactamente aquello que fue, sin tratar de retocarlo ni suavizarlo con tu perspectiva de adulto.

No se trata de culpabilizar ni echar responsabilidades a nadie, sino de conocer nuestros sentimientos y su origen tal cual son.

Cuando termines, escríbelo en tu cuaderno dando especial importancia a las emociones y a las palabras, gestos y actos que las provocaron.

No rebusques con esfuerzo, sino sólo recoge lo que brota de forma natural en este momento.

En este ejercicio retrospectivo, pasa a tu adolescencia. Aquí las escenas seguramente toman otro cariz. Es una etapa en que cambian mucho tus actitudes con los padres y las de ellos contigo. Aparecen los primeros amores y el contacto con la sexualidad.

La forma de vida cambia y también tus necesidades.

Es común que haya enfrentamientos donde antes había acuerdo y encuentro. Atención a la reacción de los padres ante los primeros novios/as y como esto repercutió en ti. También ten en cuenta tu primer amor, el desarrollo de la relación y si te sentiste aceptado/a o rechazado/a. Todo esto puede estar activo todavía hoy. La actitud de los padres ante los estudios y la independencia en las salidas habrá influido mucho sobre tus actitudes en el trabajo y tu sentido de la responsabilidad.

Apuntalo todo en tu cuaderno. No importa el tiempo que te lleve, date el espacio que necesites, no hay prisa para alcanzar ningún objetivo. Disfruta de esta oportunidad de contacto contigo mismo/a y de tus memorias, sean las que sean.

No recrimines nada, no enjuicies nada, sólo permite que brote, que salga, que se exprese, que se manifieste como venga. ¡Cada uno es un mundo!

Habla del pasado con tu familia, crear un ambiente favorable a los recuerdos de esta etapa más reciente y también importantísima. Busca fotos de tu adolescencia, de tu pandilla o de tus novias/os de entonces. Esto te ayudará a recopilar información importante.

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

Máster PRESENCIAL en Técnicas de Terapia Transpersonal

Máster ONLINE en Técnicas de Terapia Transpersonal

Herramientas Transpersonales Básicas para Profesionales

Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

Imagen relacionada

Sin duda las grabaciones están influyendo en tu vida de una forma importante y a medida que vayamos avanzando, lo vas a ver más y más.

Tengamos en cuenta que nuestra mente tiene tal potencia, que es capaz de grabar y retener no solamente nuestras vivencias y nuestros recuerdos personales más importantes, sino también vivencias que vienen de fuentes mucho más amplias y universales. Podemos acceder a recuerdos ancestrales, no solamente de nuestros ancestros directos, sino de la historia de la humanidad y de la formación de las especies.

No sabemos realmente en que lugar está el límite de su capacidad… Cuando Jung hablaba de Inconsciente Colectivo, se estaba refiriendo a esta capacidad de percepción de otros mundos y otras dimensiones, que los místicos antiguos han investigado durante siglos. Hoy día la ciencia se está encontrando con los mismos conceptos,  pero desde un lugar completamente distinto.

Es como si dos personas hubiesen subido una montaña desde lugares opuestos y se hubiesen encontrado en la misma cima, ¡asombrados de que alguien haya conseguido llegar ahí por un camino distinto al suyo!

Es importante que tengamos en cuenta este enorme poder de nuestro inconsciente, pues solemos pasar la vida bastante ajenos a la idea de que ¡¡¡es el inconsciente el que dirige nuestra vida!!!

La información que retiene es la que va determinar nuestros gustos, qué personas nos caen bien y qué personas rechazamos, las cosas que nos atraen y también los acontecimientos y personas que son atraídos a nuestra vida. Gran parte de nuestros pensamientos más íntimos y nuestros impulsos vienen determinados por todo aquello que nuestro inconsciente retiene.

Aunque esa parte más amplia y trascendente de nuestra percepción en realidad es prioritaria, como veremos poco a poco, esto no impide que nuestro día a día esté profundamente marcado por las experiencias que hemos vivido en esta vida y con este cuerpo. Lo que hemos llamado “grabaciones emocionales”.

Por esa razón estamos montando nuestra “Historia de Vida”. Su finalidad es conocer todo aquello que es accesible a nuestra conciencia en este momento e ir neutralizando su efecto, de tal manera que puedas mirar para atrás sin sentir ninguna reacción especial. Como cuando ves una película por enésima vez: observas los hechos pero ya no saltan las emociones.

Pasa a ser mucho más interesante lo que está ocurriendo aquí y ahora, y puedes soltar viejos hábitos emocionales, viejos dolores y viejos rencores. Esta carga puedes dejarla, como quien se quita de la espalda una mochila pesada, cuyo contenido ya no tiene el menor interés para tu actual supervivencia.

Nuestro inconsciente registra todo, de una forma casi inimaginable. En estado de hipnosis y con los ojos cerrados podemos describir detalles nimios de la habitación en la que estamos, ya que nuestra mente lo percibe todo, incluidos los matices; ¡detalles que ni hemos observado de forma consciente! Pero como no tienen ningún interés para nuestra supervivencia, no lo retiene ni lo graba para posterior referencia.

Nuestro pensamiento consciente es tan importante justamente porque analiza y ordena todo este maremagno de información. Una nueva grabación puede ocurrir cuando nuestro consciente pierde fuerza por un golpe emocional o físico y deja la puerta abierta a nuevas impresiones.

Por lo tanto, el que entra en este almacén lleno de información caótica y la pone en orden es nuestro pensamiento consciente. De su fortaleza va depender la organización de todo este material, para echar fuera lo que no vale y aportar lo que está faltando.

Lo interesante es que el inconsciente, con tanto poderío, es muy dócil y se deja manejar con facilidad. Como su función es percibir y retener todo lo intenso, de la índole que sea, recoge información nueva sin resistencia.

Por lo tanto, podemos manejarle si conocemos como funciona y como se graba información relevante y necesaria para poder vivir con serenidad y ser felices. Ten en cuenta que si tu inconsciente tiene información sobre el manejo del placer y como mantenerlo, podrás disfrutar y los momentos de felicidad, las uniones amorosas y el bienestar podrán perdurar en el tiempo.

Si solo conoce el dolor, cuando ocurre algo placentero no sabe que hacer con ello, y acaba volviendo a lo que conoce, al sufrimiento. Con este mecanismo, a menudo estropeamos nuestro bienestar y nuestros momentos felices, sin saber porqué.

También se da el caso al revés: si el inconsciente almacenó solamente información placentera, cuando llega un acontecimiento doloroso no sabe qué hacer con ello, lo esconde y lo aleja, pues no sabe procesarlo. En este caso, esconde todo lo desagradable. Pero lo doloroso sigue ahí, afectando tus reacciones y emociones, aunque no lo tengas presente. Como cuando comes una comida en mal estado y tomas un analgésico: te sigue haciendo daño aunque no sientas dolor…

Toda esta información es importante para que te des cuenta de que puedes organizar tu almacén de recuerdos de muchas formas. Puedas escoger una manera que te vaya a llevar al amor, a una vida feliz, placentera y a una aceptación activa de todo aquello que te pueda traer la vida. Esta es una de las llaves de la felicidad. ¡Puedes evitar todo aquello que representa un sufrimiento inútil y repetitivo!

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster Transpersonal y Juego de la Atención. Para más información, consultar web:

Máster PRESENCIAL en Técnicas de Terapia Transpersonal

Máster ONLINE en Técnicas de Terapia Transpersonal

Herramientas Transpersonales Básicas para Profesionales

Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

para más información, consultar web:

Máster PRESENCIAL en Técnicas de Terapia Transpersonal

Máster ONLINE en Técnicas de Terapia Transpersonal

Herramientas Transpersonales Básicas para Profesionales

Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

 

Si en los anteriores posts sobre Grabaciones Emocionales (a los que puedes acceder aquí para leer el primero y aquí para el segundo) has podido localizar en ti un estado-base grabado desde tu gestación, habrás comprobado cómo esta sensación coarta toda tu libertad para sentir.

Habrás podido comprender la importancia de localizar esta parte en ti que es totalmente repetitiva y automatizada. Pero hay suerte: el inconsciente es muy, muy literal y por esto mismo, se deja manejar bastante bien.

¡Puedes meter información nueva en tu ordenador, puedes borrar información, y así remediar cualquier grabación! Va a depender de lo que quieras hacer y de tu constancia.

Como los niños son muy impresionables y no tienen formas organizadas para defenderse de las agresiones e invasiones del mundo exterior, la mayor parte de las grabaciones provienen de la infancia, de la pubertad y de la adolescencia. Tienen diferente cariz:

  1. Las de la infancia suelen ser muy ligadas al miedo y a la impotencia

Hay que recordar que un niño realmente no tiene recursos; según la familia que le ha tocado, a ella se tiene que amoldar. Además, es una etapa en la que hay que obedecer, no suele haber otra alternativa.

Puede tocarle una familia amorosa y protectora (a veces demasiado) o una familia desestructurada y conflictiva. Si los padres le explican el por qué de las cosas, el niño puede formar estructuras sólidas y crear una personalidad equilibrada. En cambio, si los padres imponen las cosas, el niño se siente incomprendido y más tarde se va a rebelar, a veces en momentos y lugares inadecuados y de forma destructiva para él. Si hay violencia en la familia, el niño siente pánico y más tarde de adulto puede llegar a comportarse igual, por mucho que lo odie.

Es importante saber que en el momento en que se activa una grabación no se para uno a razonar si es algo bueno o malo. Se funciona en automático, como el teclado de un piano: si das a una tecla concreta va a sonar siempre la misma nota. El piano no juzga si es la correcta o no.

Lo que es cierto es que el niño es como una esponja y absorbe lo que hay en el ambiente familiar. ¡Esto es ley! Lo que hay, el niño lo hace suyo.

Por esto mismo, no debes sentirte culpable si en algún momento actúas como lo hicieron en tu casa, de una forma que rechazabas. Simplemente has absorbido lo que había. Ahora, la suerte es que tomando conciencia de lo que hay y de cómo funciona la mente, ¡puedes transformarlo en aquello que realmente quieres!

Un ejemplo didáctico es el de una chica cuyo padre era muy impaciente y exigente. Ella sufría una tensión enorme y una sensación de no poder equivocarse jamás. A pesar de sus esfuerzos por evitarlo, con sus hijos repetía la misma exigencia y se impacientaba ante cualquier fallo. Sólo cuando neutralizó la grabación de infancia con su padre, pudo cambiar su actitud con los hijos.

           2. En la pubertad y la adolescencia las grabaciones suelen girar alrededor de la culpa y el poder

Es una época en la que la rebeldía es normal y hasta beneficiosa para configurar la Personalidad, el Yo personal. Pero esta etapa no suele ser comprendida por la familia, así que el adolescente se ve dividido entre seguir su camino o seguir obedeciendo. Si rompe las reglas siente su poder personal, pero al tiempo siente culpa. Si las sigue, se siente coartado.

Las reglas ya están interiorizadas y el conflicto no es solo con los padres y el entorno, también es interno. Si obedezco, mal, y si no obedezco, peor. Por ello, el rebelde suele sufrir y al tiempo sentir su triunfo. Este conflicto a veces crea hábitos destructivos que el adulto luego perpetúa, hasta darse cuenta que también esto es una grabación que puede transformar.

Las grabaciones de este período suelen girar alrededor del poder y de su pérdida. También sobre la injusticia, no sentirte comprendido, no permitirse vivir, tener trabas para lanzarte libremente a explorar el mundo, la sexualidad, el contacto con los demás.

Un ejemplo didáctico es el alumno que pasó su infancia enfrentando a su padre para defender a su madre de críticas y desvalorización, luego de adulto, no podía evitar enfrentamientos continuos en su hogar y en su trabajo. Su vida era un infierno, siempre luchando en una guerra sin cuartel. Vivía en un ring de boxeo. Al trabajar su grabación, consiguió por fin sentir paz y, lo más importante, disfrutar de la vida. Como estaba viciado en la adrenalina que produce la lucha y era adicto al subidón del enfrentamiento con otros, la paz y el disfrute era imposible.

 

por Marly Kuenerz, psicóloga clínica transpersonal, directora del Máster de Técnicas de Terapia Transpersonal

para más información, consultar web:

Máster PRESENCIAL en Técnicas de Terapia Transpersonal

Máster ONLINE en Técnicas de Terapia Transpersonal

Herramientas Transpersonales Básicas para Profesionales

Crescendum, desarrolla tu Potencial desde lo transpersonal

 

Un inmenso océano, misterioso, fascinante, insondable, con el poderío hipnótico del que guarda en sus entrañas tesoros y tragedias, precipicios inimaginables y formaciones de una belleza estremecedora, seres con mil formas caprichosas, especies conocidas y desconocidas, esa potencia vertiginosa que fascina y atemoriza… es la imagen que brota en mi mente, cuando pienso en el Gran Inconsciente. Una mezcla de fascinación y respeto, temor y admiración. Algo grande, inconmensurable, que me atrae y me asusta al tiempo…

Aunque el término «inconsciente» tiene diferentes significados, esta palabra evoca en mi mente su acepción psicológica, el término que Freud consiguió encajar en el lenguaje del hombre de la calle. Pero si preguntas a alguien sobre su significado, probablemente pondrá una cara de circunstancias, mientras escudriña su mente en busca de una definición que le cuesta encontrar… ¿cómo definir algo tan abstracto?

A mí tampoco me resulta fácil explicar algo que no tiene una forma reconocible, ni un lugar exacto de ubicación. Sólo puedo afirmar que conozco su fuerza y los efectos de esa fuerza. Creo conocer su manera de empujarme hacia adelante y crear todo aquello que necesito para la evolución del alma y de la consciencia. Una vez que constaté su existencia, mi atención quedó cada vez más atrapa y fascinada por esta fuerza abstracta, pero presente y detectable. Descubrir sus huellas y su forma particular de guiar mis actos y reacciones, pasó a ser una práctica diaria.

Es verdad que a veces me empuja hacia sentimientos o impulsos claramente destructivos, inconvenientes, rechazados por mi mente y mi ética. Pero investigando en el pasado y reconociendo las imágenes y recuerdos que se quedaron grabadas en mi mente, pude ver que respondían a experiencias que habían sido dolorosas o que habían tenido consecuencias atroces. Aquella vez en que me había atrevido a manifestarme y acabé ninguneada, incomprendida, castigada o rechazada, hizo que algo de dentro me obligara a callarme cuando yo quería hablar. Una mala experiencia amorosa que me había dolido en el fondo del alma, ahora me hacía evitar a alguien que me atraía, con quien deseaba estar. Una iniciativa del pasado que había resultado en fracaso, hacía que ahora mis pasos quedaran frenados cuando quería iniciar algo nuevo e ilusionante. Una injusticia tragada en el pasado hacía ahora que brotara de mi ser un resentimiento, una rabia o una necesidad de venganza irrefrenable.

Y todas las veces que había tragado sapos y culebras, hacía que ahora perdiera el control en el momento menos adecuado, incapaz de actuar con firmeza y cordura. Iras no deseadas que era incapaz de frenar, alimentadas por impulsos oscuros. Pulsiones que brotaban de la profundidad de mi océano interior, a veces con consecuencias nefastas para mi vida y mi relación con las personas a las que quiero y amo. Al final, remordimiento, reproches, dolor, separación…

Analizando más profundamente estos comportamientos, llegué a la conclusión de que en su esencia, ¡eran impulsos que tenían la intención de protegerme de dolores experimentados en el pasado! Actitudes que cortaban mi energía vital y mis añoranzas, pero que me protegían de correr el peligro de volver a vivir un dolor agudo insoportable, experimentado en una vivencia anterior. ¡La intención verdadera de esta fuerza que brotaba de mis entrañas más profundas y me coartaba, era protegerme! Protegerme de un sufrimiento y un dolor que habían roto mi corazón en el pasado… Un aprendizaje hecho de experiencias antiguas, que no quería repetir aquel sufrimiento. ¡Era una fuerza amiga!

Al darme cuenta de esto, empecé a recordar todas las veces en que el impulso había sido constructivo, coherente y sano. Eran muchas veces. Muchas veces me había salvado de situaciones hasta peligrosas, por una intuición que venía no sé de dónde, por un pensamiento no racional que había evitado una situación dolora y verdaderamente problemática. Decididamente, esta fuerza de origen desconocido, tan poderosa e indomable, no paraba de mostrarse y además ¡estaba a mi favor!

Intuía que era la fuerza misma de la vida, que se manifestaba así. También me di cuenta de que cuando me frenaba (para protegerme), era porque tenía datos obsoletos, que ahora ya no tenían validez, pero que fueron muy importantes en su día. Como brotaba tan de dentro y con tanta fuerza, nunca me había parado a analizar su origen y su función. Parecían venir de un lugar desconocido, pero ante un análisis tan profundo, me di cuenta de que estaban íntimamente ligados a mis experiencias de vida.

Lo entendí como la fuerza de la vida actuando a través de mí, poseyéndome. Era una fuerza beneficiosa, que me protegía y guiaba a su manera. Me di cuenta también de que podía actualizar esos datos con lo que sabía ahora, de tal manera que los impulsos que brotaran de dentro pasaran a ser siempre beneficiosos. Y si no lo eran, era porque algo todavía necesitaba ser ordenado. Era la tarea que me tocaba, personal e intransferible.

La puesta a punto iba a permitir que lo nuevo (por lo visto peligroso emocionalmente, con la información que tenía mi mente hasta ahora) pudiera ser vivido sin resistencia. En otras palabras, con un trabajo de limpieza emocional sistemática y consciente, esta enorme fuerza interna iba a ayudarme a vivir sin miedo aquello que anhelaba y necesitaba. Había sido un freno basado en el miedo, ahora podía convertirse en un acelerador y un facilitador.

Esta idea me hizo ver la vida de otra manera. La fuerza vital había pasado de enemiga o al menos, de una amiga que te puede traicionar, a una amiga de verdad. Esta enorme grandeza que veía en el mar estaba dentro de mí, ¡en mi interior! Pasé a sentirme acompañada y protegida por la vida. Algo importante cambió; podía disfrutar de lo bello y placentero y podía usar lo desagradable o doloroso como un aprendizaje útil y necesario.

También me di cuenta de que aunque este enorme poder inconsciente es amigo, hay que transitar por él con el máximo respeto, paso a paso y sin creer que estás en posesión de ninguna verdad especial. Es asequible a todos, pero el permiso para adentrarse en este ámbito poderoso es dado milímetro a milímetro, con la obligada consciencia de que eres una pequeña y humilde pieza de algo infinitamente mayor que tú, que al tiempo te necesita para completarse.

Freud hablaba del inconsciente personal, Jung del inconsciente colectivo. Me viene la metáfora de internet, ubicada como el inconsciente colectivo en un lugar intangible pero accesible desde tu ordenador, tu inconsciente personal, que al tiempo tiene también su propia programación. Y todo ello diseñado para tu evolución como ser humano, como mente y como alma.

Caí en la cuenta de que sin saberlo conscientemente, llevaba año tras año en la creación de un profundo trabajo personal de limpieza interior, de ordenación y actualización emocional basada en el gran poder de nuestra mente: la atención. El Juego de la Atención: la forma en que usamos este don.

Es la gran herramienta de la que disponemos los seres humanos. Nos permite alinear nuestro ordenador personal con el gran poder, el gran océano, que está dentro y fuera, poderoso, amigo y en permanente creación.

por César Rodríguez Espinel, mitólogo

Si hay una imagen que nos debe venir a la cabeza cuando oímos hablar de mitología, es ésta: el Mito de la Caverna, un relato que nos regala Platón en el Libro VII de su República. Éste es el mito por antonomasia y uno de los mejores ejemplos de pensamiento simbólico que podemos encontrar. Todos conocemos este relato, quien más quien menos lo recuerda de sus clases de Filosofía en el instituto. Pero debemos tener cautela con la palabra «mito». Generalmente uno ve que numerosas universidades ofrecen cursos y seminarios de mitología e iconografía que parecen aptos sólo para unos pocos alumnos de Humanidades. Y esto no deja de ser cuanto menos sorprendente, ya que todo lo que quiero decir se resume en esto: la mitología es un conjunto de relatos simbólicos. El símbolo configura un lenguaje que nos ayuda a entender el pasado, y es un lenguaje muy concreto: el poético, el metafórico. El ser humano necesita completarse, eso está más que claro, y parece que para completarnos necesitamos ese tipo de pensamiento simbólico/metafórico/poético.

El Mito de la Caverna no es sólo la teoría del conocimiento de Platón, pues en este relato el filósofo no cierra ni tampoco explica las cosas. ¿Por qué? Porque las interpretaciones de un mito (y de los símbolos que encierra) son infinitas, ya que el símbolo nos religa con algo trascendente, y lo trascendente tiene infinitas interpretaciones para cada uno. Un símbolo jamás llega a conocerse completamente, hay que convivir con él porque constantemente se actualiza y nos devuelve una información, del tipo que sea (emocional, mental, espiritual…). Si dejamos el símbolo anclado en el pasado y le impedimos evolucionar, perderá su sentido como enlace con lo trascendente.

Teniendo esto claro, podemos acceder al quid de la cuestión. Recordemos brevemente lo que nos dice el mito. Cuenta Platón que había una caverna en la que estaban unos hombres encadenados, por los tobillos y por el cuello, de espaldas a una pared. No veían la pared, sólo veían el muro de la caverna delante de ellos. Detrás de la pared (y de ellos mismos), unos hombre y mujeres pasaban llevando objetos sobre sus cabezas, y detrás de ellos les iluminaba un fuego. Ese fuego emitía una luz que iluminaba los objetos que movían esas personas sobre sus cabezas, proyectando sus sombras sobre el muro de la caverna. Los hombres encadenados piensan, lógicamente, que esas sombras son la realidad. Porque además los objetos se mueven. Y las personas que llevan los objetos hablan, por lo que los cautivos piensan que son las sombras las que hablan. Los encadenados están siempre ahí, mirando esa especie de cine todo el tiempo. Y están convencidos de que ésa es la realidad.

Pero, de repente, algo ocurre. El hecho mágico que da lugar a todas las transformaciones: uno de los hombres encadenados es de repente liberado. Uno podría pensar que qué bien, cadenas fuera, es libre por fin. Pero nada más lejos de la verdad. Aquí empiezan los problemas. Porque vivir de la otra forma es muy fácil y cómodo: quedarse sentado a ver qué sombras vienen y qué sombras se van, qué bien la vida, qué mal la vida… Pero de repente llega alguien y te dice: «no, no, no te quedes ahí sentado. Levántate y anda». Claro, entonces el hombre se levanta, da la vuelta al muro y se da cuenta de que esas sombras no son la realidad. Que se parecen mucho porque son una proyección en una pared como consecuencia del fuego. Que es luz. Y la luz se proyecta sobre los objetos y justamente lo que no deja pasar la luz configura el contorno de lo que crees que es la realidad, es decir, una ausencia de luz. Metáfora bellísima.

Pero la cosa no termina aquí, porque el hombre descubre que puede salir de la caverna. Y que el fuego no es la verdadera fuente de luz, hay una que es mucho mayor: el Sol. Y esta metáfora es posiblemente la más importante, porque hay dos fuentes del luz. Platón los distingue con el fuego y el sol. En la Biblia, el libro del Génesis 1:3 se recoge la famosa frase:

«Entonces dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.»

Sin embargo, son muchos los lectores de la Biblia que se sorprenden cuando leen versículos después (1:16) que Dios creó el Sol y la Luna. ¿Qué es esa luz que Dios crea el primer día y que separa la luz de las tinieblas cuando el día y la noche aún no han sido creados? Son los dos mismos tipos de luz que en Platón. Esa «luz primera» del Génesis es el sol de Platón, el Conocimiento único. El sol físico del Génesis se convierte en la luz intelectual, el fuego de Platón. Este fuego nos dice la «mentira», pero es necesario para acceder al Sol. Pero Platón insiste: cuidado, no le fue nada fácil al ex-cautivo salir de la caverna, porque no estaba acostumbrado a esa luz, al Conocimiento. De hecho no puede ver, así que se va colocando poco a poco a la sombra de las cosas. Un poco más adelante ve la realidad (esta vez sí) a través de su reflejo en el agua. Y poco a poco va siendo capaz de mirar directamente los árboles, las rocas o los animales hasta que es capaz de contemplar el mismísimo Sol.

Resultado de imagen de mito de la caverna

Podríamos decir que el ex-cautivo ha alcanzado la Iluminación, el Nirvana, el Conocimiento único. Vale, pero ¿y ahora qué? Esa pregunta la dejaremos para otra ocasión…